Política

GENOCIDIO E IMPUNIDAD

El obispo castrense de Bergoglio, la dictadura y los demonios de la Iglesia

Santiago Olivera volvió a lanzar definiciones en favor de los genocidas. Según él, las actas de bautismos en la ESMA, entregadas recientemente al Poder Judicial, no son de hijos de desaparecidos.

Maine García

Hija de desaparecidos | Miembro del CeProDH y de Justicia Ya!

Martes 13 de marzo | 13:32

Foto Los Andes

En la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) hay dos carteles que se preguntan “¿Cómo es posible que aquí nacieran chicos?” Uno está en lo que fue la casa del director de la ESMA, el vicealmirante Rubén Jacinto Chamorro, alias “Delfín” o “Máximo”. El otro está en el sector donde estaban arrojadas las mujeres embarazadas secuestradas.

Y sí, no solo fue posible que en el medio de ese horror nacieran niñas y niños sino que hubo todo un plan sistemático para robárselos a sus madres parturientas y entregarlos a “familias” de los propios genocidas o de sus amigos.

La Iglesia Católica argentina “recuperó” recientemente el libro de bautismos registrados entre 1975 y 1984 en la capilla Stella Maris, ubicada dentro de uno de los centros clandestinos de detención, tortura, desaparición y muerte más grandes montados por los genocidas. Se trata de un documento cuya existencia no se conocía públicamente hasta hoy.

A través de una maniobra, orquestada por Jorge Bergoglio desde el Vaticano y el propio Olivera, que intenta despegar a la institución de la última dictadura cívico- militar de la cual fue partícipe y cómplice, la Iglesia Católica da a conocer los nombres de 127 niñas y niños con los registros de los marinos que figuran como padres.

El objetivo de esta maniobra es seguir ocultando y protegiendo a los responsables de los crímenes de lesa humanidad.

“Hay muchos que son soldados y otros que son hijos de militares que han querido bautizar en la capilla y no es que sean hijos que han sacado a sus papás desaparecidos, eso habrá que investigarlo”, explicó Monseñor Olivera a diversos medios de comunicación.

Vale recordar que actualmente a este señor el Estado le paga más de $ 100 mil por mes de sueldo solo por vertir sotana.

En otras oportunidades el capellán castrense ya había lanzado manifestaciones que lo acercan mucho al pensamiento y el sentir militar. Por ejemplo, dijo que en las Fuerzas Armadas actuales no hay militares que provengan de la dictadura (como si eso fuera suficiente para desligarlos de toda responsabilidad en el largo entramado de impunidad) y también se refirió al beneficio de las domiciliarias a los genocidas. “Si hay represores que han llegado al límite de edad o no tienen sentencia definitiva y demás, también tienen derechos. Hay que buscar justicia y no venganza”, sostuvo.

¿Toda la verdad?

Abonando la teoría de los dos demonios (instaurada por el régimen político encabezado por Raúl Alfonsín a la salidad de la dictadura), en recientes declaraciones y reclamando “una verdad que abarque toda la historia, toda la verdad”, Olivera consideró que durante el mandato peronista que antecedió a la dictadura “también hubo mucha violencia, también hubo un gobierno democrático que hizo una cosa muy fuerte a los militares”.

En un intento de posarse sobre los crímenes de Estado cometidos en la época de Isabel Perón y López Rega contra la clase trabajadora y los sectores populares, Olivera realiza una maniobra promilitar poco disimulada.

Por eso, inmediatamente abonó la teoría de los dos demonios con un clásico cliché. “Hubo mucha subversión que mató gente que no tenía nada que ver y creo que a esa parte de la historia no se le da tanta importancia”, sentenció. Y pidió “que no se haga hincapié sólo en una parte y se olvide otra, eso es importante para una verdadera paz”.

Vale recordar que apenas Olivera fue nombrado por Bergoglio al frente del Vicariato Castrense (una de las instituciones más reaccionarias que demuestra cuán lejos se está de la separación de la Iglesia Católica del Estado “laico”), organismos de derechos humanos le presentaron una carta al obispo con varios pedidos, entre los cuales estaba la apertura de todos los archivos de la dictadura que están en poder del Episcopado, el Vaticano y el Vicariato Castrense. Un reclamo largamente exigido y nunca respondido por la Iglesia que bendijo el genocidio.

Hoy él mismo tiene la función de bendecir las armas y dar atención “espiritual” a los hombres y mujeres que integran las fuerzas armadas. Así, una institución del medioevo sigue teniendo fuerte gravitación en la vida nacional, tanto como lo hace respecto al debate sobre el derecho de la mitad de la población al aborto legal, seguro y gratuito. Por la prohibición de este derecho, defendida con uñas y dientes por la jerarquía eclesiástica “provida”, cada año más de 300 mujeres pierden la vida.

Hoy como ayer la Iglesia Católica cumple un rol reaccionario. Durante la última dictadura fue partícipe necesario en el genocidio, bendecían las torturas y engañaban a las familiares de los desaparecidos que acudían a ellos en busca de ayuda. Les sacaban información que más tarde entregaban a los militares.

Durante décadas Jorge Bergoglio se negó a entregar cualquier información sobre lo actuado por la dictadura y la complicidad de la Iglesia. Cuando la abogada Myriam Bregman citó a declarar al cardenal Jorge Bergoglio en la causa ESMA, éste se negó a dar información.







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