Cultura

Adios a Viglietti

El por qué de la canción

Daniel Viglietti no fue un músico más de nuestro largo prontuario artístico, él buscó mostrar y criticar con su música.

Martes 31 de octubre | 22:00

¿Por qué escribir una canción? Eso es algo que siempre me cautivó desde que empecé a escuchar música y por eso capaz me interesé en aprender a tocar un instrumento.

Una vez, cuando mi empresa de TV por cable tenía Mtv, recuerdo haber escuchado una nota a Miranda. Donde apuntaban que hacían música positiva porque estaban cansados de la “música bajón” del rock convencional. Los reclamos sociales eran cosas de la modernidad y en estos tiempos posmodernos esta temática no tenía cabida en una nueva música centrada en ser marco de situaciones de alegría; algo así como la música funcional de los shopping centers.

Uno de los principales objetivos de la dictadura uruguaya - y siguiendo los planteos de Aldo Marchesi - fue el vaciamiento político-ideológico de toda expresión artística que fuera contraria al régimen. Esto generó una explosión y reposicionamiento del folklore y el canto popular en la agenda política con el año de la orientalidad. Eso sí, los que quedaban en la vereda de enfrente tenían tres opciones: cambiaban su discurso y se sumaban a la ola, se exiliaban o eran detenidos y censurados.

Algunos pensaron que con ésto se acaba la trova de protesta uruguaya bajo la suela de una bota. Pero muchos lograron saltar esos grilletes y desde el exilio convertirse en arma de rebeldía. Uno de ellos fue Daniel Viglietti.

Viglietti aprendió de dos grandes guitarristas y concertistas como fueron Atilio Rapat y Abel Carlevaro, pero enseguida se abocó al canto popular marcado por una visión radical sobre la izquierda, la situación de pobreza y represión en América latina y la posibilidad de una revolución contra el sistema de opresión.

Por esto, en 1972 fue detenido por el gobierno uruguayo y gracias al pedido de intelectuales extranjeros como Jean Paul Sartre o Julio Cortázar fue liberado y se exilió en Argentina para terminar en Francia. El exilio género que se vuelva más radical en sus letras y comenzara a denunciar en ellas la situación de explotación y miseria que generaba la dependencia de América latina con Estados Unidos y los crímenes de la dictadura.

En 1985 regresó a Uruguay, ya con el régimen al borde del final pero con sus resabios latentes. Junto con Mario Benedetti editan y realizan un recital multitudinario ya que la trova uruguaya estaba en su auge y el intento de vaciamiento de la dictadura solo había hecho que la gente pidiera más.
También escribió en el Semanario intelectual Marcha, una de las publicaciones más destacadas de la historia uruguaya.

Cabe resaltar que en los años anteriores, durante y posteriores, al exilio, fue recorriendo y recopilando música y entrevistas a varios artistas latinoamericanos formando un gran archivo llamado "memoria sonora de América Latina".

En lo personal, durante mucho tiempo nunca supe quien fue Viglietti, en mi familia se escuchaba mucho Zitarrosa y se mezclaba con Karibe con K. Sí conocía su nombre y unos temas perdidos. Hasta que ingrese al IPA, donde él fue a tocar para recibir a las nuevas generaciones. Tocó 6 o 7 temas, y se bajó con su campera de cuero y boina.

A los años lo volví a ver en una Marcha del Silencio, ya con un conocimiento mayor de quien era y qué había hecho. Pero no me animé a hablarle, solo lo saludé con la cabeza. Ahora es fácil y hasta idiota recordar eso, pero perdí la oportunidad.

Daniel Viglietti no fue un músico más de nuestro largo prontuario artístico, él buscó mostrar y criticar con su música. Se preocupó por lo que veía y no se quedó en eso, sino que usó lo que mejor sabía hacer para decirlo. No solo tomó el folklore, la música popular y el rock, sino que los usó como armas para mostrar una realidad social que marcaba a su tiempo.

Y creo que ese es el fin de la música, podemos pensar que la diversión está sobre todo, que la música debe ser un camino de salida para el mundo real, que no debe tener mensaje, pero estamos traicionando su esencia. La música como todo acto humano tiene un fin político. Nunca es neutra y siempre responde a ideales, ya sean del artista, un productor, una disquera, un sector o el público.

Quien lo niegue no se está negando a una realidad, sino que está perdiendo la oportunidad de tratar de cambiar su voz por la de otros que no pueden hacerlo. Así como lo hizo Viglietti, Víctor Jara, Mario Benedetti, Lazaroff, o aún lo hacen Silvio Rodríguez o León Gieco.

Homenajear a Daniel Viglietti es muy fácil ahora, es muy cierta la frase de Buscaglia sobre el sponsoreo de la muerte, difícil es tomar lo que hizo y buscarle sentido a hacer una canción.






Temas relacionados

Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO