Cultura

137° ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

El joven Trotsky: de la pasión por los libros a la Revolución

Nació un 7 de noviembre de 1879 en la aldea rusa de Ianovka. Con solo 26 años dirigió el soviet de Petersburgo. De muy joven abrazó las ideas revolucionarias.

Jazmín Jimenez

Lic. en Sociología / @JazminesRoja

Lunes 7 de noviembre | Edición del día

“Los sucesos de mi vida personal están de tal manera insertos en la trama de los hechos históricos, que es casi imposible arrancarlos de ella”.

El día que junto a Lenin dirigió la toma del Palacio de Invierno en 1917, León Trotsky cumplía 38 años. Parecía reafirmarse esa definición que el gran revolucionario ruso hizo en su autobiografía Mi Vida, al punto que la fecha de su natalicio se insertaba “en la trama de los hechos históricos” y los parias del mundo llegaban al poder en Rusia conducidos por el Partido Bolchevique. Sin embargo, el mismo Trotsky se encargó de afirmar: “El día de mi nacimiento coincide con el de la Revolución de Octubre. Los míticos y los discípulos de Pitágoras pueden sacar las conclusiones que quieran. No me di cuenta de esta curiosa coincidencia hasta tres años después de los días de Octubre.”

Vivió hasta los 9 años en el campo y su vida cambió sustancialmente cuando fue enviado en 1888 a estudiar a Odesa, lejos de su familia y de su hogar. Cuenta que el “deseo naciente de ver, saber, conquistar, encontraba su salida en esta infatigable absorción de textos impresos; mis manos y mis labios de niño estaban siempre tensados hacia el cáliz de la invención literaria. Todo lo que la vida debía darme luego de interesante, emocionante, de alegría o de tristeza, ya estaba contenido en las emociones de mis lecturas, alusivamente, como promesa, como un tímido y ligero esbozo al lápiz o a la acuarela”.

El séptimo año de la escuela lo realizó en Nikolaiev, donde comenzó su militancia. Esta experiencia le permitió tomar un contacto íntimo con los obreros de base mientras hacía sus primeros pasos en el camino de la revolución. Un año después de salir de la escuela, en 1898, fue detenido por el régimen zarista. Su Universidad fue la prisión, la deportación, la emigración.

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Mientras estaba en prisión las cosas empezaban a cambiar, los estudiantes se manifestaban, la socialdemocracia se fortalecía y se fusionaba cada vez más con el movimiento obrero. Las cárceles estaban abarrotadas de obreros. En la cárcel de Moscú se dedicó a avanzar en sus estudios teóricos, allí escuchó hablar por primera vez de Lenin y leyó su libro sobre el desarrollo del capitalismo ruso. En el otoño de 1900 fue deportado a Siberia y será en estas gélidas tierras cuando el marxismo se convirtió en la base de su concepción del mundo y su método de pensamiento.

Frente a la noticia de que en el extranjero se había fundado un periódico, Iskra, órgano marxista que se proponía construir una organización centralizada de revolucionarios profesionales, y al recibir el folleto de Lenin titulado ¿Qué hacer?, consagrado a examinar la misma cuestión, comenzó a organizar su fuga de Siberia para unirse a ellos. Cuenta que en el tren “Llevaba en la mano un tomo de Homero traducido en hexámetros rusos por Gniedich y en el bolsillo llevaba un pasaporte extendido con el nombre de Trotsky, que había escrito al azar, sin prever que este nombre permanecería conmigo para toda la vida”.

Luego de una larga travesía en trineo, trenes y barco en 1902 llegó a Londres y se sumó a la redacción de Iskra junto a Lenin y otros importantes dirigentes de la socialdemocracia rusa como Plejánov, Zasúlich y Mártov.

Sobre esos años recuerda “En la cárcel tuve que iniciarme en los estudios revolucionarios comenzando casi por el ‘abc’. Dos años y medio de encarcelamiento y otros dos de destierro me brindaron la ocasión de establecer las bases teóricas de una filosofía revolucionaria. La primera emigración fue para mí una alta escuela de política. Bajo la dirección de los mejores marxistas revolucionarios aprendía a contemplar los acontecimientos con el enfoque de las grandes perspectivas históricas y en función de las relaciones internacionales”.

Bolcheviques y Mencheviques

Al año siguiente, en 1903 en el II Congreso del POSDR (Partido Socialdemócrata Ruso) surgieron dos fracciones, cuyas diferencias parecieron girar en torno de cuestiones organizativas pero expresaban diferencias estratégicas. En la elección del Comité Central y del Comité de Redacción de Iskra, la votación dividió a los bolcheviques (mayoría dirigida por Lenin) y los mencheviques (minoría dirigida por Martov). Trotsky cuenta que “Cuando se celebró el congreso de Londres de 1903, una revolución era aún frente a mis ojos, en gran parte, una abstracción teórica. El centralismo leninista no procedía aún para mí de una concepción revolucionaria clara y meditada en forma independiente. Pero, la necesidad de comprender un problema y sacar todas las conclusiones indispensables fue siempre, me parece, la exigencia más imperiosa de mi vida espiritual”.

El II Congreso lo separó de Lenin durante varios años. Sin embargo, en sus reflexiones posteriores afirma que “Cuando considero el pasado en su conjunto, no me arrepiento de lo que sucedió. Regresé a Lenin más tarde que muchos otros, pero lo hice por mi propia senda, habiendo atravesado y meditado la experiencia de la revolución, de la contrarrevolución y la guerra imperialista. Gracias a estas circunstancias, volvía a él más firme y seriamente que aquellos de sus ’discípulos’ que, mientras vivió, imitaban al maestro, a veces de una forma incorrecta, en sus palabras y gestos; y que, después de su muerte, se revelaron como impotentes epígonos e instrumentos inconscientes en manos de fuerzas enemigas”.

1905: la primera Revolución Rusa

Manifestación en Petersburgo (1905)

Había comenzado el año con una huelga de los trabajadores de la fábrica Putílov que velozmente se extendió al resto de los trabajadores de Petersburgo. El domingo 9 de enero cerca de 200.000 trabajadores se movilizaron para pedirle al Zar Nicolás II mayores libertades públicas. El gobierno desató una feroz represión sobre la multitud en la que hubo cientos de muertos y heridos. “El domingo sangriento” fue el primer acto del proceso revolucionario abierto. Los tres meses más concentrados de la revolución de 1905 serán octubre, noviembre y diciembre.

La clase obrera exigía el fin de la autocracia, la separación de la Iglesia y el Estado, la amnistía para los luchadores presos y la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Fue al calor de esta huelga general política que surgió el primer soviet (Consejo) de Diputados Obreros. Se reunió por primera vez el 13 de octubre en la ciudad de Petersburgo y se convirtió en el centro dirigente de la actividad huelguística. Su representación se constituía en base a las unidades de producción que eran el nexo principal que existía entre las masas proletarias, se elegía un delegado cada quinientos obreros y su mandato era revocable.

Antes de que Trotsky llegara de Finlandia, el soviet estaba presidido por Jrustalev, un abogado joven, que no fue más que un personaje episódico de la revolución. Ocupaba la dirección pero no llevaba la dirección política. Jrustalev es detenido y Trotsky con sólo 26 años se convierte en presidente del soviet.

La huelga de octubre demostró la hegemonía proletaria en la revolución burguesa mientras la represión de la mano del Ejército y de los cosacos se aceleró cercando Petesburgo y arrestando a los miembros del soviet, entre ellos a Trotsky. El soviet de Moscú llamó a una huelga general intentando transformarla en una insurrección pero la ausencia de una alianza con el campesinado y la imposibilidad de hacerse de las armas para enfrentar al Ejército llevo a su derrota en diciembre de 1905 tras largas semanas de intensa lucha.

Una de las lecciones fundamentales que dejó esta importante experiencia fue la necesidad indispensable de que la clase obrera cuente con un partido revolucionario con la suficiente organización, experiencia, e influencia para lograr el triunfo a través de una estrategia para la toma del poder.

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Haciendo un balance sobre su propia intervención en esta revolución escribe “Retorné a Rusia en febrero de 1905, varios meses antes que los otros líderes emigrados... Entre los camaradas rusos no había uno sólo del cual pudiera aprender algo. Por el contrario, yo tuve que asumir la posición de maestro... La lucha me daba ocasión para aplicar por primera vez de un modo directo los fundamentos teóricos adquiridos en la cárcel y en el destierro, el método político asimilado en la emigración. Los acontecimientos que se desarrollaban no me tomaban desprevenido. Su mecánica no me era desconocida –al menos, así lo creía-; me parecía verlos reflejarse en la conciencia de los obreros y preveía en grandes líneas lo que sería el día de mañana. De febrero a octubre mi intervención en los acontecimientos tuvo un carácter predominantemente literario. En octubre me lancé a la gran vorágine, que representaba para mí la mayor prueba. Había que adoptar las resoluciones bajo el fuego del enemigo. No puedo evitar destacar aquí que logré tomarlas como determinaciones que se imponían por sí mismas. No me daba vuelta para saber qué dirían los demás, rara vez consultaba a alguien; todo se hacía apresuradamente... ya no necesitaba aprender como discípulo, sino como maestro. Cuando me detuvieron por segunda vez tenía veintiséis años. Ahora hasta el viejo Deutsch ya me consideraba como a un hombre, pues en la cárcel dejó de llamarme “muchacho” y me llamaba por mi nombre y apellido patronímico”.

Con 26 años había pasado por las cárceles zaristas, por la deportación en Siberia y por la emigración, dirigió el soviet de Petersburgo y además durante esos años formó definitivamente la idea que tenía sobre las fuerzas internas de la sociedad rusa y las perspectivas de la revolución en este país. Había desarrollado los aspectos esenciales de la teoría de la revolución permanente. Pero esto recién era el comienzo de su apasionante vida atravesada por crisis, guerras y revoluciones, y que en 1917 lo tendrá junto a Lenin como uno de los principales protagonistas de la revolución triunfante.




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