Política Chile

PRIMARIAS

El oscuro laberinto de Chile Vamos: hegemonía y fractura en la derecha

Primarias complicadas para Chile Vamos y Sebastián Piñera. Demostración de fuerzas y hegemonía. Fracturas y revueltas.

Pablo Torres

Director La Izquierda Diario Chile

Domingo 2 de julio

Las primarias del día de hoy serán una demostración de fuerzas de Chile Vamos y del Frente Amplio (FA). De la derecha, que aspira a superar los 808.000 votantes de las primarias del 2013. Del FA será la primera vez, pero espera movilizar al menos unas 400.000 personas.

Debilitado el gobierno y fracturada la Nueva Mayoría entre Guillier y Goic, por derecha la oposición empresarial de Chile Vamos ha venido planificando su vuelta para capitalizar la descomposición de la centro-izquierda, mientras que por la izquierda emerge el FA como nuevo fenómeno que abre ilusiones en amplias franjas de masas.

Sin embargo, en la derecha, el ex presidente Piñera, capitán de esa nave, logró articular las fuerzas de la derecha en Chile Vamos tras la UDI, RN y ese partido satélite que es el PRI. Con ello, y una primaria donde fácilmente derrotaría a sus contendores (Ossandón y Kast) tenía o creyó que tenía, asegurada esa hegemonía para recuperar el gobierno. Y en parte era verdad: se ganó a la UDI y a RN, y cuadró con ello el 99% de sus bancas parlamentarias, así como alcaldes y concejales. Hoy, Chile Vamos es la candidatura de Sebastián Piñera, que buscaba una coalición “estable” para una vuelta a un gobierno más duro, de ataques y golpes económicos y sociales contra la clase trabajadora, para “reactivar” la economía.

No obstante, esa hegemonía se ha ido fracturando rápidamente, expresión que en la base de la estructura tradicional de la derecha hay rupturas y resquebrajamientos, que han debilitado de forma consistente los viejos aparatos y mellado en cualquier estable “gobernabilidad” a futuro. Media entre ellos los múltiples casos de corrupción y mantos de impunidad de los últimos años. La UDI y RN con imputados, pérdida de votos y cuestionados, vieron aparecer experimentos político-electorales.

Ossandón, saliendo de RN, y Evópoli después con Kast, desafiaron a Piñera “desde dentro”; y “desde fuera” compite el ultra-derechista exUDI José Antonio Kast, que parece querer rearticular a la vieja “familia militar” (el “partido militar”). El centro-derecha liberal de Ciudadanos, del ex ministro de Hacienda del primer gobierno de Bachelet, Andrés Velasco, juega también en la futura relación de fuerzas de la centro-derecha.

Ossandón, como los otros, no son puros locos sueltos, aunque tengan algo de eso. Son la expresión distorsionada de una crisis mayor de la centro-derecha, de una fragmentación y reorganización completa del sistema político (cuestionado ampliamente); una situación que amenaza su propia “gobernabilidad” interna para tener algo de estabilidad para gobernar en un momento mucho más complicado políticamente, con un próximo gobierno que no será ninguna mayoría.

Ossandón es el fenómeno (o aberración) más elocuente. Poderoso en una de las comunas más populares y pobres del país –Puente Alto- explota la demagogia contra empresarios y políticos (Piñera) en un agudo culto a la ignorancia y el atraso; un cierto “proteccionismo” estatal hacia empresarios medios, pequeños y sectores populares disparando contra el “modelo”; y un conservadurismo montano de machismo y misoginia contra las mujeres, muy parecido a Donald Trump (al que también está imitando Piñera).

Esa aberración llamada Ossandón no es cualquier cosa, es una revuelta en la propia derecha. En un sentido, refleja a su modo, a los “perdedores del neoliberalismo” chileno enfurecidos por ultra-derecha, a quienes el goteo del modelo neoliberal y librecambista de Piñera y el capital financiero no llega.

Lo que expresa esta situación y claramente el guerrerista debate de estos candidatos refleja una fractura, un quiebre en su base, expresado por arriba. Es la misma crisis de la Nueva Mayoría, pero en otro sentido. Es la crisis de las viejas coaliciones incapaces de retornar a una estabilidad duradera (de no mediar un gran cambio en la relación de fuerzas más general) porque está cuestionado el modelo económico y el sistema político.

Algunas voces se han preguntado esta semana incluso, ¿y si pierde Piñera y gana Ossandón? Aunque es lo menos probable, no sería absolutamente sorprendente, sino quizá la expresión radical de un estado de situación (En Estados Unidos lo que fue Trump, o en su momento en menor escala, el Tea Party), hoy indefinida, que aún ganando Piñera puede ser un gran factor debilitándolo hacia noviembre.

Esta disputa interna en la propia derecha está mostrando el agotamiento del “modelo”, que para revivirlo con un gobierno neoliberal de ajustes económico-sociales como es la intención de Piñera y todo el establishment de la derecha y del capital hegemónico (más parecido a Macri en Argentina o Temer en Brasil), será más difícil de llegar con una votación importante de Ossandón que carcoma su base, y de llegar al gobierno, más inestable y convulsivo, con mayor grado de fractura para enfrentar la principal resistencia a sus objetivos: “las calles”, aquellas que ingresaron el 2011, actualmente retiradas, pero que no observará cómo el intento de vuelta de un neoliberalismo recargado pasa sobre sus espaldas, y una mayoría de la población trabajadora que ve con rechazo la figura de Piñera.






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