Política

DETRÁS DE LA SOTANA

El peronismo eclesiástico

No sólo López y De Vido son devotos de los monasterios. El peronismo del hambre y la doctrina social de la Iglesia. Gioja y Espinoza, la fracción clerical.

Virginia Gómez

@mavirginiagomez

Jueves 23 de junio de 2016 | Edición del día

Que desde, por lo menos, la derrota electoral en el ballotage, el peronismo está en crisis, no es ninguna novedad. Pero esta última semana, la virulencia del caso López les ha hecho pegar un salto.

Por el momento quedó claro que tanto López como De Vido eran visitantes asiduos del Monasterio, y posiblemente de sus bóvedas.

Pero Fernando Espinoza, aquel que perdió junto a Domínguez, a manos de Aníbal Fernández (que no reza sus mejores días), avanza dentro del PJ provincial y nacional, en su política clerical. Es que CFK cuando habló de Frente Ciudadano no puso límites, tampoco a los Obispos ni a la Iglesia.

Así como Jesús se proclamó ser “Dios en la tierra” y así lo escribieron en la Biblia los profetas; Gioja y Espinoza actúan como “Bergoglio en la Argentina”, mientras no aparezca un Moisés que le abra las aguas para poder cruzar el océano.

Así el ex intendente de La Matanza, encabeza en la Provincia de Buenos Aires y a nivel nacional, junto a Gioja, un peronismo clerical. Peronismo que adhiere a “la doctrina social de la Iglesia”, y que se esconde detrás de la sotana de Bergoglio. De allí salió la resolución sobre la nueva Secretaria de Culto y Doctrina del Partido Justicialista, que ahora la ocupa Menéndez, intendente de Merlo.

Un día después de la extremaunción, la Conferencia Episcopal Argentina recibió en su sede a la mesa de conducción del PJ. Los obispos José María Arancedo y Carlos Malfa recibieron a José Luis Gioja, a Daniel Scioli y a Lucía Corpacci. Obispos que, gracias a la Ley videlista 21.950, cobran “salarios” de $ 32.000, y son parte de la Iglesia que no paga impuesto a las ganancias entre otros beneficios impositivos.

Gioja rezó: “Le hemos ratificado a los Obispos nuestra permanente voluntad de diálogo sin resignar a nuestras convicciones”. Diálogo que es continuidad de la adhesión de los intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires al Pacto de San Antonio de Padua. Pacto, que según Verbitsky, “propone oponerse al aborto y a las nuevas formas de matrimonio y luchar contra el narcotráfico. También incluye una serie de simpáticos enunciados como combatir la pobreza, el hambre y la desnutrición, el trabajo y el abuso infantil”. Todos postulados que responden a la encíclica papal Laudato si, que tiene como norte estratégico reeditar el fallido Pacto del Bicentenario, esta vez con Bergoglio en el Vaticano, congregando a empresarios y burócratas sindicales.

La crisis que abrió el caso López mancha al kirchnerismo, al peronismo y al régimen de la patria contratista que contiene a los que gobiernan y aplican el ajuste. Cómo se desarrollen los cuentos de la cripta dirá si los planes estratégicos de Bergoglio son aún viables o empiezan a enterrarse. Pero, por lo pronto, con el ala del kirchnerismo en crisis, el peronismo se hace más peronista y vuelve, como le alerta La Nación a Macri, a la idea de nación católica, que es parte del ethos peronista. La lucha por la separación política, cultural y económica de la Iglesia del Estado ataca al régimen político y también, por qué no, al peronismo que lo sostiene. Luche, que no vuelven.







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