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PODER ADQUISITIVO

El mentiroso aumento del salario real que festeja el ministerio de Trabajo

El ministerio de trabajo prevé para 2017 que el poder adquisitivo del salario suba 4 por ciento. Pronóstico que se choca contra una inflación sin freno y paritarias con bajo aumento y en cuotas.

Esteban Mercatante

@estebanm1870

Viernes 28 de julio | Edición del día

En sintonía con la pretensión del gobierno de Cambiemos de afirmar que la crisis quedó atrás y entramos en el sendero de la recuperación, el ministerio de Trabajo presentó el miércoles un informe donde estima que el salario promedio habría tenido una mejora en términos de poder adquisitivo de 2,5 por ciento en lo que va del año, y que podría concluir 2017 con una "mejora" de 4 por ciento. Para presentar tal estimación se basan en los 23 convenios colectivos más grandes del ámbito privado, que cerraron con un promedio de suba salarial de 20 por ciento.

Resulta llamativo que Trabajo prevea un aumento del salario real para el año comparando el incremento que promediarán los convenios con las proyecciones inflacionarias del Relevamiento de Expectativas del Mercado del Banco Central, cercanas al 22 por ciento para 2017. Si los precios crecerán más que los salarios en todo el año, ¿cómo es que habrá mejora del poder adquisitivo? La peculiar aritmética que permite este resultado ya la conocemos, es la misma que utilizó Alfonso Prat-Gay durante el famoso segundo semestre de 2016, cuando decía que los salarios entonces le estaban empezando a ganar a los precios, como si hubiera que contar a partir de entonces, haciendo caso omiso de la destrucción de poder adquisitivo acumulada entre diciembre de 2015 y junio de 2016. A pesar de esa "ganancia" durante la segunda parte del año pasado, los salarios tuvieron una pérdida de poder adquisitivo superior a 6,5 por ciento en 2016, y en algunos sectores llegó a 11 por ciento o más.

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A pesar de todas cuentas que se esfuerza en hacer el ministerio de Trabajo para mostrar una mejoría de los asalariados, lo cierto es que con los datos difundidos sobre salario promedio en el mes de mayo, podemos observar que este mantiene un poder adquisitivo 6 por ciento inferior al que tenía en noviembre de 2015, inmediatamente antes de que asumiera Macri. Esto lo comprobamos si tomamos como base la inflación registrada en la Ciudad de Buenos Aires (ya que no es posible hacerlo con el IPC relevado por el Indec que empezó a publicarse en mayo de 2016 después del apagón estadístico con el que inició la gestión Cambiemos). Resulta curioso hablar de una "mejora del salario real" si a fin de año este va a seguir por debajo del que tenía cuando asumió Macri.

En mayo de este año el salario mantiene un poder adquisitivo 6 por ciento inferior al que tenía en noviembre de 2015.

Tenemos que agregar que la cuenta que hace Trabajo no cierra por ningún lado. Cualquiera sea el índice de inflación que tomemos, el de la Dirección de Estadísticas y Censos de CABA o el Índice de Precios al Consumidor Nacional del Indec, encontramos que en lo que va del año 2017 el salario no muestra el crecimiento de 2,5 por ciento que informa la cartera laboral; muestra una ínfima variación positiva de 0,5 por ciento. No se comprueba que el salario esté "mejorando".

Si este es el panorama en los primeros cinco meses del año, menos creíble aún resulta proyectar que el año concluirá con los salarios creciendo por encima de la inflación. Por empezar, porque la mayoría de las negociaciones colectivas pautaron aumentos en tres o cuatro cuotas, lo cual tira para abajo los promedios de aumento salarial efectivo, y por tanto vuelve más probable que estos sean superados por la suba de precios.

Pero el principal motivo por el que no es creíble la proyección de mejora salarial, es por los aumentos que se preparan para después de las elecciones. Tarifazos y nuevos ajustes en los precios de combustible (que serán mayores cuanto más continúe el alza del dólar que estamos viendo por estos días, que también pega sobre otros muchos precios) son una fija pos octubre. El gobierno anda diciendo que no va hacer ningún ajuste. ¿Se le puede creer a los que en 2015 decían lo mismo y después aplicaron medidas de shock para favorecer a los empresarios más concentrados y a los buitres de la deuda? Por todo eso, y porque la política monetaria que viene aplicando el Banco Central para frenar al dólar y los precios (sin éxito) se ha convertido en otra bomba de relojería cada vez más difícil de sostener, la noción de que no habrá un nuevo salto de precios antes de fin de año resulta una quimera.

Alguien podrá señalar que muchos convenios incorporaron este año una cláusula de en prevención de que las pautas salariales pactadas sean superadas por la inflación. Esto fue presentado como "cláusula gatillo", pero es apenas un "compromiso" de volver a sentarse a negociar, y no un ajuste automático para compensar la inflación.

De esta forma, todos los factores parecen combinarse para producir un resultado de más, y no menos, pérdida de poder adquisitivo de acá a fin de año. Estando ante un gobierno empecinado en "modernizar" -lease flexibilizar aún más- las relaciones laborales, terminar con la "mafia" (sic) de los juicios laborales (es decir inclinar todavía más la cancha en favor de los patrones en la justicia), aumentar la productividad y atacar el "costo" salarial, que el salario sea una variable en deterioro está lejos de ser una sorpresa. Es un resultado buscado de la política para lograr la soñada "lluvia de inversiones".

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