Economía

ECONOMÍA

El gobierno de AMLO, ¿neoliberal o keynesiano?

¿Hasta dónde la implementación de políticas “heterodoxas” en el gobierno de Obrador puede significar que se ha cambiado de modelo económico en México?

Lunes 11 de febrero | 14:25

Los gobiernos “progresistas” o “posneoliberales” que llegaron al poder en América Latina durante la década pasada, vivieron un auge y una caída que ha devenido en profundas crisis económicas, políticas y sociales en distintos países. En muchos casos abriendo el camino al regreso de partidos o coaliciones políticas de derecha o abiertamente neoliberales.

Estos gobiernos tuvieron condiciones excepcionales debido al elevado precio de las materias primas (commodities) que les permitió otorgar una serie de concesiones a las masas durante un tiempo. Sin embargo, al no aprovechar para diversificar su economía y salir de la dependencia y el atraso volcando buena parte de los recursos al pago de la deuda externa y con fuertes entramados de corrupción entre funcionarios y empresarios nacionales, una vez terminado el ciclo de alza de precios internacionales de los commodities, regresaron a aplicar duros ajustes contra el pueblo trabajador perdiendo el apoyo de millones.

En el caso de México, los gobiernos del PRI y del PAN mantuvieron desde finales de los años 80´s una política económica estrictamente neoliberal, acatando los lineamientos que desde el Fondo Monetario Internacional y el Consenso de Washington se plantearon.

El gobierno de AMLO, ha planteado desde su llegada al poder que su política va a ser diferente de la neoliberal del PRIAN y que el Estado va a tener un rol importante que jugar en la economía; enfrentado a una situación económica internacional muy diferente a la que vivieron los gobiernos progresistas de la década previa y en el contexto de la presidencia de Donald Trump en el principal socio comercial del país, veamos cuáles son algunas de sus principales políticas económicas.

El desarrollismo y el keynesianismo de AMLO

Contrario a la política neoliberal que plantea que debe haber un achicamiento del Estado en términos de sus gastos y una desregulación de la economía dado que el mercado se puede autoregular, el nuevo gobierno ha señalado que es clave que el Estado sea un actor en la dinámica económica.

Una de sus políticas centrales tiene que ver con reorientar el gasto público para aumentar la política de tipo asistencial (becas). Esta es una política que, si bien también la llegan a utilizar gobiernos abiertamente neoliberales, va a caracterizar su administración. Su apuesta es lograr por un lado aumentar el consumo (mercado interno) y por otro intentar palear el enorme problema social que significa que millones de jóvenes no tengan un trabajo estable.

Otra característica del gobierno de Obrador es la de orientar la inversión a determinadas zonas o incentivar ciertas ramas industriales, esto a partir de garantizar la flexibilidad laboral y los bajos salarios, así como subsidios que en última instancia salen de los bolsillos del pueblo trabajador. Su política busca otorgar facilidades a capitalistas para invertir e intenta generar mayor demanda, como sucede con su política de crear Zonas Libres en la Frontera, mientras al mismo tiempo, busca desarrollar la industria nacional en algunas ramas como la alimentaria.

Por otro lado, la política de AMLO hacia el sector energético, principalmente hacia Pemex y hacia CFE, es intentar que estas empresas logren empujar el crecimiento económico. Contrario a la política neoliberal que busca privatizar las empresas paraestatales, Obrador intenta lograr autosuficiencia energética buscando dejar de depender de la importación de combustible y terminando con el negocio de la privatización/venta de la electricidad. Está es una política típicamente conocida como “desarrollismo”.

Neoliberalismo y variables macroeconómicas

Sin embargo, la política anteriormente señalada se intercala, con un manejo neoliberal del gobierno en distintos ámbitos, con el ortodoxo Carlos Urzua en la Secretaría de Hacienda mantiene aspectos centrales del neoliberalismo, veamos.

En primer lugar, el achicamiento del Estado es una política que todas las recetas neoliberales recomiendan, en el caso de Obrador, proyecta despedir más de 200 mil trabajadores del Estado en distintas dependencias, es decir dejar en la calle más de 200 mil familias que pasarán a engrosar las filas del desempleo lo cual tiene la consecuencia de empujar los salarios a la baja. El objetivo del gobierno sería reorientar el gasto hacia proyectos productivos y de asistencia social que ya mencionábamos, no obstante, esta enorme cantidad de despidos (5 veces lo que significó la desaparición de Luz y Fuerza del Centro), además de las consecuencias sociales, puede tener la contracara de deprimir el consumo y disminuir la demanda, lo cual, de combinarse con otros factores pueden empujar a la baja el crecimiento económico.

En segundo lugar, es claro que AMLO no busca confrontar el poder del capitalismo financiero con una política que afecte las transacciones especulativas en la bolsa de valores o que limite la repatriación de utilidades; Obrador se “cuadra” ante las calificadoras de riesgo, lo cual implica ser puntual en pagar los intereses de la eterna deuda externa e intenta mostrarse dócil ante la inversión extranjera directa e indirecta.

Por otro lado, el manejo del Banco Central (como dicta el FMI) se mantiene con una política independiente del gobierno y regulando la emisión monetaria para no causar inflación, subastando reservas cuando es necesario para que no se deprecie el peso y alineándose a la Tasa de Interés de la Reserva Federal Estadounidense para intentar no perder capitales especulativos.

Por último, el gobierno de AMLO no se ha pronunciado claramente por una política de tipo proteccionista o de sustitución de importaciones, como los gobiernos posneoliberales o desarrollistas acostumbran, en cuanto al comercio exterior, lejos de ello aceptó los términos de la negociación con Estados Unidos y Canadá en el llamado T-MEC.

Límites y contradicciones en el horizonte

Si los gobiernos posneoliberales en América Latina tuvieron un cierto margen para otorgar concesiones a las masas, el gobierno de AMLO se encuentra flanqueado por una compleja situación económica mundial de estancamiento y por un agresivo gobierno en la principal potencia imperialista con la que compartimos frontera.

En este marco, como hemos señalado en otros artículos del diario, una política “tibia” que busca gobernar para pobres y ricos tarde o temprano muestra sus límites.

Mientras sus políticas “progresistas” tienen un doble filo, por ejemplo, con el programa de becas a jóvenes que tengan su primer empleo ofreciendo mano de obra “gratis” a las empresas, pues el Estado se encargará del pago, otras políticas como la de “rescatar Pemex” tiene patas cojas pues no se plantea nacionalizar las áreas privatizadas mientras apela a que las empresas beneficiadas con los negociados con la CFE "voluntariamente" dejen de lucrar con la energía eléctrica.

Mientras tanto el choque entre las aspiraciones de las masas y la política del gobierno comienza a mostrarse en la frontera con las históricas huelgas que recorren Matamoros. Esto puede ser una postal de lo que vendrá y donde el gobierno de AMLO puede mostrar su verdadero rostro, y es que un gobierno que busque gobernar para ricos y pobres invariablemente termina gobernando para los ricos.







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