Cultura

TEORÍA // IDEOLOGÍA

El marxismo y el Estado, ayer y hoy

El sábado 23 de julio se realizó la primera charla “Clásicos de Casa Marx” en Neuquén. A continuación, una síntesis de los principales debates.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Martes 26 de julio | Edición del día

Un público compuesto por trabajadoras de la educación, trabajadores de la salud, de la construcción, estudiantes secundarias, terciarias y universitarios se dio cita en Casa Marx para debatir sobre el clásico libro de Lenin, El Estado y la Revolución. Una parte de los asistentes habían desarrollado grupos de lectura y discusión del libro durante el verano y la primera mitad del año.

Esta fue la primera charla de un ciclo organizado por la comisión de debates de Casa Marx, para acercar a los trabajadores y la juventud y el público en general algunos de los principales textos clásicos del marxismo, para reflexionar sobre sus aportes para comprender la realidad actual y la práctica de la izquierda.

Partimos de la definición del Estado propuesta por Lenin como un “órgano de opresión de una clase por otra”, desde el surgimiento de una fuerza armada, separada de la sociedad y destinada a garantizar el orden. En ese contexto, se analizó el planteo y desarrollo de la cuestión del Estado burgués por Marx, haciendo hincapié en cómo el autor del Manifiesto Comunista fue complejizando sus definiciones a partir de la experiencia de la lucha de clases entre 1848 y 1852.

En el Manifiesto, Marx había definido al Estado moderno como “una junta que administra los negocios comunes de la burguesía”, así como había formulado la idea de que la única forma de terminar con el capitalismo era “la constitución de los proletarios en clase dominante”, que realizara una serie de “intervenciones despóticas” contra el derecho de propiedad, tales como la expropiación de las tierras, los bancos y las fábricas, el monopolio del comercio exterior, la constitución de una banca estatal única, etc.

Luego de la revolución de 1848, el surgimiento del proletariado moderno como un actor social diferenciado del pueblo en general, con reivindicaciones propias (el reclamo de la República Social), su represión por parte de la burguesía y el posterior golpe de estado del 2 de diciembre de 1851 protagonizado por Luis Bonaparte, el Estado francés sufre un proceso de transformaciones caracterizado por la concentración del poder político tanto como represivo, proceso que será seguido de cerca por Marx.

Esto tiene como consecuencia la formulación por Marx de un concepto específico para “la constitución de los proletarios en clase dominante”: la dictadura revolucionaria del proletariado, a la que hará referencia en una carta a Joseph Wiedemeyer, el 5 de marzo de 1852.

Marx concebía la dictadura del proletariado como un régimen transitorio a fin de garantizar el programa de superación del capitalismo que había trazado en el Manifiesto Comunista. El término “dictadura” que puede parecer “totalitario” en nuestros días, tenía un sentido totalmente diferente. Estaba inspirado en el ejemplo clásico de la antigua república romana, que ante circunstancias extraordinarias podía nombrar un “dictador” para conducir la república por un tiempo determinado, luego del cual la dictadura se terminaba. Lenin señala que esta “dictadura” del proletariado, es mil veces más democrática que cualquier democracia capitalista, ya que implica el gobierno de las mayorías laboriosas por sobre una minoría de parásitos como los patrones.

Fue en 1871, con la Comuna de París, primera experiencia de gobierno obrero de la historia, que Marx señalaría la forma concreta que podría asumir la dictadura del proletariado: un gobierno obrero que liquidó el ejército burgués y lo reemplazó por el pueblo en armas, instauró una cámara única de representantes que concentraba las funciones legislativas y ejecutivas, impuso que todos los funcionarios fueran revocables y ganaran lo mismo que un obrero, entre algunas de sus principales medidas. Luego de su aplastamiento, Marx y Engels sacarían la conclusión de que la experiencia de la Comuna había demostrado que la clase obrera no podía apoderarse de la maquinaria del Estado burgués y utilizarla para sus propios fines, sino que era necesaria su destrucción y la construcción de un propio aparato de estado proletario, rompiendo la maquinaria burocrático-militar. A las experiencias de 1848 y 1871, Lenin sumaba la de los soviets (o consejos obreros) rusos, como institución de la democracia proletaria, que unía las funciones económicas y políticas y podía ser la base de un Estado obrero. Analizamos también las diferencias entre la Comuna y los soviets como instituciones de democracia obrera propias de dos procesos distintos, destacando la característica del soviet como instancia de discusión de las cuestiones económicas y políticas simultáneamente, uniendo las figuras del ciudadano y el productor, que están divididas en la democracia burguesa.

Lenin destacaba estos desarrollos de Marx y Engels, contra los socialdemócratas que proponían llegar al socialismo a través del acceso al poder del Estado por la vía de las elecciones y sin una revolución pero también contra los anarquistas, que si bien compartían el fin último de Marx (una sociedad comunista, sin clases sociales ni autoridad estatal, ni trabajo forzado), pensaban que se podía hacer una revolución sin instituir un Estado proletario.

En este contexto, destacaba la perspectiva de Marx y Engels, que perseguía la extinción del Estado, pero explicaba que este proceso no podía realizarse sin una revolución. Es decir no se podía llegar a una sociedad sin clases ni autoridad estatal a través de una democratización del Estado burgués. Solamente un Estado obrero, surgido de las ruinas del Estado capitalista, podía crear las bases para un desarrollo socialista, el cual, una vez creadas las condiciones económicas para la liquidación de las diferencias sociales, daría lugar al comunismo, un régimen de productores libres asociados, en el cual cada cual aportase según su capacidad y recibiera según sus necesidades.

Luego de un breve descanso para tomar café y disfrutar de un nutrido buffet, analizamos algunos de los debates de los años ’70 que tuvieron un revival reciente a partir de las experiencias de formaciones políticas como Syriza y PODEMOS, que tomaban como referencias ciertas teorías como las de Poulantzas, que sostenía la posibilidad de un tránsito de la democracia al socialismo sin ruptura revolucionaria, a partir de una definición “amplia” del Estado, como “condensación de una correlación de fuerzas”, sin tener en cuenta su carácter de clase como rasgo clave para su definición. Destacamos en tal sentido que el hecho de que todo estado necesite tener una base de masas o algún tipo de consenso, no implica que deje de tener un carácter de clase, como puede constatar cualquier trabajador viendo cómo actúan los ministerios de trabajo, la justicia y la policía en los conflictos obreros.

Este primer encuentro de “Clásicos de Casa Marx” se estructuró alrededor de estos temas, con mucha participación de los asistentes, como parte del relanzamiento de las actividades de nuestra casa socialista de política y cultura, junto con el nuevo proyecto de la Izquierda Diario. El ciclo seguirá mes a mes, tomando para el debate otros textos clásicos del marxismo.




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