Política

EDITORIAL

El “modelo” en crisis: su programa y el nuestro

Mientras el “debate” político cae al subsuelo de la política burguesa, la economía pasa al centro de la discusión en la campaña. El programa de ajuste y el programa del Frente de Izquierda.

Fernando Rosso

@RossoFer

Viernes 11 de septiembre de 2015 | Edición del día

No termina de cerrarse la crisis política por el fraude tucumano que dejó en evidencia los regímenes feudales en los que se apoya el Gobierno nacional, y estalla el escándalo por los hechos de corrupción que involucran al candidato macrista, Fernando Niembro. El bochorno se completó cuando se conoció la muerte por desnutrición de un joven qom, Oscar Sánchez, en el Chaco (donde habrá elecciones próximamente). Para Jorge Capitanich, a Oscar lo mató “la cultura”. Como en su momento “la crisis” había causado dos nuevas muertes (Kosteki y Santillán), según el diario Clarín.

La munición gruesa con la que se tiran los partidos tradicionales en la campaña electoral destapa la inmundicia y la impunidad que habita en ambos bandos de la presunta “grieta”.

Los representantes del “republicanismo blanco” que levanta las banderas contra la corrupción y por la transparencia,se disputan los recursos del Estado como un botín para los negocios y el enriquecimiento personal.

Quienes se autodefinen como los campeones de la inclusión social y la ampliación de derechos gobiernan en la Argentina profunda de la mano de la impunidad de verdaderas oligarquías feudales, sobre un territorio de pobreza estructural.

En el rechazo a este cinismo que caracteriza a todas las fracciones de una casta política que administra los negocios de los empresarios, residen la fuerza y la simpatía que logran demandas democrático radicales como la que plantea “que todo funcionario o legislador cobre como una maestra” y que sea revocable.

Consignas que levantan los candidatos del Frente de Izquierda y de los Trabajadores y que son parte de su programa. Estos planteos ayudan a desarrollar el odio contra esa casta enriquecida, a canalizarlo en el rechazo político a sus representantes y a develar las íntimas relaciones que los unen a los dueños del país.

El consenso del ajuste

Mientras el “debate” político se enchastra en la mugre de la política burguesa, la economía pasa al centro de la discusión en la campaña. El agotamiento económico y los efectos de la crisis mundial expresados en las tensiones sobre el dólar, en las suspensiones de la industria autopartista e incluso en despidos puntuales, obliga a los candidatos a hablar un poco más concretamente sobre sus propuestas para superar una crisis cada vez más evidente.

Salen a la palestra los asesores económicos que, con matices, tienen un consenso profundo: hay que ajustar.

Nuevo endeudamiento -previo acuerdo con los fondos “buitre”-, quita de subsidios para aumentar las tarifas, recortes fiscales para los empresarios, congelar salarios y terminar con las paritarias mediante un “pacto social”; son las propuestas que todos plantean con leves diferencias de ritmo o velocidad. "Mejorar la competitividad", que es lo que dice la burguesía para no hablar explícitamente de devaluar y dar un mazazo a los salarios, también está en la boca de todos los candidatos a ocupar el Ministerio de Economía.

Scioli pretende escenificar anticipadamente una postal del “pacto” en el “Encuentro Social de Concertación” (tal su nombre provisorio), previsto para el domingo 20 o el lunes 21 de septiembre. El postulante presidencial del Frente para la Victoria quiere mostrarse como el líder de un espacio multisectorial. Además de la CGT de Antonio Caló, ya confirmaron su participación cámaras patronales oficialistas como ADIMRA (metalúrgicos), de Juan Carlos Lascurain, la Confederación General Empresaria (CGERA) de Marcelo Fernández o la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE) de Guillermo Moretti, entre otras.

Massa tiene una orientación similar a Scioli (pero con muchos menos votos) y Macri coincide en lo esencial, pero propone que “lo que haya que hacer, hagámoslo rápido”.

Su programa y el nuestro

Ellos tienen un plan para afrontar la crisis del llamado “modelo”. Los trabajadores y la izquierda debemos oponerle el nuestro. Sus “propuestas” son para que los costos recaigan sobre los trabajadores y las mayorías populares. Las nuestras para que la crisis la paguen los capitalistas.

El “pacto social” apunta a generar un consenso y comenzar a sembrar la idea falsa de que los aumentos salariales son la causa de la inflación. Por lo tanto, hay que congelar los salarios y terminar con las paritarias. Además, el “pacto”, para ellos, debería apostar a aumentar la “productividad” basada en el mayor desgaste de los trabajadores. Menos salario y más trabajo.

Hasta la conducción de la rastrera CGT de Córdoba alerta con la posibilidad de que se termine con las paritarias.

La primera batalla para la que hay que prepararse es por la defensa del salario y las paritarias libres sin techo. La exigencia de un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar actualizado por la inflación y terminar con el impuesto al salario. Todos estos años, los empresarios la juntaron con pala, la inflación tiene múltiples causas que no tienen que ver con los ingresos de los trabajadores. Si tienen crisis que la paguen ellos con sus abultadas ganancias.

Las suspensiones masivas en la industria automotriz y los despidos como los de Coca Cola o la amenaza de cierre de Paraná Metal, adelantan que el avance sobre el empleo irá de la mano de atacar el salario a medida que se desarrolle la crisis. La conducción de gremios como SMATA cometen un crimen al no oponer ninguna resistencia a las suspensiones. Ya se conoce el camino: suspensiones permanentes que se convierten en despidos si la situación se agrava.

El PTS y el FIT plantean que la respuesta debe ser ninguna suspensión ni despido. Reparto de las horas de trabajo sin reducción salarial.

Frente a la aducida "crisis fiscal" con la que quieren abrir el camino del ajuste, su propuesta de recorte de subsidios (al transporte, a la electricidad) es para que las empresas lo trasladen directamente a las tarifas. Ellos nunca pierden: o los subsidia el Estado con los impuestos de toda la población o aumentan las tarifas a los usuarios. Hay que estatizar las empresas se servicios y el transporte bajo control de los trabajadores y comités de usuarios. Que los recursos para la recaudación fiscal surjan de impuestos a las grandes fortunas.

El nuevo endeudamiento externo que el Gobierno ya está intentando y los candidatos del ajuste aspiran a profundizar es, en primer lugar, para juntar los dólares que permitan seguir pagando la deuda actual y afrontar la escasez de dólares con crédito. Profundizar un círculo vicioso a partir de la “ventaja” del bajo endeudamiento actual en relación al PBI. Dicen que “no hay dólares” pero periódicamente salen para el pago de deuda. Durante los gobiernos kirchneristas se pagaron 200 mil millones de dólares, según confesó la presidenta. Sin ir más lejos, en octubre se pagarán nada más y nada menos que 6400 millones de dólares. Por eso se autodefinen como “pagadores seriales” y lo hacen con orgullo.

El espejo de Brasil que se muestra como ejemplo por la visita de Lula es ilustrativo. La recesión y crisis que enfrenta el país vecino es la consecuencia de un ciclo de fuerte de ingreso de capitales financieros, justamente lo que buscan Macri, Scioli o Massa.

Los bancos y los especuladores están haciendo un gran negocio con el “festival de bonos” que emite el Gobierno para financiarse. Prestan cara la plata que reciben barata. Hay que cortar con todos esos especuladores y no pagar de la deuda fraudulenta, además de pelear por lanacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior.

Recursos hay de sobra en nuestro país, lo que sucede es que están en manos de una minoría de ricos y millonarios que nunca pasan “crisis”: las grandes petroleras, mineras o los oligarcas dueños de miles de hectáreas de tierra. La expropiación y nacionalización de esos recursos estratégicos bajo control de los trabajadores, otorgaría inmediatamente recursos inconmensurables para ser utilizados al servicio de las mayorías populares.

Estas medidas son las más realistas si se quiere evitar que la crisis la vuelvan a pagar los trabajadores. El establishment y sus políticos están deliberando y discutiendo abiertamente la agenda de ajuste, la vanguardia de los trabajadores y la izquierda tienen que discutir y alertar sobre estos objetivos.

Se necesita una fuerza social y política con poder para enfrentar el ajuste e imponer otra salida. Para terminar con la impunidad de la que gozan tanto los empresarios como sus “gerentes” políticos.

Potenciar a la izquierda de los trabajadores en el Congreso y en la calle

Para potenciar esa fuerza política y social para plantarse ante el ajuste e imponer estas demandas necesitamos diputados de izquierda en el Congreso y una gran votación a la fórmula del Frente que encabezan Nicolás del Caño y Myriam Bregman.

Cómo lo demostró Nicolás del Caño y el resto de los diputados del FIT, las bancas son útiles para la lucha, para amplificar la voz de los trabajadores. Pero además, la votación al FIT será un mensaje para todos los empresarios y sus políticos de la voluntad de resistir el ajuste, de terminar con la impunidad de los poderosos, y darle densidad a una fuerza política de los trabajadores.

Es para este objetivo que hay que poner en marcha la campaña electoral hacia las elecciones generales de octubre.

Previo a esas elecciones habrá dos desafíos. El próximo domingo, el FIT pelea por consagrar por primera vez en la historia un concejal en la ciudad de Córdoba (la segunda del país). Javier Musso (PTS) encabeza la lista, junto a Cinthia Frencia (PO) y Daniel Báez (IS). Y el 20 de este mes se realizarán las generales del Chaco donde participan los compañeros del PO.

Este jueves 10/9 el FIT en pleno largó la campaña con una conferencia de prensa en el Hotel Castelar. Estuvieron presentes, además de la fórmula presidencial que integran Nicolás del Caño y Myiriam Bregman, los principales candidatos del país y sobre todo de aquellos distritos donde se pueden obtener nuevas bancas.

La gran patronal se juega a consagrar un gobierno fuerte en las elecciones (ya sea Macri, Scioli o Massa), que tenga el apoyo de las burocracias sindicales, de las corporaciones empresarias y del capital internacional y que genere las condiciones para pisar el acelerador del ajuste.

Un bloque fuerte de legisladores en el Congreso Nacional que sume a los tres con los que cuenta hoy el FIT (más los legisladores provinciales), y un alto porcentaje de votación al Frente permitirá que tome fuerza una alternativa social y política que se plante e imponga otra salida a la crisis, contra la impunidad de los empresarios y sus serviles administradores políticos.







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