Juventud

RELIGION Y JUVENTUD

El infierno no está encantador

La influencia de la religión en nuestras vidas

Tomás Máscolo

@PibeTiger

Alicia Mella

Profesora en Letras

Jueves 16 de octubre de 2014 | Edición del día

Según el libro de Génesis, de la Biblia, el origen de todos los males, el surgimiento del pecado y la culpa, se remonta al jardín del Edén, al momento en el que Eva escucha a la serpiente demoníaca y desobedeciendo al mandato divino, come el fruto prohibido –siempre tan representado como una manzana roja en la cultura occidental.
Comer la fruta prohibida, para el cristianismo, es el origen de que la mujer dé a luz con dolor, y de que el hombre deba ganarse el pan de cada día con el sudor de su frente, a través del trabajo; además de la propiedad mágica del fruto de otorgar conciencia del bien y del mal a quien le comiere y a toda su descendencia, por los siglos de los siglos.

La moral que imparte ese texto, consciente o inconscientemente, han derivado en generaciones enteras de jóvenes sometidas/os a la influencia de la religión sobre sus vidas. En Argentina esto se traduce en miles de personas que crecen y viven con una culpa, que lejos de ser natural o heredada, es consecuencia de una educación y un Estado que no rompe relaciones con la Iglesia, como vimos en la nueva reforma del Código Civil.

Desde que vamos al jardín nos dividen en salitas rosas y celestes, si sos mujer te dan una muñeca y si sos un hombre una pelota. Somos niños, llegamos a nuestra adolescencia, y es en el descubrimiento de nuestra sexualidad donde la “culpa” e injerencia de la Iglesia son más evidentes.

Nos encontramos frente a la realidad de muchas personas que reprimen su sexualidad, sea heterosexual o no, por miedo a un castigo divino. Esto que parece ser una situación medieval, es muy actual, sobre todo en ciudades de las provincias, donde la Iglesia –tanto la católica como las evangélicas- tienen mayor poder. Contamos con una Ley de Educación Sexual muy progresiva, pero en las aulas de prevención para lesbianas no se habla, muchos menos de masturbación. Están vedadas cualquier tipo de exploración sexual, si las mismas no tienen un fin reproductivo.

Hombres y Mujeres "de bien"

El tema de la sexualidad es sólo uno de los aspectos en los que desde la Iglesia se inculca la culpa a los jóvenes. Si bien hay diferencias entre algunas iglesias evangélicas más conservadoras y otras más “liberales”, hay iglesias como que practican la costumbre aún hoy en día de quemar libros, CDs, películas que sean considerados pecaminosos. Hay libros como Ojos Abiertos, o Libéranos del mal – de Cindy Jacobs- y listas confeccionadas sobre cosas a las que deben renunciar los jóvenes para ser aceptados por Dios y la Iglesia. Estas cosas pecaminosas van desde escuchar a Arjona y Shakira, hasta escuchar bandas de Heavy Metal, y por supuesto los libros del ateo Karl Marx, son los primeros en caer en la volteada y la fogata, al mejor estilo de la Inquisición medieval.

En muchas iglesias como la de los Testigos de Jehová, a las mujeres no se las deja hablar o enseñar en público, atendiendo a lo que decía san Pablo en una de sus epístolas, y asimismo deben llevar la cabeza cubierta por un velo. Las mujeres deben también vestir sólo pollera, y en casos aún más extremos tienen prohibido el uso de maquillaje, alhajas y el teñido del cabello.

La injerencia de la Iglesia es tal en la vida de las mujeres que hay casos en los que integrantes de Iglesias saben (o hasta son partícipes) de abusos hacia jóvenes y niñas y niños, pero aconsejan a las víctimas que deben perdonar a sus abusadores. De esta manera se oculta y se calla el sistema patriarcal y se sigue fomentando poner a la víctima como victimario, debiendo poner “su otra mejilla”.

Mientras tanto el Papa en el Vaticano propone cambios cosméticos que lejos están de liberar de culpa al colectivo LGTBI, y desde el gobierno nacional, Cristina Kirchner fortalece día a día su alianza con la Iglesia de Bergoglio, en contra de los derechos de las mujeres y la juventud, negando el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, negando la implementación efectiva de la Ley de Identidad, y en definitiva negando la posibilidad de que la juventud viva libremente y sin culpas, decidiendo sobre sus vidas y cuerpos.







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