Política

OPINIÓN

El pantano de Macri y la estrategia peronista

La encrucijada de Cambiemos y las dificultades de un plan económico estancado. El peronismo y su clásico rol de partido del orden y de la contención.

Fernando Rosso

@RossoFer

Miércoles 31 de agosto de 2016 | Edición del día

El plan económico del Gobierno sigue empantanado y la coyuntura se agravó luego del fallo de la Corte Suprema que frenó parcialmente el tarifazo al gas. La empecinada tiranía del tiempo corre contra Cambiemos y lo dejó ante una paradoja: a ocho meses de gestión no pudo avanzar en uno de los pilares de su proyecto y se acerca vertiginosamente un año electoral clave.

El oficialismo pretende salir del entuerto de las tarifas con propuestas de aumentos más moderados para llevar a la audiencia pública convocada para el 16 de septiembre por imposición de los jueces. La derrota política de la resolución adversa -manifestación deformada de una oposición social extendida-, obligó a la prudencia en uno de los objetivos más importantes del macrismo: bajar el déficit fiscal.

Además, la incertidumbre del laberinto tarifario enturbia el escenario para las prometidas inversiones: sin certezas en torno a cuál será el precio de la energía, la famosa “lluvia de inversiones” puede no llegar ni a garúa.

La Corte también tiene en sus manos una resolución sobre el caso de la suspensión del aumento de la luz en la provincia de Buenos Aires, aunque su resolución puede extenderse a todo el país. Y las cámaras de medianas o pequeñas empresas ya presentaron sus amparos para aprovechar la hendija que dejó abierta la sentencia de los supremos y lograr detener también los aumentos en las industrias o comercios.

La actividad económica sigue en caída: descendió 4,3 % interanual en junio, el registro más bajo desde agosto de 2014. La desocupación dio un salto al 9,3 % en el segundo trimestre según el nuevo Indec. Para la Dirección de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos, en el segundo trimestre de este año, el desempleo porteño fue del 10,5 %. El dato difiere de la medición del Indec que -para el mismo período- informó que la tasa de desempleo en la Ciudad era del 8,5 %.

Retrocedió la producción industrial, la construcción, la fabricación de acero, cemento y de hierro. Hasta el financiamiento con tarjetas de crédito cayó un 1 %, luego de dos años seguidos de indicadores positivos.

De allí habrá venido el curioso impulso dirigista del Gobierno que abrió una investigación por posible “abuso de posición dominante” contra la empresa Prisma, propietaria del sistema Visa. Medidas como ésta o la denominada "Ley de Góndolas" que estudia el Gobierno y que establece que los grandes supermercados deberán ofrecer productos de pequeñas y medianas empresas y del interior del país en al menos el 20 % del total de sus instalaciones, podrían generar la envidia de Axel Kicillof o de Guillermo Moreno. Las “góndolas equitativas” amenazan con tener los mismos resultados que los “precios cuidados”: imperceptibles.

Ver más en Panorama Económico: "Macrismo versus ’mercado’, ¿un inédito combate hacia las elecciones?"

El empantanamiento del “modelo” de Macri provoca un pragmatismo que va de la aplicación de parches típicos de un “kirchnerismo culposo” al envío de mensajes a los inversores para mostrar que sus objetivos estratégicos siguen firmes:

El Gobierno tiene en gateras un Decreto de Necesidad y Urgencia para limitar juicios por accidentes laborales contra las empresas y Aseguradoras de Riesgos de Trabajo. Quieren terminar con lo que llaman la “industria del juicio”, en realidad significa limitar el derecho de los trabajadores a reclamar cuando sufren accidentes. El riesgo más barato para la vida del trabajador da mayor "seguridad jurídica" a la ganancia empresaria.

Macri también convocó a un “mini Davos” criollo para el 12 de septiembre en el Centro Cultural Kirchner en el que espera juntar hasta un millar de empresarios del mundo con supuesto interés en invertir en país. Y viaja a China en medio de protestas de la Unión Industrial Argentina por el peligro de una presunta invasión de productos del gigante asiático, a partir del proyecto de apertura indiscriminada de la economía que está en el alma del programa de Cambiemos, que no es lo mismo que trasladarlo al cuerpo de la realidad argentina.

El ministro de Hacienda, Alfonso de Prat-Gay, salió apresurado a festejar la única “buena” noticia que puede mostrar el oficialismo: la baja de la inflación que en agosto sería menor al 1 %.

"La inflación ya no es un tema", afirmó enfático el funcionario. El titular del Banco Central, Federico Sturzenegger le respondió al otro día y advirtió que “un proceso de desinflación persistente necesita de varios meses para consolidarse como tal”.

Otro que refutó las declaraciones del ministro de Hacienda fue el economista en jefe de la consultora Elypsis, Gabriel Zelpo: la inflación "no es un tema que esté solucionado”, afirmó. “Para agosto sí se van a cumplir las expectativas de Prat Gay, después no”, expresó tajante en diálogo con FM Futurock.

La consultora Elypsis es presidida por el economista Eduardo Levy Yeyati, que fue convocado como un nuevo narrador del PRO, encargado de pulir su relato. Por ahora, al único que están puliendo es a Prat-Gay. Eso sí, todos confirmaron off the record que siguen siendo un equipo.

Varios estudios de opinión reafirman la caída de la imagen del Gobierno con especial acento en el neurálgico conurbano bonaerense, producto del malestar por el ajuste. Los movimientos de Macri lo confirman: participó de un acto, junto a María Eugenia Vidal, en una fábrica en Virrey del Pino en el partido de La Matanza, donde hizo demagogia territorialista sobre el país que no termina en la General Paz. Sin embargo, no pudo aguantar el síndrome de “frepasismo rabioso” que parece afectar a todos los gobernantes que visitan La Matanza: en un acto de cristinismo explícito, atacó a los sindicatos en general y a los docentes en particular. Déjàvu nacional y popular en la era del cambio. En este terreno, las y los docentes no sufren discriminación: son agredidos parejo por todos los ocupantes del sillón de Rivadavia.

Para cambiar la agenda ante la falta de resultados económicos, Macri le soltó el bozal a Elisa Carrió y respaldó a la diputada luego de un almuerzo íntimo para que presente un proyecto para derogar la Agencia Federal de Inteligencia, a días de que se aprobaran los pliegos de los cuestionados jefes que propuso el mismo Gobierno para la cueva de los espías. Todo indica que la medida tendrá los mismos efectos que la “disolución” de la ex-SIDE por parte de Cristina Fernández. Las disoluciones pasan y los servicios de inteligencia quedan. Como parte del mismo intento de zapping forzado de la fracasada economía hacia la agenda institucional, el presidente anunció un nuevo plan para combatir el narcotráfico, eufemismo que se usa urbi et orbi para fortalecer el poder represivo del Estado cuyas fuerzas de seguridad están atadas por uno y mil lazos al poder narco y hasta lo organizan.

Gobernabilidad consensuada y “guerra de desgaste”

La muestra patente del momento complicado que atraviesa el Gobierno está en su intento de profundizar la gobernabilidad consensuada.

Del otro lado de la “grieta”, desde que comenzó la administración de Cambiemos estuvo colmado de voluntarios apurados por ir en auxilio del vencedor. El peronismo y la burocracia sindical fueron y son los garantes de la gobernabilidad de Macri y su ajuste. Con los tarifazos, hasta Ricardo Lorenzetti los corrió por izquierda.

Dos días después de la unificación de la CGT, Hugo Moyano tuvo una reunión a solas con Macri en Olivos. Según el periodista Nicolás Balinotti, el Gobierno filtró información de la cumbre “en dosis homeopáticas”. Hablaron de la gobernabilidad a cambio de algunas reuniones en las que se reciba a los “nuevos” muchachos.

También aportaron a la buena sintonía, los cheques liberados para el pago de un tercio de los primeros $ 3.000 millones que el Gobierno prometió devolver para la caja de las obras sociales. Esto garantiza la pax impuesta a los trabajadores por parte de los dirigentes de los gremios estratégicos.

En ese contexto, las distintas fracciones del peronismo juegan a una ruidosa pero inofensiva “guerra de desgaste”, con el objetivo de posicionarse en la oposición para volver al poder, cuando la gran interna que representarán las elecciones del 2017 definan el nuevo liderazgo.

En esta estrategia están todos: los “renovadores” por adentro o por afuera del PJ (Juan Manuel Urtubey y Diego Bossio o Sergio Massa), hasta el reducido kirchnerismo “puro”.

Con este objetivo politizan al servicio de su política las controladas movilizaciones sociales o de trabajadores.

En el último periodo hubo tres ejemplos: la marcha del 7 de agosto de los movimientos sociales apadrinados por la Iglesia y parte del peronismo (el Movimiento Evita orbita entre los renovadores internos o externos); la llamada Marcha de la Resistencia del pasado sábado 27 de agosto que usufructuó un nombre de una movilización histórica de los organismos de DD.HH. para un escuálido acto de la facción kirchnerista que fue cerrado por Máximo Kirchner; o la nueva Marcha Federal con un claro programa y contenido a favor de cualquiera de los peronismos y su fantasmal “burguesía nacional”.

Más allá de la gravitación que termine teniendo Cristina Fernández dentro de su movimiento, la subordinación de las movilizaciones sociales u obreras, en el marco de una tregua de los principales sindicatos, termina favoreciendo a la estrategia de Frente Ciudadano o la nueva mayoría.

Dejan pasar el grueso del ajuste y se juegan al desgaste con una resistencia mediada por sus objetivos políticos. La táctica está sometida a la estrategia, los medios se subordinan a los fines.

Entre las diferentes fracciones que están en un empate catastrófico en el peronismo, hay una división del trabajo para una tarea doble: desgastar diplomáticamente a Macri -garantizando la gobernabilidad- y jugar cada uno para su facción en la interna.

En la oposición, el peronismo sigue jugando su rol histórico: partido del orden y de la contención. Ahora con roles invertidos, garantiza la contención para preparar un “nuevo orden” y se postula como mejor administrador del ajuste, si fracasa la aventura CEOcrática.

Clarificar el escenario de conjunto y las estrategias de cada uno es útil para preparar una alternativa que supere este círculo vicioso y se proponga derrotar a Macri sin ser funcional a quienes se presentan como ajustadores con rostro humano, mientras comparten la esencia del programa del Gobierno al que sostienen con profunda conciencia de clase.




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