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El nuevo jefe del Ejército y la necesidad del Gobierno de relegitimar a las Fuerzas Armadas

El ministro Aguad puso en funciones al general de brigada Claudio Pasqualini como nuevo jefe del Ejército y reivindicó el “espíritu militar” y se manifestó contra la estigmatización de las Fuerza Armadas.

Alejandrina Barry

Hija de desaparecidos | CeProDH | @alebarryceprodh

Domingo 25 de febrero | 13:31

Fue en el Regimiento de Infantería de Patricios, el pasado miércoles 21. Bajo la atenta mirada de integrantes de las principales unidades militares y las esposas de varios genocidas presos, el Ministro de Defensa Oscar Aguad hizo un llamado a diseñar las “Fuerzas Armadas del futuro” para dar “respuestas maduras a los desafíos actuales", en el marco del plan de reestructuración anunciado el año pasado.

Luego de reivindicar la política del Gobierno que "liberó a las Fuerzas Armadas de toda adhesión y ataduras a políticas partidarias" continuó su discurso apelando al “desafío de la modernización y el compromiso con la tradición” y al “espíritu militar que no se rindió”.

Y remató diciendo: “No puedo dejar de reconocer que las estrecheces golpearon a la familia militar, afectaron su nivel de vida y lastimaron sus legítimas aspiraciones. Las Fuerzas durante un largo período fueron estigmatizadas y castigadas…”.

El discurso de Aguad de que las Fuerzas Armadas fueron estigmatizadas no es nuevo pero no por ello menos repudiable. Expresa lo que piensa el conjunto de este gobierno con un presidente cuya familia hizo toda su fortuna durante la dictadura genocida; que niega el genocidio y promueve la impunidad para los militares que estuvieron en los campos de concentración. Desaparecieron a nuestros 30.000 y cometieron los crímenes más atroces. El gobierno vuelve a reafirmar la impunidad como política de Estado y se enfoca en el intento de fortalecer y poner en las calles a las Fuerzas Armadas contrariando las leyes vigentes de Seguridad Interior y de Defensa al servicio de una política represiva monitoreada por EEUU…

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Contra la estigmatización... ¿modernización?

Cabe destacar que dentro del plan de “modernización de las Fuerzas”, el gobierno anunció la creación de una “Fuerza de Despliegue Rápido” conformada por el Ejército, Marina y Fuerza Aérea, con la supuesta misión de combatir el narcotráfico y el terrorismo contrario a lo que determina la Ley de Seguridad Interior y la Ley de Defensa en cuanto a la prohibición de la participación de las Fuerzas Armadas en temas de Seguridad Interior.

Por su parte, la reestructuración, también incluye entre otras, pasar a retiro a los generales con más de 35 años de servicio, negando a los Organismos de Derechos Humanos que lo vienen solicitando hace mucho tiempo, la posibilidad de conocer el listado del personal en actividad implicado en la dictadura.

Lo cierto es que el ungido ex jefe del Regimiento de Patricios, Pasqualini, con un largo curriculum publicado por el gobierno, conoce muy de cerca a las Fuerzas no sólo por ser parte de la “promoción Malvinas” y que no participó de la guerra; sino tambien por su suegro, el coronel Athos Gustavo Renes, que cumple una condena de cadena perpetua por participar en la Masacre de Margarita Belén, en el Chaco, en diciembre de 1976.

El gobierno de Cambiemos se plantea el desafío de represtigiar a las Fuerzas Armadas repudiadas masivamente por su rol genocida durante la dictadura y su capitulación en la Guerra de Malvinas. Año a año las manifestaciones contra el golpe genocida y su continuidad muestran a miles en las calles. La enorme movilización del año pasado contra el 2x1 que pretendió imponer la Corte para dar más impunidad a los genocidas fue una clara muestra de esto, porque debió retroceder. Cada paso y cada intento del gobierno y el Poder Judicial de ir hacia mas impunidad, va a chocar con el sentimiento y la movilización de inmensa mayoría de la población.

No son casuales las palabras del “milico” Aguad sobre la “estigmatización” que pesaría sobre las Fuerzas Armadas. No responden solo a una política que el conjunto del gobierno sostiene para relegitimarlas, sino a intereses personales como su amistad con numerosos militares genocidas, particularmente con Benjamín Menéndez. De alguna manera, es una suerte de autodefensa.

Bajo la bandera de una “supuesta guerra contra el narco” quieren utilizarlas en la “seguridad interna”, para enfrentar las únicas amenazas reales a los planes del gobierno y los grandes empresarios: la organización y movilización de todos aquellos sectores que salgan a reclamar por sus derechos.

Planes que para concretarse tienen que enfrentar a los trabajadores, a la juventud y al conjunto del pueblo que durante décadas se han movilizado masivamente contra la impunidad y contra cualquier intento de los distintos gobiernos por querer reconciliar y fortalecer a a las fuerzas armadas.







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