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¿El futuro es feminista?

Tres visiones sobre el feminismo y la forma en que este movimiento social, político y cultural se recrea. Debates, reflexiones y, sobre todo, preguntas incómodas que siempre vale la pena hacer.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Lunes 15 de enero | 18:59

El libro publicado en diciembre 2017 por Le Monde diplomatique, edición Cono Sur/Capital Intelectual reúne tres ensayos acerca de los debates (nuevos y viejos) del feminismo a la luz de la revitalización del movimiento de mujeres en gran parte del mundo, cuando parece que casi todo se ha vuelto “feminista”, incluido el establishment que ahora reza a los cupos y los medios de comunicación que exorcizan su misoginia con la autocrítica del lenguaje.

Atravesadas por el terremoto Ni Una Menos de 2015 en Argentina, con réplicas variadas en otros países, las lecturas de las autoras aportan reflexiones, hipótesis y preguntas sobre la vigencia de un movimiento con un sinfín de matices. Florencia Angilletta, Mercedes D’Alessandro y Marina Mariasch brindan tres enfoques diferentes, cruzados por un diálogo constante que emula la dinámica del propio feminismo y el movimiento de mujeres.

El feminismo no existe

“El feminismo no existe”, dispara Florencia Angiletta para iniciar un recorrido posible sobre el feminismo, tensado en “la grieta” que podría definirse entre la idea de que habría que destruir la palabra porque ya no representa nada y las posiciones que intentan sacralizarlo como horizonte único de las luchas de las mujeres.

Desde textos fundacionales como la “Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana” de Olimpia de Gouges en la Revolución francesa, pasando por El segundo sexo de Simone de Beauvoir, una de las “biblias” de la segunda ola como Política Sexual de la recientemente fallecida Kate Millet, para llegar al momento donde resuena la pregunta sobre si existe un posfeminismo.

Angiletta ensaya un apretado pasaje del feminismo reivindicativo que reclamaba al Estado al de la crítica a la sociedad patriarcal y a los varones. “Sistema sexo-género, patriarcado y falogocentrismo son tres maneras de nombrar y pensar el dispositivo de gestión social centrado histórica y conceptualmente en los varones”, nos dice Angiletta antes de presentar a las corrientes que cuestionan incluso los sentidos comunes del feminismo (liberal o neoliberal, podríamos agregar) como la heteronormatividad o el debate sobre el destino biológico.

A la luz de esas “grietas”, se despliegan los ejes problemáticos y debates del siglo XXI, desde el lugar de las mujeres en la esfera pública, la educación y discusiones de gran actualidad y alto voltaje sobre la prostitución

Si hay futuro

Mercedes D’Alessandro aborda uno de los debates que marcó los últimos años, cómo articular un punto de vista crítico en el feminismo, tomando la “agenda” del 99 % de las mujeres. A tono con la crítica que surgió en la crisis económica de 2008, que denuncia la desigualdad creciente que atraviesan las sociedades capitalistas actuales, dentro del feminismo también aparecen voces críticas con la perspectiva que parecía hablar en nombre de un supuesto “universal” femenino (blanco, de clase media, heterosexual y occidental).

Junto con la discusión acerca de cómo enfrentar la violencia contra las mujeres, aparecieron en movilizaciones y debates problemas como la desigualdad y los cruces que afectan las condiciones de la opresión de las mujeres. Como parte de esos debates, señala: “...es necesario entender que hay una cuestión de clase difícil de soslayar y que, tarde o temprano, pone límites muy claros a los intentos de hacer del feminismo un movimiento único y homogéneo”.

D’Alessandro destaca uno de los elementos clave de la brecha de género: el trabajo reproductivo, no remunerado y realizado mayoritariamente por mujeres. En su recorrido sobre este problema en el capitalismo, la autora toma varios de los planteos de Silvia Federici, una de las teóricas que ha analizado este tema. La incorporación de las mujeres al mercado de trabajo productivo, en condiciones de desigualdad, no supuso un reparto igualitario del trabajo reproductivo que representa, para Federici el “campo de batalla” de las mujeres. Un debate, demasiado extenso para abordar en esta reseña, que marca mucho más de lo que se discute las estrategias que hoy están en juego en el movimiento de mujeres.

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Alrededor de este debate, la posibilidad de una sociedad del postrabajo o el impacto de la robotización, resuenan preguntas que bien podrían ser parte de una agenda mucho más amplia de un feminismo, que a menudo, parece más tentado a reformar esta sociedad que a transformarla.

¿Queremos estar acá?

El ensayo de Marina Mariasch elige la incomodidad desde el comienzo y se pregunta para empezar si este libro debería existir. En un mundo que ha aceptado la “igualdad de género” (a secas y bien delimitada) como sentido común tolerado por el establishment político, los medios de comunicación y las clases dominantes, no está de más preguntarnos si queremos estar en los “espacios que nos otorgan” o ir más allá.

A través de su mirada sobre la presencia de las mujeres en los medios (ausentes o “papisas indiscutibles”), Mariasch introduce una reflexión necesaria cuando la integración de sectores de elite de los sectores oprimidos es una marca registrada de las democracias capitalistas. La ecuación se repite con otros colectivos oprimidos: una minoría de quienes eran discriminados y estaban excluidos del poder, de la “palabra pública” son integrados a condición de que no se cuestione ni se haga temblar la estructura.

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“Las mujeres llegamos a tapa de los medios exhibiendo atributos físicos, por peleas de histéricas, de peluquería, cuando se trata de debates políticos como víctimas de femicidios”, apunta Mariasch y agrega “En el caso de las escritoras, muchas veces de la mano de otras: ‘Mujeres que escriben’, titula la nota como si alguien hubiera levantado aquella piedra y hubiera encontrado bichos raros”.

Ausentes en los “grandes problemas de la política”, cosificadas o victimizadas en los medios; presentadas como “bichos raros” o “lo otro” en la literatura, todos signos de una sociedad donde la mitad de sus miembros sigue siendo oprimida por su género. La sofisticación de las formas hablan de la necesidad de preservar esa opresión que es funcional para el sostenimiento de esta sociedad y los espacios conquistados, de las luchas que dieron dan las mujeres, aunque los resultados deban seguir siendo criticados.

En el terreno de la literatura, Mariasch vuelve sobre preguntas que han tenido algunas respuestas pero sobre las que se sigue preguntando: ¿hay literatura o escritura femenina? ¿Sigue teniendo vigencia la idea de la “hermana tapada” de Virginia Woolf para explicar los obstáculos que enfrentan las mujeres que escriben? Aun cuando nos hagamos la pregunta en 2018, todo indica que sí porque el acceso a la educación sigue siendo desigual para la mayoría de las mujeres y esa mayoría todavía sigue dedicando demasiado tiempo al trabajo doméstico (sin mencionar los prejuicios culturales que intentan delimitar de qué hablan, qué escriben y sobre qué pensamos las mujeres).

Con tres enfoques y lecturas diferentes, ¿El futuro es feminista? invita a una reflexión que puede ser pensada desde múltiples puntos de vista, abarcar un universo heterogéneo de ideas, tan disímil y diverso como es el feminismo atravesado por las clases, las etnias, las culturas y las subjetividades. Hoy, cuando el principal desafío del movimiento de mujeres es tener una agenda para convencer a la mayoría de quienes luchan por transformar la sociedad de que su “agenda” es inevitable, lo único que no puede ser esa reflexión es indiscutible o sagrada. El día que el movimiento deje de hacerse preguntas, entonces, sí, ya no será solo una afirmación provocadora decir “el feminismo no existe”.








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