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El kirchnerismo se reperfila a la derecha

Con su llamado a abandonar las calles, Alberto Fernández cuestionó a la protesta social contra el ajuste en lugar de denunciar la represión de Larreta. Fue otro paso más de una larga serie de gestos hacia la derecha. La trampa de repetir la historia aportando al triunfo de un amigo de las corporaciones. Milagros no hay, por eso la izquierda propone otra salida.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Jueves 12 de septiembre | 13:46

Primero fue el aborto, pero no importó. Después la reconciliación con Clarín y las patronales del campo, pero tampoco importó. Más tarde Alberto apoyó la devaluación y prometió “honrar” las deudas con el FMI. Pero como había que ganarle a Macri, tampoco importó. Hoy vienen por la protesta social para enfrentar a quienes resisten en las calles.

Pero a diferencia del famoso poema, todavía no es demasiado tarde. Aún podemos cambiar el rumbo y enfrentar lo que está pasando y lo que viene.

Aunque para eso, es necesario antes mirar la realidad de frente y asumir una verdad. La dirigencia kirchnerista desde hace tiempo puso en marcha un operativo que repite una historia trágica en la Argentina: aquella de resignar las banderas progresistas bajo el argumento de votar al “mal menor” contra la derecha. El final, es conocido. El trágicamente recordado Gobierno de Fernando de la Rúa y Chacho Álvarez está en la memoria colectiva como testimonio de a dónde conduce este camino.

Recapitulando la historia

Son tantos los antecedentes, que elegiremos un comienzo arbitrario. Podría ser aquel día de noviembre de 2018, cuando la ex presidenta le dijo al poderoso movimiento de mujeres que vaya postergando sus banderas: "En nuestro espacio hay pañuelos verdes y también celestes", les avisó. La salud y la vida de millones de mujeres pasaba a ser un tema secundario. Poco antes Cristina les había pedido que “no se enojen con Iglesia”.

La historia siguió en los primeros meses de 2019. La batalla electoral comenzaba en muchas provincias del interior, adelantando la carrera presidencial. En esas peleas se anticipó que, contra el macrismo, el kirchnerismo no pelearía por una oposición progresista. Así fue como apoyó a muchos de los candidatos de la derecha peronista, como al amigo de Macri, Juan Schiaretti, en Córdoba, al ex sojero, menemista y privatizador Omar Perotti en Santa Fe, o al enemigo de las mujeres y la juventud Juan Manzur en Tucumán, entre otros.

Finalmente, las candidaturas nacionales confirmaron lo que se insinuaba. La elección de Alberto Fernández habló por sí misma. Fue todo un gesto designar como candidato a presidente a un hombre con pasado de funcionario menemista, legislador electo en las listas de Domingo Cavallo, amigo de las corporaciones que renunció al Gobierno de Cristina tras el enfrentamiento con las patronales del campo y con Clarín, para deambular luego por el massismo y el randazzismo, hasta volver con CFK después de todo ese rodeo.

Pero el hombre no está solo. La elección de sus acompañantes completa el cuadro. Junto con Alberto se sumaron referentes como Sergio Massa que le votó las leyes a Cambiemos y todos los burócratas de la CGT y la CTA que dejaron pasar los ataques de Macri estos años, entre otros.

Milagros no hay

A pesar de todo, Alberto Fernández arrasó en las PASO. Ante la pasividad de las cúpulas sindicales todos estos años, millones de personas encontraron en el voto al Frente de Todos la única manera posible de sacarse de encima al macrismo, un Gobierno odiado después de años de tarifazos, despidos y ajustes.

El Frente de Izquierda y de Trabajadores Unidad asumió (y sigue asumiendo) la tarea de decir la verdad. Milagros no hay: si Alberto Fernández tiene esa historia, esos aliados y hace tantos gestos hacia los poderosos, es porque va a gobernar para ellos.

Sus promesas de campaña son puro humo: si va a “honrar la deuda”, será a costa de más ajustes. Si opina que la devaluación a $ 60 es “razonable”, no gobernará para recomponer los salarios. Si se reconcilia con Clarín y las patronales del campo, será amigo de las corporaciones. Si dice que “no hay necesidad de avanzar tan rápidamente en la legalización del aborto”, postergará las demandas del movimiento de mujeres.

Y la última: si es amigo de los burócratas sindicales, estará en contra de la protesta social en las calles. Hace poco le había pedido a Héctor Daer que mantenga la paz social (como si hiciera falta pedírselo…). Pero mucho más grave aún: este miércoles no condenó la represión de Horacio Rodríguez Larreta a los movimientos sociales, sino que le pidió a los que luchan contra el hambre que abandonen las calles para no generar violencia, repitiendo un discurso derechista al estilo de Patricia Bullrich para reprimir. La Emergencia Alimentaria que vota el Congreso Nacional no es más que un paliativo que no resuelve ningún problema de fondo.

Es un anticipo de lo que vendrá: la política del Pacto Social entre Gobierno, burócratas sindicales y empresarios, siempre es en contra de los trabajadores. Al igual que en el pasado, esa idea busca evitar que las grandes mayorías salgan a pelear por sus demandas y, al que no le gusta, represión, como ya adelantó el Frente de Todos en Chubut mandando las patotas contra las maestras en lucha.

Contra ellos, el PTS en el Frente de Izquierda y de Trabajadores Unidad plantea otra perspectiva. Salir a las calles a apoyar todas las luchas; exigirle a las centrales sindicales un paro nacional activo ya y plan de lucha; y una serie de medidas de emergencia para que la crisis no siga hundiendo al pueblo trabajador, sino para que la crisis la paguen los capitalistas.







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