Internacional

PRECARIEDAD LABORAL

El gran negocio de los call centers: precarios para siempre

Izquierda Diario ha publicado recientemente un artículo sobre la vida de una teleoperadora precaria que me inspiró para escribir estas palabras.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Sábado 19 de marzo de 2016 | Edición del día

Al leer el artículo de Soledad Pino contando su día a día como mujer trabajadora precaria a los 54 años me sentí muy reflejado. También trabajo como teleoperador. Hace unos días comencé a hacer un cursillo de formación en una gran plataforma de call center. Éramos una treintena de candidatos para realizar la atención al cliente de una importante empresa de energía.

Durante las dos semanas que duró el cursillo nos bombardearon con muchísima información: cómo son los servicios y productos, la operativa, el programa, la sonrisa telefónica, etc. Fueron 80 horas a razón de 8 horas diarias. Nos hicieron dos exámenes eliminatorios, obligándonos a procesar toda esa información en casa utilizando nuestro escaso tiempo libre.

Luego de felicitarnos por haber aprobado el último examen, comenzaron las presiones. Que la calidad de la llamada, que la venta cruzada, que el tiempo de llamada. Te dan las claves para manejar 10 programas al mismo tiempo. Te tiran al río y pretenden que seas un campeón mundial, sino… a la calle.

El negocio de los cursillos

La gran mayoría de estos cursillos no se pagan y el que se paga es apenas una limosna y el dinero te lo dan después del período de prueba, si lo pasas. Esta formación solo sirve para ser utilizada en ese servicio, es decir, este curso es parte del aprendizaje concreto de ese trabajo. Entonces, es algo por el cual deberíamos cobrar una nómina. Sin embargo está completamente naturalizado que no es así.

Pero no solo no nos pagan nada a los trabajadores. Sino que, además, cobran dinero por parte del Estado o de la misma Unión Europea. Por cada trabajador que participa en las formaciones, reciben dinero. Negocio redondo en este “exitoso proyecto empresarial”. No solo no pagan la formación laboral, sino que además cobran subvenciones.

Las ETT también comen del negocio

Como decía antes trabajamos para el departamento de atención al cliente de una importante empresa de energía. Lo hacemos a través de una empresa externalizada, que es la plataforma donde atendemos las llamadas. Y, quien nos paga es una ETT. Es difícil hacerlo más precario.

No solo cobramos la miseria de 7,5 euros brutos la hora por obra y gracia del Convenio del Contact Center. Sino que estamos contratados a través de una ETT, lo cual significa al menos dos cosas: que nos pueden despedir en cualquier momento por dos duros y que no tendremos vacaciones el primer año ya que están incluidas en los 7,5.

Estado español, país de call centers

En estos años de crisis, en el Estado español han aparecido plataformas de call center como hongos tras la lluvia. Muchos países europeos han aprovechado la caída en picado de los salarios para externalizar los servicios de atención telefónica. De hecho, muchos de los empleos temporales, precarios y de pocas horas, han sido creados bajo el Convenio del Contact Center.

Ilunion, Konecta, Atento, MST, Bosch, HP, y un inacabable etcétera habla de todas estas plataformas. Estas plataformas están conformadas centralmente por mujeres y jóvenes. También se han ido sumando inmigrantes y hombres que no encuentran otra cosa. Actualmente, hay más de 150.000 personas trabajando en el sector, casi el 1% de toda la fuerza laboral española. Y está creciendo a un nivel del 4% anual, sin llegar a su techo.

Este es el futuro de cada vez más amplias capas de trabajadores. El crecimiento que experimentan las grandes empresas se basan en una precariedad sin precedentes en años, con salarios en caída libre y unas condiciones laborales deplorables. Cuando las empresas ganan, los trabajadores perdemos. Es hora de invertir ésta ecuación y que los trabajadores ganemos. Para eso tenemos que organizarnos. Y luchar.






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