Política

PANORAMA POLÍTICO

El “orden conservador” poskirchnerista y la estrategia de la izquierda

Una campaña electoral sin grandes novedades. Aceleración de las tensiones económicas y sociales. La Iglesia y la Justicia como factores de “orden”. La izquierda y sus opciones estratégicas.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Sábado 26 de septiembre de 2015 | Edición del día

Foto: Infobae - Nicolás Stulberg

Falta apenas un mes para las elecciones generales. La gran mayoría de los sondeos ubican a Scioli a las puertas del triunfo en primera vuelta, aunque aún no tiene asegurado la victoria. De allí que intente ampliar su base, como lo evidenció el lunes pasado en el Teatro Ópera buscando conformar a propios y extraños.

En la oposición patronal, Macri suma un nuevo escándalo sobre negociados con la pauta publicitaria estatal. Otro golpe en la línea de flotación de un “republicanismo” embanderado en la lucha contra la corrupción.

Esos negociados vuelven a mostrar la impunidad de una casta política millonaria que usufructúa el Estado al servicio de sus intereses y del empresariado amigo. La corrupción, lejos de ser una suerte de “pecado peronista”, aparece como causa común a todo el arco político patronal, demostrándose un mecanismo inherente al capitalismo.

Massa parece sostener su caudal de las PASO, basado en demagogia populista y un discurso reaccionario de “mano dura”. El relato massista contra la “inseguridad” deja de lado que gran crimen y narcotráfico se vinculan estrechamente a las fuerzas represivas.

En el final del ciclo kirchnerista, el tan reivindicado “retorno de la política” conjuga fraude, corrupción y la centralidad de figuras nacidas bajo la férula del viejo menemismo.

Un futuro peronista en disputa

Scioli presidente, contra su propio “relato” no garantiza un escenario de “previsibilidad”. La crisis internacional, las tensiones de la economía local y el relativamente magro porcentaje lograría en su posible triunfo electoral lo condicionarán.

La perspectiva de un “doble comando” en el peronismo se acelera. Las tensiones dentro del “proyecto” emergen a cada momento. La “unidad en la diversidad” –como escribió Horacio Verbitsky- serán parte de la escena nacional.

El kirchnerismo, después de haber elevado a Scioli a jefe del poder político nacional, entrará en disputa con él. Massa se proponer intervenir en ese teatro. Si logra acercarse al 20% en octubre, podría convertirse en un tercer actor en la disputa.

La burguesía y Scioli

Los datos de la economía internacional y las contradicciones de la estructura económica nacional empujan, cada vez más, en la perspectiva del ajuste. Las patronales exigen medidas “de fondo” en pos de la “competividad” y la “productividad”.

En ese marco, pareciera que un sector importante ya ha definido que su candidato es Daniel Scioli. No se trataría, por ahora, de apoyo abierto sino de uno solapado y condicionado. Según señala este viernes Alejandro Bercovich “las diferencias entre el candidato oficialista y su mentora emergen cada vez más nítidas para el establishment, acá y en Wall Street”.

La presencia de Buzzi en el acto de Scioli evidencia el respaldo de un sector de las patronales del campo. Podría no ser el único. Gustavo Grobocopatel, magnate de la soja, esbozó esta semana un discurso que se toca con el del gobierno nacional. “No hay capitalismo sin Estado y los empresarios tenemos que ayudar a construir un estado moderno” disparó.

Adrián Kaufmann, nuevo presidente de la UIA, dijo en su asunción que “el único diálogo posible se enmarca sobre la base de reconocer tanto los logros de los años de expansión industrial como también no negar los problemas”. Algo que podría ser traducido como “continuidad y cambio”, al estilo Scioli.

Los pilares del orden poskirchnerista

La burocracia sindical debate unificarse en pos de convertirse en garante de la “paz social”. Lejos de defender los intereses de los trabajadores que empiezan a sufrir el ajuste, se ofrece para evitar que estos no salgan a luchar. Junto a gobernadores e intendentes, son parte del "poder real" que sustenta al peronismo en el poder.

También la Iglesia Católica se postula para jugar un rol de mediación ante futuras crisis sociales y políticas. Su hándicap por estos días es el creciente prestigio que el Papa obtiene a escala internacional con su gira por Cuba y EE.UU. Influencia que buscar ser amplificada hasta el cansancio por las corporaciones mediáticas opositoras y oficialistas.

Toda crisis económica y social no implica solo padecimientos para el pueblo trabajador sino tensiones al interior de la clase dominante. Para jugar un rol de árbitro se postula la reaccionaria casta judicial, que acaba de dar un ejemplo zanjando la crisis política en Tucumán a favor del oficialismo.

Tras 12 años de “proyecto nacional y popular”, las “Corporaciones” gozan de buena salud y buscarán convertirse en pilares del orden ante futuras crisis. La transformación “progresista” del país evidencia su fracaso. Restauración para todos y todas.

La izquierda y su estrategia

Despidos, suspensiones, inacción de la burocracia sindical y la perspectiva de ataque contra la izquierda en el movimiento obrero configuran parte del escenario que se perfila hacia 2016.

La lucha de clases puede convertirse entonces en un factor no menor de la realidad nacional. Eso actualiza, para la izquierda, un debate sobre sus perspectivas estratégicas. En ese trance, la experiencia de Grecia tiene alcance internacional. Allí la llegada al poder de una “nueva izquierda”–al que gran parte de la izquierda vernácula llamó a apoyar- mostró el agotamiento de un proyecto reformista en meses. No solo fracasó el proyecto “oficial” sino también quienes se ubicaron como ala izquierda del mismo, demostrando su absoluta impotencia para resistir las medidas de ajuste y el giro a la derecha de Tsipras.

Esas conclusiones son aplicables a Argentina, donde el Frente de Izquierda se encamina a una buena elección en Octubre y podría amplificar su peso en la Congreso Nacional. Un avance de este tipo fortalecería además a los sectores combativos de la clase trabajadora para enfrentar el ajuste.

La gran lucha de Lear en 2014 mostró la importancia estratégica de diputados de izquierda apoyando conflictos obreros. Pero esas luchas hubieran sido imposibles sin el cemento de cientos de obreros organizados en sus lugares de trabajo en agrupaciones combativas o comisiones internas y cuerpos de delegados.

Esa “unidad” entre las bancas y la lucha en las calles se enmarca la tradición leninista que plantea la perspectiva de utilizar los puestos parlamentarios para desarrollar la movilización extraparlamentaria de la clase trabajadora.

El fortalecimiento de fracciones de izquierda al interior de los sindicatos y fábricas se impone como una tarea necesaria para que la izquierda sea un actor real en la lucha de clases. La campaña del Frente de Izquierda y la conquista de nuevos legisladores nacionales y provinciales, debe estar ligada, de manera indisoluble, a ese objetivo estratégico.







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