Internacional

FRANCIA

El gran temor de Hollande es la explosión de la juventud

El Ejecutivo francés en estado de alerta frente al impacto que puede generar el asesinato del joven estudiante Rémi Fraisse por la gendarmería en una marcha ecologista .

Viernes 31 de octubre de 2014 | Edición del día

La línea dura y anti ecologista del primer ministro Valls queriendo demostrar que no iban a ceder frente a la construcción de la represa de Sivens, podría volverse una crisis para su gobierno y del propio presidente Hollande. Éste buscaba hacer una demostración de fuerza para disuadir a los manifestantes y evitar crear un nuevo Notre-Dame-des-Landes, zona rural cercana a Nantes en el norte de Francia donde se proyectaba construir un gran aeropuerto y que fue suspendido por el anterior gobierno de Jean Marc Ayrault, luego de un gran movimiento de contestación y numerosas manifestaciones. Este discurso de autoridad fue la línea dada a los prefectos y la gendarmería que no dudaron en echar mano de todo para frenar a la manifestación del pasado fin de semana.

Pero como no podía ser de otra manera, la muerte de Rémi Fraisse se ha transformado en asunto de Estado: es la primera vez desde 1986 que un manifestante resulta muerto en el marco de una manifestación. Los signos de crisis política del gobierno se multiplican. Es que después de una falta de reacción alarmante habiendo tardado días el ministerio del interior en enviar el apoyo a la familia del joven, o el mismo miércoles Valls en la radio diese “todo su apoyo a los gendarmes, a los policías, que hacen un trabajo difícil y sufren de violencias”, el gobierno teme que la situación explote.

Rápidamente ha sacado algunos símbolos de apaciguamiento para tratar de bajar la tensión. El Consejo General de Tarn (sur de Francia, región donde se proyectaba construir la represa) va a examinar en su reunión plenaria de mañana la suspensión de las obras, a la que a la salida del Consejo de Ministros, la titular de Ecología, Ségolène Royal, anunció que el próximo martes va a reunir a todas las partes implicadas para encontrar una solución que justifique la inversión de fondos públicos y europeos en proyectos de este tipo. El ministro del interior, Bernard Cazeneuve, anunció por su parte la suspensión temporal del uso de “granadas ofensivas” en operaciones de mantenimiento del orden, que los gendarmes usan en Francia desde hace 50 años.

Sin embargo, la inquietud permanece al seno del gobierno por la continuidad de los acontecimientos y una eventual agitación general del clima social. Según informa el diario Le Monde: “‘El gran temor de Hollande desde el comienzo del quinquenato, es una explosión social, especialmente de la juventud. Si alguna vez Rémi Fraisse se convierte en un mártir para la juventud de Francia, se puede dar un cóctel altamente explosivo’, dice un funcionario cercano al jefe de Estado”. En un país donde desde el famoso Mayo Francés en 1968 en primer lugar, pero en innumerables ocasiones a posteriori como en 1986, 1995, 2006 por nombrar solo algunas de las más importantes, la movilizaciones estudiantil siempre actuó como un anticipo de grandes luchas obreras, el gobierno francés tiene motivo de estar alerta y preocupado.

Durante todos estos días, se vienen desarrollando pequeñas manifestaciones radicales en varias ciudades de Francia, una reunión inter organizaciones se ha creado y se llama para este domingo a la primer gran manifestación unitaria en París y otras ciudades de Francia.

Sin embargo, el verdadero test va a ser la vuelta de las clases (después de dos semanas de vacaciones) en los liceos y en las universidades donde no faltan motivos propios a su vez para que la mecha prenda. Una movilización en la juventud estudiantil podría crear otro clima social en el país dominado hasta ahora por los avances reaccionarios de la extrema derecha. Ya la movilización de los estudiantes de los liceos franceses por el "regreso a Francia" de Leonarda, la adolescente gitana kosovar expulsada cuando estaba en un ómnibus escolar, generó una de las primeras crisis y grandes temores de Hollande, que fue salvado por las vacaciones escolares que ayudaron a calmar el clima de revuelta.

Lo que ya está claro es que el drama de Sivens podría ser la estaca final sobre la imagen de la izquierda socialdemócrata en el poder, ya bien impopular.







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