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El juez Sergio Moro ordena liberar al exministro de Lula y Dilma

En tan solo unas horas el exministro de Hacienda de Lula y Dilma, Guido Mantega, fue detenido y liberado, mostrando la esquizofrénica actividad del "Partido Judicial" brasileño.

Jueves 22 de septiembre | 15:27

El exministro de Lula y Dilma había sido detenido en la mañana de este jueves acusado de transferir dinero al PT en el marco del caso de corrupción en Petrobras. Curiosamente, el empresario que le transfirió el dinero no ha sido imputado aun.

La detención de Guido Mantega se realizó en un hospital de San Pablo en el mismo momento en que su esposa estaba siendo ingresada para una intervención quirúrgica.

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Pocas horas más tarde el Juez Sergio Moro, a cargo de la operación Lava Jato (que investiga los casos de corrupción en Petrobras), revocó la orden de detención contra Mantenga, tras considerar que el ex ministro de Hacienda cooperó con un allanamiento de su residencia y que su esposa fue sometida a una cirugía.

La actuación de Moro muestra el nivel de esquizofrenia que viene atravesando al "Partido Judicial", tensionado en torno a la velocidad y dureza con la que debe atacar a Lula (y al PT) en el camino de desgastarlo hacia las elecciones de 2018.

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El mismo Moro aceptó el miércoles iniciar un juicio contra el expresidente Lula en base a una serie de acusaciones que carecen de fundamentos y tras la presentación la semana pasada de una acusación que señalaba a Lula como el "principal jefe de una asociación criminal".

La detención de Mantega

La detención de Mantega es una nueva muestra de arbitrariedad de la operación judicial conocida como Lava Jato. Mientras lo acusaron de haber transferido dinero al PT, no imputaron en la causa siquiera a quien le transfirió el dinero, el empresario Eike Batista.

El fiscal Carlos Fernando dos Santos Lima realizó declaraciones televisivas después de la conferencia de prensa de la Operación Lava Jato en Curitiba, en las que dijo que la operación “es hoy una investigación del sistema de financiamiento electoral en Brasil”.

Pese a las aparentes buenas intenciones, detrás de esa declaración se esconde la arbitrariedad de la operación que avanza según la conveniencia política y no atacando de raíz a la corrupción. Un ejemplo flagrante de ello ocurrió este jueves, cuando encarcelaron a Guido Mantega en un hospital en el que esperaba la cirugía de su esposa. Sin embargo, quien le transfirió el dinero de la corrupción, el empresario Eike Batista, no está ni siquiera imputado en la causa. Una curiosa interprestación de la ley por los hombres de la ley.

La detención de Mantega se lleva a cabo a dos semanas de haberse consumado el golpe institucional contra Dilma Rousseff, y a tan solo un día en el que el controvertido Juez Sergio Moro aceptara iniciar un juicio al expresidente Lula.

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La detención del exministro de Hacienda se inscribe en el plan de la derecha golpista y los sectores del "partido judicial", que tiene como uno de sus principales objetivos debilitar la figura de Lula en vista de las elecciones presidenciales de 2018, mientras que mantienen en libertad a cientos de funcionarios golpistas acusados de corrupción. Ante este ataque sin embargo, Lula sigue sosteniendo su política de "oposición responsable" que implica evitar una radicalización en las calles, mientras negocia en los pasillos del “palacio”. Es la misma política de negociación con diputados, senadores y jueces corruptos que llevó a cabo durante los últimos meses y que terminó con la destitución de Dilma, la consumación del golpe y la asunción de Michel Temer como presidente de Brasil.

El doble estándar del “Partido Judicial”

No deja de ser curioso que mientras la justicia aceleró la detención de Mantega por haber desviado fondos hacia el PT, el empresario que le dio los mismos goce de los beneficios de la delación premiada.

El poderoso empresario Eike Batista, incluso después de quebrado, mantiene su influencia e impunidad. Puede aportar la información de que habría pasado millones a Mantega como simple testigo, sin estar implicado en la causa. Curiosa arbitrariedad de la operación judicial, que para fingir que no trabaja tan tenazmente por la impunidad como por el castigo, igualmente selectivos, encarceló a empresarios de la constructora Mendes Junios y de OSX, subsidiaria del conglomerado de Eike que habrían proveído los millones que Eike había arreglado con Mantega, que en aquella época era, además de ministro de Hacienda, el presidente del Consejo de Administración de Petrobras. En esa época, Petrobrás contrató el consorcio OSX/Mendes Junior para las plataformas que la operación tiene en vista.

El fiscal Carlos Fernando dos Santos Lima, autor de la frase que explica el foco selectivo, político de la Lava Jato, ahora promueve y articula descaradamente otra “innovación” de la operación: que los procuradores se apropien de parte del dinero resarcido. Como declaró en ocasión de la polémica con Teori Zavacki, juez de la Corte Suprema (STF) que abogaba por la restitución integral a Petrobras: “Los órganos de persecución se beneficiarían mucho del aporte de recursos para la adquisición de equipos y softwares sofisticados, esenciales en investigaciones modernas y eficientes”.

Pero no se trata de invertir solo en los organismos judiciales, ellos eligen cómo transferir los recursos, incluso garantizando las estratosféricas sumas que el juez Sérgio Moro y los fiscales han recibido mensualmente. El famoso juez gana más de 80.000 reales en algunos meses, cifra largamente superior al techo legal.

Son los ingresos de esta magnitud (más cercanos a los de Eike Batista) los que explican que dejen al empresario, que es una pieza clave del crimen que anunciaron por televisión, afuera de la causa. A los amigos se les permite todo, a los enemigos, la ley. Viejo dicho brasilero que se aplica hoy para la selección de empresarios y políticos que sustituyan un entramado de corrupción por otro, esta vez con el visto bueno del poder judicial.




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