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HISTORIA ARGENTINA

El impacto de la Segunda Guerra Mundial en la Argentina

La historia del impacto de la Segunda Guerra Mundial en la Argentina es parte de la historia de las relaciones del país con el imperialismo. El 4 de septiembre de 1939 el gobierno argentino declaraba la neutralidad. Sin embargo, la exacerbación de la disputa entre los imperialismos no podía dejar de golpear sobre la Argentina, agudizando contradicciones que una declaración de “neutralidad” no podía zanjar.

Alicia Rojo

Historiadora UBA

Viernes 4 de septiembre de 2015 | Edición del día

Las clases dominantes nativas frente a la guerra mundial

Durante los años ’30, al profundizarse la decadencia del imperialismo inglés y al comenzar a florecer nuevamente la economía norteamericana a fines de la década, con el consecuente reforzamiento de su ofensiva sobre las naciones de América Latina, la rivalidad entre ambos imperialismos se trasladó a un primer plano en la Argentina, históricamente subordinada al primero. Esta situación provocó divisiones en la burguesía entre un sector necesitado de maquinarias, mercados y capitales, representado por los industriales y sectores cerealeros, que pretendían dar un vuelco hacia Estados Unidos, y otro sector vinculado a los intereses de los terratenientes y ganaderos, que buscará sostener la relación con el imperialismo británico. Estos procesos se agudizaron con el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

El presidente Roberto Ortiz era un radical “antipersonalista” opuesto a la corriente “yrigoyenista” en el partido y había asumido en plena “década infame” a través de los mecanismos eleccionarios fraudulentos que habían caracterizado la etapa. La declaración de neutralidad que dictó fue acompañada por intentos de acercamiento con el gobierno norteamericano, expresión de los cuales fueron también los planes económicos diseñados por el ministro de hacienda, Federico Pinedo, que buscaban lograr una mayor cooperación con Estados Unidos.
Así como en el plano interno las contradicciones que estos intentos generaron definieron que el Plan Pinedo no pudiera prosperar, la política internacional del gobierno también se vería sometida a las presiones de los intereses en buena medida contradictorios de los sectores de las clases dominantes argentinas y de las potencias beligerantes y sus intereses en la región. La intervención abierta de Estados Unidos en la guerra, en 1941, agudizaría aún más estas contradicciones.

Entretanto, la enfermedad del presidente Ortiz había obligado a su reemplazo por el vicepresidente, el conservador Ramón Castillo. Mientras, Estados Unidos aumentaba su presión sobre los países latinoamericanos; en los ámbitos diplomáticos internacionales, los representantes argentinos, plantearon sus reticencias a admitir el condicionamiento de la ayuda económica y militar a la cooperación con la política norteamericana en la guerra.
La “neutralidad” se transformaría en una política insuficiente. La exigencia de ruptura de relaciones con las potencias del Eje crecía entre amplios sectores de la “opinión pública” argentina en la medida que aumentaban también las presiones de los sectores nacionalistas, particularmente del Ejército, contrarios a la ruptura.

En la Conferencia Panamericana realizada en Río de Janeiro, en enero de 1942, la diplomacia argentina obstaculizó la ofensiva norteamericana por alcanzar la cooperación de los países latinoamericanos luego del ataque japonés de Pearl Harbor que desatara la intervención abierta de este país en la guerra. Como respuesta, EEUU impuso a la Argentina un embargo total de armas, la suspensión de los créditos y la reducción en el suministro de petróleo y maquinaria.
La neutralidad argentina no fue sólo desafiada por Estados Unidos, el 17 de abril de 1942 el petrolero Victoria cargado con lino fue atacado por submarinos alemanes a 300 millas de la costa estadounidense mientras navegaba hacia el puerto de Nueva York. Sin embargo, el gobierno de Castillo recibió el apoyo de los ingleses a quienes la neutralidad argentina ofrecía mayores posibilidades para garantizar el suministro de carnes al mercado británico y evitaba además una completa alineación argentina con Estados Unidos.

Así, en medio de la guerra y de las mayores tensiones interimperialistas, la semicolonia argentina y sus clases dominantes se encontraban cada vez más tironeadas, lo que a su vez aumentaba las tensiones políticas al interior del país.
A la par que profundizaba su neutralismo, el gobierno de Castillo decretó el estado de sitio y profundizó la represión; las manifestaciones a favor de los aliados se vieron afectadas, pero el blanco principal fue el movimiento obrero, destacándose el papel de la Sección Especial de la Policía Federal en el espionaje, persecución y detención de los militantes sindicales y políticos.

Las direcciones del movimiento obrero frente a la guerra

En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, el proletariado industrial fortalecido en los años previos volvió a dar un importante salto numérico. El inicio de la guerra asfixiaba aún más el mercado local obligando a un nuevo crecimiento de la industria en nuestro país. La necesidad de sustituir las importaciones bloqueadas por el quiebre del mercado mundial fue llevando, ya desde el año 1937, a un crecimiento de la producción industrial que por primera vez en la historia aportaba mayor valor que el sector agropecuario; los obreros industriales ocupados ascendieron a 900 mil.
Meses antes de la declaración de neutralidad de Ortiz se realizó el primer Congreso ordinario de la CGT. En ese momento, la central contaba con 280.000 afiliados, aunque los cotizantes eran unos 166.000; los sindicatos industriales dirigidos por los comunistas habían incrementado su fuerza y representaban cerca del 30% de estos cotizantes, mientras que el resto, con eje en los sindicatos ferroviarios y de servicios, pertenecía a gremios con conducción socialista o sindicalista.

Mientras el avance alemán en Europa era seguido con profundo interés a través de los diarios y la radio, formando parte de la realidad cotidiana de los trabajadores por aquellos años, se expresaban también en el movimiento obrero los debates que cruzaban a la sociedad argentina.
Con una dirección mayoritaria que proclamaba un pretendido “apoliticismo” la central no se pronunció claramente frente al conflicto internacional. Los dirigentes obreros del Partido Comunista, por su parte, reclamaron en el Congreso de la CGT una condena contra el nazismo y el fascismo y a favor de la democracia.
Sin embargo, mientras el Partido Socialista sostendrá una consecuente defensa de la democracia capitalista frente al fascismo, el PC dará una serie de virajes al son de los dictados del PC de Moscú.

Desde antes de la guerra el PC argentino había colocado el centro de su política en la denuncia contra el nazi-fascismo llegando incluso, en julio de 1939, a apoyar fervientemente un discurso del Presidente Ortiz en una cena con altos mandos militares resaltando su “neto contenido democrático y antifascista”.
Un mes más tarde, el PC giró abruptamente; ya no consideraba la guerra una lucha por la libertad y la democracia sino que la denunciaba como una guerra imperialista y declamaba contra el imperialismo yanqui: fue después de la firma del pacto de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética suscripto el 23 de agosto de 1939 por los cancilleres de ambos Estados, Von Ribbentrop y Molotov respectivamente.
El 22 de junio de 1941 Alemania invadió la URSS sin declaración previa y siguiendo un nuevo viraje de la política de Moscú, el PC argentino abandonó su anterior neutralismo para pasar a impulsar un acuerdo con los países aliados retomando su llamado a la defensa de la “libertad y la democracia” en una de las mayores expresiones de su política frentepopulista.

La situación internacional tensionaba las relaciones del país con el imperialismo y entre los sectores de la burguesía nacional; la clase obrera tenía la oportunidad de desplegar una política internacionalista e independiente denunciando el carácter imperialista de la guerra y la matanza a la que el proletariado europeo era arrastrado. Las direcciones mayoritarias del movimiento obrero o bien consideraron que éste no debía manifestarse frente a cuestiones “políticas” o apoyaron a los imperialismos “democráticos”; el PC, que se hacía fuerte en importantes sindicatos, sujetándose a los intereses de la burocracia estalinista a nivel mundial fue cambiando de posición pero siempre privando a los trabajadores argentinos de una política independiente de las clases dominantes y sus diversas expresiones políticas. Frente a ellos, perseguidos no sólo por el Estado sino también por los estalinistas, al igual que en todo el mundo, un puñado de militantes trotskistas procuró sostener una política de independencia de clases (ver El-trotskismo-argentino-frente-a-la-Segunda-Guerra-Mundial). Las políticas de las principales corrientes político-sindicales frente a la guerra mundial fueron expresiones de aquéllas con las que movimiento obrero argentino se vio obligado a enfrentar el complejo panorama de la posguerra que, con el imperialismo norteamericano hegemónico a nivel mundial, dio origen a novedosos fenómenos como el peronismo en nuestro país.






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