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El gran negocio de la privatización de la universidad

El Plan Bolonia, la Estrategia 2015 y el 3+2 forman parte de un proceso de privatización de la universidad pública. Existe una 'casta universitaria' que se beneficia directamente de él a cambio de apoyarlo y aplicarlo.

Pere Ametller

@pereametller

Jueves 22 de septiembre | 16:57

Foto: EFE

La última medida de la saga de contrarreformas universitarias de la última década es el llamado 3+2. Como hemos explicado en otros artículos, con este nuevo diseño de los planes de estudio se pasará a cursar tres años de grado y dos años de máster. Estos últimos vendrán a complementar la formación eliminada de los cada vez más desvalorizados grados, encareciendo aún más las titulaciones.

La medida coincide con el reciente ’boom’ de los másteres no oficiales y oficiales en universidades públicas y privadas. Estudios que pueden costar entre 3000 y 7000 euros en algunas comunidades, lo que puede llegar a elevar el precio de algunas carreras a más de 20.000 euros. El trasfondo de la cuestión no es, como se quiere hacer creer, si la universidad debe estructurarse en 4+1 o 3+2. Antes de la aplicación del Plan Bolonia teníamos diplomaturas de 3 años y licenciaturas de 5. La diferencia radica en el precio y la titularidad de quien ofrece los estudios.

Antes del ’tasazo’ del 2012, cursar cinco años de universidad costaba entre 3.000 y 4500 euros. Actualmente, dependiendo del grado de experimentalidad de la carrera, cursar cuatro de carrera y uno de máster cuesta entre 9.000 y 13.000 euros. Con la implementación de un año más de máster el precio se incrementara en un mínimo de 1.500 euros. Vemos así que los cambios de programa educativo son una excusa para elitizar las aulas, aumentar los precios... y hacer el “agosto” de algunos. Veámos quienes.

Por un lado, darle más espacio a los másteres abre mucho más la puerta al negocio de los másteres privados. Respecto a los oficiales, las universidades privadas, igual que con las carreras más demandadas, se aprovechan de la escasez de oferta pública para ofrecer ellos el mismo máster a unos precios substancialmente superiores, casi el doble.

Por otro lado, también en la pública hay quienes ven oportunidad de ganar dinero a cambio de este proceso elitizador. La tendencia que planeaba la Estrategia 2015 y que el 3+2 quiere imponer es la de una mayor ligazón entre las empresas y la universidad. Esta se concretaría especialmente en los másteres. La idea es que se abra las puertas de la pública, aún más, a la financiación privada, a cambio de adaptar los contenidos y planes de estudio a las preferencias de las empresas.
Los másteres propios que ofrece cada universidad pública son la gran puerta de acceso para el negocio de lo que podríamos llamar la ’casta universitaria’. Estos másteres cuestan el doble que los oficiales y al no estar sometidos a la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), entidad dependiente del Ministerio de Educación, tienen mayor posibilidad de estar ligados con los intereses de las empresas privadas.

La universidad en el Estado español sigue funcionando de forma poco democrática y transparente. La manera de progresar en ella tiene más que ver con tener un buen ’padrino’ que con los méritos académicos. Este aspecto endogámico y caciquil de la universidad hace que las líneas de investigación sean elegidas por unos pocos de esta “casta universitaria”. Estos pocos además tienen cada vez más estrecha relación con las empresas privadas interesadas en los másters y la investigación. Estos nuevos “mecenas” tienen una y mil formas de recompensar a estos pocos, desde contratarlos para cursos, charlas o seminarios a muy buen precio hasta otras medidas aún más opacas.

El enésimo ataque a la universidad pública, no es solamente un proceso de elitización y expulsión de miles de estudiantes, más de 127.000 desde el 2012. Se trata también de privatizar el saber. Es decir, por un lado se orientan los planes de estudio a aquello que les interesa a las empresas, dejando de lado la idea del conocimiento como un bien para la sociedad. Por otro lado, la entrada del sector privado en la investigación, no solo marcará que cuestiones investigar y cuáles no, sino que los resultados de dichas investigaciones serán sometidos a interés privado.

Todos los estudios que no reporten beneficios directos a las empresas, a la larga, tenderán a desparecer. Se pone en riesgo la autonomía de la universidad y la calidad, ¿Acaso alguien pondrá en duda que los resultados de las investigaciones que perjudiquen o no interesen a las empresas financiadoras de la universidad saldrán a la luz?

Está claro que este proceso no lo van a parar los rectores, decanos y demás profesores que componen la “casta universitaria”. Ellos mismos tienen cada vez más intereses lucrativos en la implementación de este nuevo modelo. Para muchos de ellos, dejar pasar los ataques privatizadores en la universidad, puede reportarles beneficiosos ascensos dentro la “casta” universitaria o fuera, entrando a formar parte de consejos de grandes empresas o instituciones gubernamentales.

Sin duda, es hoy más necesario que nunca dar una profunda lucha entre jóvenes y estudiantes, profesores precarios y personal no docente por la gratuidad de la universidad y porque las empresas queden por fuera de la universidad. Una pelea por una universidad al servicio de la clase trabajadora y de las clases populares que solo puede conseguirse mediante la lucha desde la base y cuestionando la globalidad del sistema universitario, empezando por la “casta” que lo gobierna.




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