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“El país está a la deriva”, dice el jefe del Ejército brasileño

En una entrevista con la revista Valor, el comandante del Ejército habla duramente sobre la situación actual gobierno del Temer. Qué otras cosas dijo, quien fuera designado por Dilma Rousseff.

Viernes 17 de febrero de 2017 | Edición del día

El Comandante del Ejército de Brasil tocó casi todos los temas que están en el candelero de la política de ese país. Enmarcadas por la fuerte crisis política que tuvo el golpe institucional a Dilma Rousseff como punto álgido, pero que no detuvo su devenir, las declaraciones del jefe del Ejército abarcan: desde la política securitaria y militarización de las calles, a la operación judicial Lava-Jato, pasando por el reclamo de sectores de ultraderecha que piden una intervención militar.

Las declaraciones también se dan en el marco del motín policial del estado de Espírito Santo, un movimiento que rechaza que la reforma previsional que quiere imponer el gobierno brasilero alcance a las fuerzas de seguridad.

Junto con este motín policial, continúa la enorme crisis del sistema carcelario, el fuerte discurso securitario por parte del gobierno y los medios de comunicación y la militarización de las calles de Río de Janeiro.

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Que el Ejército patrulle las calles, pero no tanto

El jefe del Ejército, Villas Bôas, consideró que la política de emplear las fuerzas armadas para apuntalar a la policía, como parte de la política “securitaria”, debía ser una medida limitada en el tiempo.

Para el Comandante, los efectivos del ejército no estarían judicialmente cubiertos frente a una “reacción” contra ellos: “al no exigir que se adopte el Estado de Defensa y el Estado de Sitio, la ley no nos proporciona la protección jurídica necesaria. No queremos que el uso de Fuerzas Armadas interfiera en la vida del país. Pero sufrimos desgaste y riesgo enormes. Si fuéramos atacados y reaccionamos, eso siempre será un crimen doloso y seremos juzgados por el tribunal del juri”.

Villas Bôas hace esta declaración en tono de reclamo en referencia a la utilización del Ejército en las favelas, donde la criminalización de la pobreza y el racismo son el eje de la política del Estado. Pero también lo dice en el marco de la militarización de las calles en Rio de Janeiro, donde empleados públicos y la población trabajadora enfrentan el duro ajuste impulsado por el gobernador y el presidente Temer en forma mancomunada.

El plan de privatización de la empresa estadual de aguas y cloacas (CEDAE) viene siendo resistida y duramente reprimida por el gobierno. Villas Bôas parece querer anticipar que la utilización, de los efectivos del Ejército apostados en Río de Janeiro, para reprimir las protestas no sería de su agrado ya que al no haber “estado de sitio” la ley no les proporciona “protección jurídica” para hacerlo.

¿Golpe militar? Todavía no

Una de las frases más impactantes de Villas Bôas se refiere al reclamo de intervención militar por parte de sectores minoritarios de ultraderecha. El Comandante dice “A nuestro entender, y tal vez esta sea la diferencia en relación a 1964, es que el país tiene instituciones funcionando”. De esta manera, justifica el golpe militar perpetrado contra el presidente João Goulart en la década del 60, y deja planteado el argumento que justificaría la intervención militar para la interrupción del orden democrático.

El actual jefe del Ejército fue designado por Dilma Rousseff en los primeros días de su segundo mandato, cuando cambió la comandancia de las tres fuerzas designadas por el expresidente Lula en 2007.

En la extensa entrevista Villas Bôas aprovecha para hacer una reivindicación de los años en que Brasil fue gobernado por una dictadura militar, al asegurar que “durante los 70 y los 80, el país tenía una identidad fuerte, sentido de proyecto e ideología de desarrollo, Ahora perdió todo eso”. Para el comandante actualmente el país estaría “a la deriva” y considera “preocupante” el desarrollo de fenómenos populistas, a tono con los que surgen en el mundo, de cara a las elecciones presidenciales de 2018.

También responde sobre la operación judicial Lava-Jato, que investiga los entramados de corrupción en Petrobras y cuya profundización divide al poder político y judicial. Villas Bôas se define favorable a una "Lava-Jato hasta el final". "La Lava-Jato es la esperanza de que se produzca en el país cambio en ese aspecto ético que está alcanzando nuestro núcleo, que relativiza y deteriora nuestros valores. De ahí la importancia de ese protagonismo que están teniendo la Justicia y la Fiscalía. Ese proceso es fundamental para la continuidad del país. Y ahí Ud. me pregunta: qué puede pasar si la Lava-Jato alcanzara a todos indiscriminadamente? Que así sea. Ese el el precio que hay que pagar".

Finalmente y en un claro sentido de reclamo, defiende la exclusión de las fuerzas represivas de la reforma previsional impulsada por el golpista Temer.

Las declaraciones, del jefe del Ejército están lejos de ser casuales y muestran el “sentir” de sectores de las cúpulas militares ante la difícil situación social y económica que se venía profundizando desde el final del gobierno de Dilma Rousseff y pegó un salto con el gobierno del golpista Temer.







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