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MACHISMO Y MEDIOS

El feminismo aceptable según La Nación

Las causas prolijas del feminismo, una lectura particular de La Nación sobre las luchas de las mujeres.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Domingo 12 de junio de 2016 | Edición del día

En los días previos a #NiUnaMenos, otro diario amable con el gobierno, aunque con un estilo más “recatado”, publicó un artículo sobre la reinvención del feminismo. Diana Iruzta de La Nación hace un singular recorrido por lo que serían las causas del feminismo y el movimiento de mujeres en Argentina.

Con ese recorrido, La Nación da su versión de lo que sería un feminismo aceptable, sin las “severidades de la militancia clásica” y con “apertura a formas más porosas”. La lucha contra la violencia y el fin de la brecha salarial serían dos causas dignas del apoyo de la “opinión pública”.

Pero la omisión dentro del panorama positivo que presenta, descarta automáticamente causas igual (o más) de urgentes que no gozan de la bendición de “aceptable”. La ausencia más llamativa es sin duda la del derecho al aborto legal, exigido y apoyado por la mayoría de la población y negado hasta el momento por todos los poderes del Estado.

Hashtags ausentes, luchas silenciadas

Uno de los apartados se refiere a la fuerza de las redes sociales con el ejemplo de enorme repercusión de #NiUnaMenos y el más reciente #ViajoSola (relacionado con el asesinato de dos turistas argentinas en Ecuador en febrero de 2016). Incluso establece una relación interesante entre la potencia de las redes y la necesidad de movilizarse sin negar la poderosa interacción entre ambas.

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En Argentina, un país donde el aborto clandestino se cobra la vida de 300 mujeres al año, sería extraño que la demanda no formara parte del feminismo y el movimiento de mujeres. De hecho, es una de las causas más urgentes junto con la del fin de la violencia. Académicas, militantes, activistas, diputadas, diputados, profesionales de la salud, personalidades de todos los ámbitos se han pronunciado. A pesar de la negativa del Estado, que se mantuvo durante la década kirchnerista, existen proyectos parlamentarios que cuentan con el apoyo del Frente de Izquierda y algunas legisladoras y legisladores de otras expresiones políticas, y campañas por el aborto legal como la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto con más de 10 años de existencia.

En Argentina existe también el hashtag #LibertadABelen. Belén es una joven tucumana que llegó al hospital sintiéndose mal, tuvo un aborto la espontáneo y los profesionales la denunciaron por haberse realizado un aborto. Belén fue juzgada por homicidio agravado por el vínculo y condenada a 8 años de prisión. Existe una amplia campaña por su libertad.

Otra causa que condensa violencia física, institucional y clandestinidad, igual de ausente en el recorrido de La Nación: una adolescente wichi violada en Salta, a quien el Estado provincial le negó el derecho a interrumpir el embarazo producto de la violación (dentro del protocolo) y no le permitieron declarar por no hablar castellano. Para completar la fotografía macabra el fiscal salteño justificó el accionar de la Justicia diciendo “Si nos ponemos a hacer pruebas de embarazo ante cada violación, no terminamos más”.

El entramado de violencia institucional que representa la negativa a aplicar el aborto no punible y la prohibición a la mitad de la población de ejercer un derecho básico y elemental, como es decidir sobre el cuerpo propio, no son siquiera mencionados en las páginas de un diario publicado en un país donde se realizan medio millón de abortos al años y muere casi una mujer por día. ¿Existe causa más urgente que terminar con la clandestinidad?

Las causas más molestas

Algo similar sucede con la brecha salarial, sobre la que el mismo artículo elige un enfoque preciso y cuidadoso para no abrir más de lo necesario el debate sobre la desigualdad en las capas más amplias de trabajadoras, la pobreza o la precarización como fenómenos cada vez más “femeninos” (es decir, donde las mujeres son mayoría).

Lo más irónico es la mención del ministerio de Trabajo que se sumó con su propio GIF a la campaña #Rompamoseltechodecristal, mientras en Argentina se han eliminado decenas de miles de puestos de trabajo desde la llegada al poder de Mauricio Macri y que su gobierno se ha negado a tomar cualquier medida paliativa. Aunque nos esforcemos por ver el “lado positivo” de tal adhesión, como un reconocimiento de la discriminación que sufren las mujeres en todos los ámbitos laborales, incluidos los más altos, no es posible pasar por alto la elección.

Es claro que la versión oficial supera las intenciones de la campaña, pero es como mínimo llamativo el hecho de que el ministerio de Trabajo elija respaldar esta consigna cuando cerca la mitad de las mujeres que trabajan fuera del hogar tienen empleos no registrados. Es sin duda más cómodo para Jorge Triaca (h) “abrazar” una causa feminista justa, pero minoritaria, y con menos cortocircuitos que la consigna más desprolija de #BastaDePrecarización o el #PaseAPlantaDeLasContratadas (que afectaría a la mayoría de las mujeres).

¿Debemos concluir entonces que las causas ignoradas no son dignas del apoyo de la “opinión pública” como las otras? ¿O son poco domesticables? El recorte que elige La Nación no es ingenuo. Elige causas que son mucho menos molestas para el gobierno, el Estado (incluso para la Iglesia, ausente con elegancia) y la clase dominante. Las aristas más molestas como la consigna “El Estado es responsable” o la inclusión del derecho al aborto legal son borradas de la agenda que instaló #NiUnaMenos en 2016. Aprovecha para esto, una versión del feminismo más cool o en palabras de La Nación más “poroso” y con menos “severidad militante”. Esta versión extendida especialmente en Estados Unidos y Europa reduce las demandas elementales de igualdad a un esquema individual, eliminando el horizonte de transformación radical de la sociedad para poner fin a toda opresión.







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