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El orgullo de luchar contra Thatcher

Fue en 1984, cuando activistas LGTBI se sumaron a la gran batalla del movimiento obrero británico. La unidad con los mineros hizo que la marcha del orgullo de ese año fuera una de la más grande de todos los tiempos.

Tomás Máscolo

@PibeTiger

Domingo 27 de noviembre | Edición del día

A la historia no hay que desempolvarla, hay que sacar lecciones y recordarla con orgullo. Fue la película “Pride”, que se estrenó en marzo del año pasado, que hizo conocer esta histórica confluencia entre gays, lesbianas, mineros y sus familias a una escala más masiva. La huelga del Sindicato Nacional de Mineros de Gran Bretaña contra los cierres de las minas fue una de las más importantes durante la segunda mitad del siglo XX.

Enemigos comunes: la policía y el Gobierno

LGSM (siglas en inglés de Lesbianas y Gays Apoyan a los Mineros) fue un grupo de activistas homosexuales que se vieron con la necesidad de recaudar fondos en apoyo a los mineros que en marzo de 1984 declararon una huelga indefinida por los cierres de las minas bajo las ordenes de Margaret Tatcher.

Fue una de las más importante en Gran Bretaña desde la huelga general de 1926. La militancia de base de los delegados de fábrica, que confrontaba en muchas de sus líneas con las dirigencias sindicales, había engendrado importantes luchas.

La huelga minera de 1972 era una de las experiencias más cercanas en el tiempo. Pero sin lugar a dudas fue la huelga de 1974, que obligó al gobierno conservador de Edward Heath a dimitir, la que hirió el orgullo de la clase dominante y de los tories que durante años buscaron su "revancha histórica" contra los mineros.

Pero los ataques no venían únicamente de gobiernos conservadores, también las gestiones laboristas intentaron atacar a esta importante militancia obrera. En 1978, un futuro ministro elaboró un plan para la confrontación con ellos, que incluía el aumento de los stocks y las importaciones de carbón, adjudicar el transporte a empresas sin representación sindical, adaptar las centrales energéticas para que pudieran usar petróleo, el recorte de las prestaciones sociales a los huelguistas y la creación de una fuerza policial nacional.

Es decir la derrota de los mineros era un proyecto que la burguesía, sobre todo inglesa, venía macerando desde hacía algunas décadas. A tal punto que para Thatcher los mineros llegaron a constituirse como el “enemy within”, los enemigos internos de uno de los principales proyectos de reconversión neoliberal a escala mundial.

La contienda finalmente llegó en 1984. Luego de consolidar su frente interno en el Partido Conservador, de atacar y derrotar la lucha de otros sectores del movimiento obrero y de embarcar tras la “unidad nacional” a Gran Bretaña en la Guerra de Malvinas, Thatcher se decidió a emprender contra los mineros, apostando a una pelea de desgaste con el Sindicato Nacional Minero.

El conflicto fue duro y prolongado y el gobierno dispuso de todo su arsenal. Pronto el paisaje de las comunidades mineras se llenó de policías y fuerzas de seguridad. Los mineros organizaron piquetes que lograron que en la primer semana de huelga funcionen con normalidad 29 de las 83 minas distribuidas por todo el país.

Sin el apoyo de la TUC (la confederación de todos los sindicatos británicos) y del Partido Laborista los mineros lanzaron una campaña de solidaridad que logró recolectar miles de libras para que la huelga que no quebrase por hambre, esta campaña estuvo organizada también por las madres, esposas, hijas, novias y compañeras de los mineros. 9.778 mineros fueron arrestados -casi 1 de cada 10 huelguista- y los fondos del sindicato embargados.

La pelea de los mineros fue dura, pero sostenida por una tenaz resistencia de más de un año en huelga. La solidaridad que concitó fue múltiple. La propuesta de unidad de la diversidad sexual con los mineros fue idea de Marck Ashton y Mike Jackson, ya que las acciones represivas que sufrían las personas LGTBI eran las mismas que estaban sufriendo los mineros.

El ataque del gobierno neoliberal de Thatcher no sólo se daba contra las conquistas sociales y materiales. Junto a eso vino una ofensiva ideológica que realzó el individualismo y reforzó una moral conservadora de buenas costumbres. El thatcherismo coincide con la aparición del VIH/Sida y las campañas homofóbicas que pesaron sobre los años de la “peste rosa”.

Años más tarde Thatcher introduciría la enmienda 28 en el Local Goverment Act que instaba a las autoridades a que “no deben promocionar intencionadamente la homosexualidad, publicar material con la intención de promocionar la homosexualidad” o “promocionar la enseñanza de la aceptabilidad de la homosexualidad como una supuesta relación familiar en cualquier escuela subvencionada”.

Sobre este telón de fondo se desarrolló una experiencia, pequeña en relación a la magnitud de la huelga, pero histórica que reunió por primera vez a un sector del movimiento obrero de las comunidades mineras galesas y a un puñado de activistas gays y lesbianas de Londres y otras ciudades que decidieron no quedarse al margen de una de las luchas más importantes de la Gran Bretaña de posguerra.

Luchar por la misma causa

Los medios de comunicación jugaron un papel reaccionario en aquella época. Margaret Thatcher, intentaba desprestigiar la lucha de los mineros y acusaba de pervertidos a las personas que tenían una identidad o sexualidad distinta a la heteronorma.

En ese entonces la represión de los grupos neonazis se acrecentará en Londres, emprendiendo numerosos ataques contra la librería Gays the World y algunos de sus miembros.

“Más del 80% de lo que aparece en la película son hechos reales”, ha explicado su guionista Stephen Beresford. Por ejemplo, el gran concierto de “Pervertidos y mineros” organizado por el grupo LGSM, que se adueñó de los insultos recibidos por una parte de la prensa para recaudar fondos en favor de los mineros. Gracias a esa publicidad, aunque negativa por la intolerancia –es decir por la negativa- lograron que el concierto fuera un éxito.

Participó el cantante Jimmie Sommerville, del grupo gay Bronski Beat, quien en la película interpreta el tema Why, al igual que hizo en 1984 en aquel concierto para recaudar fondos en la sala Electric Ballroom.

A su vez, los primeros fondos para apoyar a los mineros en huelga fueron, también recogidos durante la marcha del orgullo gay de Londres en 1984.

La realidad superando a la ficción

Dai Donovan, el líder del grupo de mineros en huelga de aquella localidad, y Siam James, esposa de uno de los mineros que llegó a ser diputada en el Parlamento británico, luego de la experiencia compartida y quienes participaron en la promoción de la película fueron personajes reales. También es un personaje real Hefina, la presidenta del comité de la localidad galesa, ella falleció el primer día que empezó a filmarse.

El Orgullo, hoy

El contexto de la huelga minera era sumamente defensivo. No solo para un sector del movimiento obrero con tanta tradición. La cruzada thatcherista también alcanzó a la comunidad homosexual. Estos son los años en que Juan Pablo II lanzaba su cruzada contra el libertinaje y la desviación moral que el Vaticano utilizó para atacar a los homosexuales portadores del VIH.

En esta circunstancias un puñado de gays y lesbianas de las principales ciudades de Gran Bretaña encuentran en los mineros y en las familias un aliado al que había que apoyar contra la ofensiva patronal contra las organizaciones del movimiento obrero. El enemigo era el mismo: la policía que hostigaba a los gays en sus ámbitos de sociabilización y que reprimía a los mineros en los piquetes. El gobierno conservador que apostaba a reconfigurar radicalmente la sociedad británica.

De esta manera se selló una alianza y una comunidad potente. Tal es así que la Marcha del Orgullo de Londres de 1985 es encabezado por el NUM (National United Miners) de Galés. Y la experiencia es más radicalidad en la medida de que LGSM son parte de un activismo que no adscribía a la embrionaria tendencia del movimiento LGTB que comenzaba a centrar sus estrategias en el reconocimiento y la integración al Estado, que se aglutinaba en torno a las ONG o en las políticas de la identidad.




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