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POLÍTICA E HISTORIA

¿El ministro Esteban Bullrich es ignorante o beneficiario del genocidio?

“Esta es la nueva Campaña del Desierto, pero sin espadas con educación” dijo el titular de Educación. Pero fueron modernos fusiles los que masacraron a los originarios para favorecer a su familia.

Lunes 19 de septiembre de 2016 | 00:15

Las palabras fueron pronunciadas en la localidad de Choel Choel, la misma en la cual hace 137 años -como conmemora el oligárquico diario La Nación- curas y milicos genocidas celebraban la masacre contra los pueblos originarios y el robo de tierra que beneficiaría a un puñado de ricas familias. Entre ellas la del Ministro de Educación y Deportes Esteban Bullrich y la del Jefe de Gabinete Marcos Peña.

Es difícil pensar que el ministro sea ignorante en este tema y que desconociera los pormenores de la masacre que le aseguró la cuna de oro en la cual supo mecerse. Él mismo hace pocos días declaró ser un admirador del presidente Julio Argentino Roca. Cualquiera que haya leído tan solo un poco de historia de aquel nefasto personaje sabe que una de las claves del “éxito” del militar en la campaña contra los indios fue la desproporcionalidad del armamento, ya que frente a las lanzas de los pueblos ranqueles y mapuches, las tropas del Ejército Argentino se encontraban munidas con miles de los modernos fusiles Remington, importados por el presidente Sarmiento desde los Estados Unidos. De hecho, por esta razón, posteriormente se bautizó a este rifle como “Remington Patria”.

Hablar de “espadas” parece en cambio una operación ideológica-discursiva, ya que remite a tiempos aún más lejanos, en los cuales una menor disparidad armamentística y la heroica resistencia de los pueblos originarios derramaba una vasta cantidad de sangre conquistadora en defensa de sus tierras y su cultura.

No fue el caso de la conquista militar a la cual se refiere el ministro, cuyo saldo fue de miles de habitantes masacrados, otros tantos reducidos a la servidumbre, así como mujeres a la prostitución o niños separados de sus familias. Además de, claro está, las millones de hectáreas que pasaron a engrosar los patrimonios de ya acaudalados terratenientes, militares o comerciantes.

Adolfo Bullrich: el martillero de la Patagonia robada

En el actual Patio Bullrich de la Ciudad de Buenos Aires funcionaba desde 1867 la casa de remates Adolfo Bullrich y Cía, en la cual el bisabuelo del ministro subastó gran parte del infausto botín de guerra conquistado a fuerza de esas balas recientemente importadas. Todo un negocio.

Quizás sea por estos amables servicios prestados que Julio Argentino Roca lo nombró posteriormente como Intendente de la Ciudad de Buenos Aires durante su segunda presidencia.

Quizás sea por tan alto honor encomendado a un miembro de su familia que el ministro de educación declaró hace pocos días que consideraba a Roca “un enorme presidente”.

Quizás sea por su origen de familia patricia y propiamente beneficiada, que el jefe de la educación considere en términos positivos la terrible Campaña del Desierto.

Quizás sea por su condición de clase, miembro de la gran burguesía nacional, la cual es profundamente anti-obrera, que el ministro reivindique al presidente que, en su segundo mandato y luego de la primera huelga general de nuestro país, promulgó la xenófoba y represiva Ley de Residencia.







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