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El neoliberalismo en cuestión y la candidatura de Guillier

¿Cuánto tienen de estructurales las “reformas estructurales” de Bachelet? ¿Y qué hará Guillier con las demandas que apuntan a cambiar realmente la estructura capitalista de la larga noche neoliberal? Una mirada al pasado reciente, enseña.

Viernes 24 de noviembre

En el Gobierno de Bachelet, se pasó de las “reformas estructurales” al “realismo sin renuncia”, y entre medio los “matices” y la “cocina del Senado” de la DC que el resto de los partidos explicaron, pero dejaron pasar.

Guillier en su campaña, vaciló entre la “protección social” del primer gobierno de Bachelet a las “reformas estructurales” del segundo mandato. Ahora, con capacidad de vencer a Piñera en segunda vuelta promete seguir este camino.

Pero al estilo del alma de la Concertación: gradualmente. Gradualmente terminarían con las AFP. Gradualmente habría gratuidad en educación: ya conocemos que sería para el 2070 y solo si la economía acompaña.

Claro, el gradualismo es en manos de la Concertación y después de la Nueva Mayoría, un respeto temeroso de los empresarios y la derecha. ¿Y cómo no respetarlos si les financian con “boletas ideológicamente falsas” sus campañas, a cambio de votarles sus leyes? En el caso de la UDI, como vemos ahora con su Presidenta, hasta le habrían dictado lo que tenía que decir. Marionetas de los empresarios.

Respeto temeroso que dejó casi todo, si no todo, lo esencial en pie.

De la dictadura heredamos las privatizaciones. ¿Algo cambió? Siguen en manos de los empresarios, sino, recordemos a Julio Ponce Lerou con SQM y sus escandalosos financiamientos, razón de más para dejar las empresas en sus manos.

El cobre, con más del 70% en manos privadas; dicen que no hay plata y sabemos que en diez años se llevaron más de 100.000 millones de dólares, para financiar al menos 20 años de gratuidad universal.

El agua, transformada en propiedad privada para beneficio de monopolios imperialistas, mientras miles de hectáreas mueren de sequía, y decenas de miles de familias no tienen ni para bañarse.

El Código Laboral, que fue recientemente modificado y el propio Gobierno en su balance da a conocer que gracias a esta reforma hay menos “conflicto laboral”, es decir, reafirmó sus objetivos: mantener débiles las capacidades de los trabajadores y asegurar la impunidad empresarial.

La impunidad para las violadores de los DDHH de la dictadura, con apenas unos pocos emblemáticos en cárceles de lujo.

La transformación de la educación, la salud y la vivienda en “bienes de consumo” como bien resumió Piñera en nombre de todos ellos, y que la mal llamada gratuidad de Bachelet no es más que una beca disfrazada, y para pocos (los “más vulnerables”, de universal no tiene nada). Las pensiones, con las AFP, un negocio infame que genera el financiamiento multimillonario para las empresas y pensiones de hambre indignas para los trabajadores que se pensionan.

¿Hay algo que cambió en estos años de todo esto? Lejos de eso, se profundizó: la mayor privatización de Codelco vino con la Concertación. Lo mismo el co-pago en los colegios, que con este segundo Gobierno de Bachelet apenas se modificó. Un neoliberalismo apenas corregido. Todo el resto, casi igual.

Casi. Hay cambios inevitables. Obligados más bien. Los cambios que se produjeron, fueron por las movilizaciones del 2011 a esta parte.

Del lema de la protección social se debió pasar al de las reformas estructurales. Pero “responsables”.

Y “graduales”, insiste Guillier, como dijo para el fin de las AFP. El intento es desviar el camino. Por algo Cecilia Morel dijo que el mayor logro de este Gobierno fue disminuir las movilizaciones.

Las elecciones del pasado domingo fueron un rechazo a Piñera. Pero no solamente. Es cierto que fueron por las demandas populares, como el fin de las AFP o la gratuidad.

Demandas que ponen en cuestión el neoliberalismo –la mercantilización de todo; rozando las estructuras capitalistas que lo sostienen –la propiedad privada hasta del agua; en un clima anti-empresarial que no amaina.

Ante esto, Piñera anunció que retrotraerá todo lo posible, para retomar el curso de los ’90 más que para preparar mayores ataques al pueblo trabajador.

Distinto es el camino de Guillier, que debió declarar que continuará al segundo Gobierno de Bachelet. Pero el bajo apoyo a Bachelet es por su “realismo sin renuncia”, y Guillier, hasta el domingo ni había hablado de las AFP, comenzando con una renuncia. Y está todo de lo que no se habla: el cobre, el litio, el agua privatizada, las isapres. Todo en manos de los empresarios, para su ofensivo enriquecimiento a costa de los padecimientos de los trabajadores y el pueblo.






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