Política Estado Español

GALICIA, MEDIO AMBIENTE

El negocio de la megaminería, un grave peligro medioambiental y social

En los últimos años el gobierno del PP en Galicia pretende la apertura de minas de oro a cielo abierto que cuenta con una gran oposición popular. Veamos el estado de la situación desde que se puso en práctica la campaña institucional “Galicia é unha mina”.

Jacobo A. García

Vigo | @Jacobscarface

Sábado 6 de enero | 17:32

Tres años después del gran vertido de aguas ácidas en la mina abandonada de Neme, todavía no se ha puesto en marcha un plan de restauración ambiental. Por el contrario, en los últimos años el gobierno gallego pretendió la apertura de minas de oro a cielo abierto como Corcoesto, que tuvo gran oposición popular. Más recientemente se está intentando reabrir la mina de Touro, de cobre y la de San Fins, de Wolframio, como parte de un plan de expolio favorecido por la “Lei de Depredación”.

La catástrofe de Neme, con riesgo de repetirse

El Monte Neme se sitúa en la Costa da Morte entre los municipios de Carballo y Malpica, que consta de restos arquelógicos (un cromlech llamado Eira das Meigas). Hace cinco años, en el 2012, la empresa Leitosa SAU dejó de explotar una cantera en este lugar, donde extraía cuarzo y áridos. Esta empresa era una filial del grupo valenciano Sedesa, propiedad de la familia del político del PP Juan Cotino, exvicepresidente de la Generalitat de Valencia y al que la fiscalía pide 11 años de cárcel por corrupción en la organización de la visita del Papa en 2006.

La Xunta no exigió a Leitosa un plan de restauración posterior a su actividad, pero sí que la premió con más de medio millón de euros en ayudas públicas. Cuando quebró, esta empresa fraudulenta dejó 6 balsas de aguas ácidas y restos de infraestructuras oxidadas en la zona. La regeneración ambiental del paraje necesitaría de una inversión de 1,5 millones de euros, según cálculos de la Cámara Mineira de Galicia.

En febrero de 2014 una de las balsas abandonadas reventó y 24.000 metros cúbicos de residuos avanzaron monte abajo hasta las aldeas de Aviño y Razo da Costa, provocando daños valorados en 140.000 euros. Los vecinos todavía no han recibido indemnización. Antes de la rotura ya se habían producido avisos por parte de Ayuntamientos y vecinos de la zona del peligro que suponían esas balsas de decantación. Por otra parte, ya que la empresa quebró muchos se preguntan a que espera la Xunta para realizar un plan de restauración ambiental de la zona y evitar males mayores.

Los análisis de esas aguas demostraron que había unos alto niveles de Aluminio y bajos niveles de pH, siendo estás aguas ácidas y tóxicas, tanto para el medio natural como para la población humana, si se filtran en los cultivos o en los depósitos de agua potable. Lo que es todavía más irónico y desconcertante es que el Gobierno gallego llegó a incluir una imagen de las balsas mineras de Monte Neme en una campaña de promoción turística de Galicia. Las protestas obligaron al departamento de Turismo a retirar la fotografía.

La reapertura de Touro, una antigua mina de cobre que ya había sido restaurada

Son muchas las organizaciones ecologistas, algunas de las cuales integradas en la plataforma Contraminacción, las que se oponen a este proyecto. La Plataforma en Defensa de la Ría de Arousa (PDRA), que incluye a cofradías de pescadores y mariscadores, ya han presentado una moción conjunta en todos los ayuntamientos costeros de las provincias de Pontevedra y A Coruña, para exigir a la Xunta que paralice la reactivación de la mina de cobre de Touro por los graves efectos tóxicos que tendría su explotación en la ría de Arousa y el río Ulla.

Esta concesión pondría en riesgo la principal área de produción de moluscos de la UE, además de la captación de agua potable en los municipios de Vedra, Boqueixón, Teo, Padrón, Dodro, Rianxo, Boiro, A Pobra do Caramiñal, Ribeira, Pontecesures, Valga, Catoira y Vilagarcía de Arousa. La ejecución de este macroproyecto también afectaría a la conservación de los espacios protegidos de la ría, como el Parque Nacional Illas Atlánticas, y la Zona de Especial Conservación Ulla-Deza, debido al drenaje de contaminantes. La reactivación de la mina por el grupo multinacional Atalaya Mining prevé una duración de 16 años sobre aproximadamente 700 hectáreas, donde se extraerán 267 millones de toneladas de materiales, casi la mitad de mineral de cobre.

La PDRA denuncia que para extraer los minerales se realizarán 6 voladuras diarias, empleando cada una de 9 a 16 toneladas de explosivos, lo que podrá producir microterremotos que afectarán a la estabilidad de los diques de contención de las balsas de lodos, pudiéndose dar nuevos casos como los de Neme. Asimismo, se verterán unos mil litros de aguas al año, que será vertida al río, produciendo sedimentos tóxicos. Para la empresa la solución a estos residuos con restos de metales es impermeabilizarlos, en una superficie de 269 hectáreas, lo cual es un sinsentido, ya que cuanto mayor sea la cantidad almacenada, mayor será el riesgo de fugas y afectación a la salud pública, al poder contaminar aguas cercanas.

Además, en Pucheiras, afluente del Ulla, tras estar en contacto con la zona de explotación abandonada presenta niveles de cadmio y de mercurio muy superiores a los máximos legales permitidos. Siendo la ría de Arousa el lugar donde se generan el 44% de los empleos de marisqueo a pié, casi la mitad de las embarcaciones y el 68 por ciento de las bateas de Galicia, y donde se produce el 70% de toda Galicia, resulta demencial plantear la posibilidad de perderlo para llenar los bolsillos de multinacionales, y generar unos pocos empleos precarios.

El caso de Touro es paradigmático, ya que se había realizado un ambicioso, y en términos generales exitosos proyecto de restauración ambiental. Se utilizaron suelos artificiales para corregir el pH ácido del terreno. Se usaron plantas capaces de resistir en esos entornos contaminados y se consiguió la creación de un ecosistema nuevo, con una rica fauna y flora, volviendo las aguas a su pH normal. Lo que era un erial sin vida, se convirtió en un bosque y un humedal. La reapertura de la mina no solo producirá riesgos ambientales, sanitarios y socioeconómicos, si no que será una pérdida de dinero público en la restauración anterior.

San Fins, otra vez la historia del Volframio

La empresa Tungsten San Finx recientemente ha adquirido los terrenos de la mina en el municipio de Lousame, para la explotación de volframio. El volframio actualmente tiene varias aplicaciones industriales, y al igual que hace 80 años, se utiliza para blindar los proyectiles anti-tanque. Por aquella época Franco pagó el favor a Hitler por ayudarle en la Guerra Civil Española, permitiendo a los nazis abrir minas de volframio en distintas zonas de Galicia, donde se usó mano de obra esclava, prisioneros antifascistas, junto con trabajadores locales en condiciones miserables.

El documental “Lobos sucios”, explica lo que tuvieron que vivir los trabajadores y presos en las minas de Casaio, en la comarca de Valdeorras, de lo que no sacaron nada más que un poco de dinero para subsistir, cuando le vendían de estraperlo el mineral a los aliados.

Hoy en día, se prioriza por parte del gobierno gallego la reapertura de grandes minas a cielo abierto, sin tener en cuenta los grandes riesgos medioambientales y sociales. Frente a unos pocos empleos generados durante unos años, se destruirán decenas de miles de empleos y se condenará a la población local a la miseria y graves problemas de salud. Es posible incluso, que si la contaminación se extiende, mucha gente opte por emigrar a tener que vivir en una tierra que te mata a cada instante.

Contra la ofensiva destructora del ambiente, la salud, y el empleo del Partido Popular gallego, sólo queda la lucha obrera y social

La “Lei de Depredacion de Galiza”, tal y como fue rebautizada por los movimientos sociales, o “Lei de Fomento de Iniciativas Empresariais” facilita la creación de grandes proyectos mineros, ya que da la prioridad del uso del suelo a empresas que inviertan al menos 20 millones de euros y generen 100 puestos de trabajo. Los informes de Medio Ambiente y “Augas de Galicia” dejan de ser vinculantes, ya que la última palabra la tendrá la Xunta y su consellería de Industria.

Se trata de un plan trazado por el Partido Popular desde 2013, cuando sacó a la luz su más que polémico lema “Galicia é unha mina”. Porque para el gobierno gallego, Galicia no es más que eso, un enorme almacén de recursos naturales que poder expoliar para beneficio de empresas amigas, multinacionales o españolas.

Así, su intención era la creación de numerosas minas de oro en el eje Mapilca-Tui, de Norte a Sur de Galicia, en las provincias de A Coruña y Pontevedra. Una zona natural donde existen rocas metamórficas y una pequeña cantidad de oro, que es rentable explotar con métodos agresivos a cielo abierto. Pero el movimiento popular, y la indignación de un pueblo entero paró el primer proyecto en Corcoesto, A Coruña, donde por el momento se evitó que comenzase la actividad minera.

Actualmente, con el nuevo marco legal, es más difícil para las entidades vecinales, ecologistas, o para los organismos técnicos presentar alegaciones a nivel legal, reduciéndose los plazos. Además, las empresas, una vez autorizada su actividad, tendrán derecho a decir qué es secreto comercial, y qué no, y por tanto, estarán menos sujetas a controles por parte de la administración pública.

Así, nuestra perspectiva, aquello por lo que luchamos es justo lo contrario. Es necesario invertir dinero público, y la contratación de personal técnico y científico para la restauración de zonas contaminadas, así como la prohibición de la megaminería y la creación de minería a cielo cerrado, con todas las garantías de seguridad para los trabajadores. Asimismo, creemos que es necesaria la expropiación de las empresas mineras como parte de la renacionalización de los recursos naturales bajo control obrero. Por otra parte la mejora en el reciclaje del metal ayudaría a reducir los efectos perjudiciales de los residuos y a la no apertura de nuevas minas.

Pero en lo inmediato, es urgente la implicación de los sindicatos contra esta barbarie especulativa capitalista en Galicia. Junto con los movimientos ecologistas y el resto de movimientos sociales es necesaria la mayor de las movilizaciones, de cara a la huelga general. Porque la creación de empleo, fuera de las falacias de los discursos de la derecha, no se creará con leyes destructoras del ambiente, si no con la reducción de la jornada laboral manteniendo el salario y el reparto del trabajo. Así como la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía.






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