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El principio antrópico y el materialismo

La idea del principio antrópico “débil” fue formulada en 1974 por el físico Brandon Carter, para quien “Las condiciones que rigen el Universo siempre serán aquellas que permitan la vida inteligente. De no ser así, no estaríamos aquí para observarlo.

Domingo 6 de agosto | 08:00

"La vida es la medida de todas las cosas.” Sin embargo, observamos el mundo de acuerdo a nuestra forma de percepción humana. Sabemos que los animales captan otros colores, otras frecuencias o sonidos. La percepción no es absoluta, está determinada por nuestras capacidades o limitaciones. Nunca podremos percibir como un saltamontes o como un ser inteligente de un planeta aún por descubrir. Vemos el mundo no cómo es sino cómo es para nosotros, y en general, de acuerdo a nuestras necesidades prácticas. Y nuestra percepción evoluciona históricamente: no percibimos el mundo hoy de la misma manera que lo hacía el hombre del Renacimiento.

Para la versión “fuerte” del principio antrópico, el Universo está diseñado para producir necesariamente vida inteligente. Evoluciona hasta que adquiere consciencia de sí mismo. Pero esta idea considera que un finalismo rige el universo. John D. Barrow y Frank J. Tipler en El principio antrópico cosmológico escrito en 1986, alegaban que “todo lo que existe, desde las constantes energéticas concretas del electrón hasta el preciso nivel de la fuerza nuclear fuerte parece haber sido precisamente ajustado para nuestra existencia y la existencia de otros seres vivos.” Esto significa sostener que en el desarrollo existe un designio, es introducir de contrabando el pensamiento idealista y religioso en un universo donde para el tema del origen y desarrollo de la humanidad la ciencia ya ha formulado sus respuestas.

Por ejemplo Stephen Hawking sostiene: “Para la cosmología moderna, la Tierra es un planeta que gira alrededor de una estrella corriente en los suburbios exteriores de una galaxia espiral ordinaria, la cual es solamente una entre el billón de galaxias del universo observable… Pretender que toda esa vasta construcción existe simplemente para nosotros es algo muy difícil de creer”. Sorprenderse de que nuestra ubicación en el universo satisface las condiciones necesarias para la existencia….”es algo parecido a una persona rica que vive en un entorno acaudalado sin ver ninguna pobreza”(1). Sutil ironía de este notable científico que recuerda que nuestro puesto en el cosmos es mucho más modesto que el que la religión nos atribuye y que en el universo observable no hay cabida para órdenes angélicos y celestiales.

Para la cosmología moderna, la Tierra es un planeta que gira alrededor de una estrella corriente en los suburbios exteriores de una galaxia espiral ordinaria.

Por otro lado, Stephen Jay Gould afirma que: “Los seres humanos surgieron en virtud de un resultado fortuito y contingente de miles de acontecimientos trabados, cada uno de los cuales pudo haber tenido lugar de manera diferente y haber dirigido la historia hacia una senda alternativa que no hubiera conducido a la conciencia”… Considera que el ubicar a los seres humanos en la cumbre de una historia ascendente ha sido “colocar erróneamente en el centro un fenómeno menor…” La secuencia que parte de una célula eucariota, pasa por un nautiloideo, un pez, un dinosaurio, un mamífero y llega al ser humano… “no es el hilo conductor de la historia de la vida… Durante todo ese tiempo, el modo bacteriano ha crecido en altura y se ha mantenido en su posición constante. Las bacterias son los triunfadores en el relato de la vida”(2).

Son notables las formas solapadas que adoptan las fábulas creacionistas para reaparecer y tratar de introducir su ideología con un disfraz pseudocientífico. Sin embargo, es en las condiciones materiales de la existencia donde hay que buscar la base del conocimiento antes que en fraseologías sobrenaturales.

(1) Stephen Hawking, La historia del tiempo.
(2) Stephenuld, El libro de la vida .






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