Política

EL CÍRCULO ROJO

El “plan alivio” y la quiebra política del macrismo

El brusco giro del Gobierno, el manotazo de ahogado hacia las elecciones y los responsables de la debacle fueron analizados en el editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite todos los domingos de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Lunes 22 de abril | 08:47

  •  Según el diccionario, la palabra alivio significa disminución de una carga, una pena, un sufrimiento o un dolor. Cuando eligen utilizar esa definición, los referentes del Gobierno realizan una confesión: hace más de tres años que generan padecimientos inauditos a las grandes mayorías y ahora, tres meses antes de las elecciones, quieren aliviar la situación.
  •  “Precios cuidados” que no se sabe bien quien los va a cuidar, un “pacto de caballeros” para congelar los costos, donde falta algo elemental: los caballeros. Presuntas rebajas en toneladas de carne que, divididas por la población, implican apenas o un sándwich con 100 gramos para cada uno; propuestas de nuevos créditos para endeudar más a los que ya están endeudados y con ingresos que hacen imposible pagar nuevas cuotas; suspensión de los nuevos aumentos de tarifas de los servicios cuando ya los pusieron por las nubes. Sin ir más lejos, en estos días participé de un congreso y conversé con amigos de Tucumán que me comentaron que en los barrios populares de esa provincia ya se ven casas con velas para iluminarse, porque no pueden pagar la electricidad. Un paquete de dudosa credibilidad y mucho menos eficacia.
  •  Pero este vuelco, este manotazo de ahogado impulsado por las encuestas que muestran que la imagen de Macri está por el suelo, evidencia no sólo la quiebra económica, sino y sobre todo la quiebra política e ideológica del oficialismo, porque estas medidas niegan toda la narrativa que Cambiemos venía repitiendo como un mantra desde que llegaron al Gobierno. Que la libertad total del mercado, que la apertura de la economía, que el cese de los subsidios a los servicios públicos, que la lluvia de inversiones, que la inflación contenida por arte de magia, que el FMI como sociedad de beneficencia que venía a ayudarnos por pura solidaridad, que el modelo del emprendedor exitoso, que si te quedás desocupado ponete una cervecería artesanal y boberías por el estilo.
  •  Para ellos, ésta quiebra es tan sólo la derrota de un proyecto político, el fracaso de una aventura, una travesura de niños ricos quisieron jugar a la política y después volverán a sus empresas, a sus barrios privados o se irán a hacer algún posgrado en una exitosa universidad del extranjero donde explicarán que este país es irreformable y que no es apto para sus grandes ideas. Eso ya tiene planificado el diputado Nicolás Massot, por ejemplo o como ya hicieron “Juanjo” Aranguren ¿se acuerdan?, el hombre con cara de pájaro que impulsó los primeros tarifazos o “Totó” Caputo, “el Messi” de las finanzas, uno de los primeros presidentes del Banco Central, que rifó los primeros miles millones de dólares y después se lo vio muy tranquilo en alguna playa caribeña.
  •  Para ellos es una aventura; pero para las mayorías populares muchas veces implica la quiebra personal, la pérdida de una generación, la ruina de un país.

    ***

  •  Pero sería injusto responsabilizar sólo al Gobierno. Digamos todo. Este proyecto, si se le puede llamar así, tiene muchos cómplices y el macrismo tuvo ayudantes que hicieron su aporte al desastre general:
  •  La gran prensa oficialista que hizo periodismo de guerra, que mintió descaradamente, que ocultó, defendió lo indefendible y que en casos como el de Santiago Maldonado o Rafael Nahuel, escribió una de las páginas más infames del periodismo argentino.
  •  Los gobernadores de la mal llamada oposición que le dieron los votos de sus diputados o senadores para aprobar leyes como el pago a los fondos buitres o el saqueo a los jubilados, para nombrar sólo dos de más de cien leyes.
  •  La CGT, como olvidarlos, cuyos dirigentes nunca consideraron que era el momento oportuno para una medida de fuerza contundente, ni hablar de un plan de lucha y al menos tratar de frenarlos antes de que desplegasen el programa económico que nos llevó a esta situación.
  •  Los líderes de los movimientos sociales y sobre todo aquellos orientados por el Papa que se consideraron a sí mismos los más inteligentes tiempistas, negociando algunas leyes para su sector, mientras se aplicaba un plan de guerra de conjunto.
  •  Y también tienen su lugar aquellos y aquellas que tuvieron un discurso opositor, pero ahora nos quieren convencer de que con gran parte de todos estos referentes se puede construir una unidad de oposición para una “nueva mayoría” con el objetivo de ponerle parches a esta hecatombe.
  •  Quizá en este momento bisagra, de crisis sea el tiempo de poner un límite, de no resignarse a nuevos y mayores padecimientos, de no aceptar otro retroceso histórico en los derechos de las grandes mayorías. La hora en la que no aceptemos ni el “plan alivio” ni el “control de daños”; el tiempo para atreverse imaginar dar vuelta todo.







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