Cultura

CULTURA

El eterno femenino de Rosario Castellanos

El Fondo de Cultura Económica publica en 1975 El eterno femenino como homenaje a Rosario Castellanos en el año internacional de la mujer.

Lunes 10 de abril | 21:17

Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.
Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.
Rosario Castellanos, “Meditación en el umbral” [fragmento]

Meses antes de su lamentable fallecimiento en 1974, Castellanos terminó su única pieza teatral El eterno femenino con el objetivo de llegar a cientos de espectadores (principalmente mujeres) sin importar el grado de nivel cultural que tuvieran; su principal objetivo era que las personas tomaran conciencia de las situaciones de opresión femenina expresadas en la obra.

Dos amigos íntimos de la escritora- la actriz Emma Teresa Armendáriz y el director teatral Rafael López Miarnau- fueron quienes le propusieron que escribiera una pieza teatral donde a través del humor se mofara de las ideas tan absurdas que en pleno siglo XX todavía dictaban cómo debería comportarse una mujer.

Castellanos acepta, no muy convencida dada la dificultad que para ella representaba expresarse a través de la dramaturgia, escribir una obra que manifestara lo que “es un ser mujer” en un mundo totalmente dominado por el sexo masculino. Es lejos de su país natal donde El eterno femenino ve la luz, lo escribe durante su estancia en Tel Aviv cuando desempeña el trabajo diplomático de embajadora cultural mexicana.

La ironía en tres actos

El libro es una crítica que hace la autora respecto a la idea de la feminidad. Caricaturiza a través de la protagonista, Lupita, la opresión milenaria que sufren las mujeres debido a su condición de género, la cual es gradual a causa de su condición de clase.

La obra se desarrolla en un salón de belleza, en este sitio se refleja un ambiente de libertad en el que las mujeres pueden expresar sus ideas, sus pensamientos, platicar entre sí sin la prohibición de sus padres o maridos; es aquí donde llega un agente de ventas a ofrecer un dispositivo electrónico que se coloca dentro de la secadora (cabe recordar que estamos en los años setentas donde las secadoras para el cabello son altas y las cabezas se colocan ahí dentro) para provocar los más insólitos sueños.

El agente de ventas expresa su temor (y el de su empresa) al pensamiento de las mujeres mientras dure el secado. Durante el proceso, éstas tienen tiempo de ocio y el ocio induce a dos etapas: al aburrimiento o al sueño, y el aburrimiento puede ser un arma poderosa para incitar al pensamiento.

Y es aquí donde comienza la crítica de la feminidad con las peripecias de Lupita horas antes de su boda. Lupita es una joven que, sin ser notificada, es la primera en probar el dispositivo, ella representa el prototipo de la mujer mexicana abnegada, quien sólo anhela el día de su boda para realizarse como mujer.

La obra se divide en tres actos; en el primero, Lupita es inducida al sueño “Luna de miel” donde se desmitifica la idea del matrimonio y la maternidad como única vía para el destino de las mujeres. Lupita aún no logra discernir entre la realidad y las visiones oníricas que acaba de presenciar, pero no le gusta la imagen de la esposa entregada donde no hay cabida para ser feliz.

En el segundo acto, aparecen mujeres que forman parte de la historia de México. Juana Inés, la Malinche, Rosario de la Peña, Josefa Ortiz, Carlota y la Adelita cobran vida para contar sus versiones paródicas de la historia y de sus vidas. A través de estos testimonios, la escritora denuncia a la institución de la familia, y lo que ésta conlleva: matrimonio, maternidad, abnegación, infelicidad, monogamia, como ente de dominación femenina.

En el tercer acto, Castellanos sitúa a Lupita en el siglo XX, donde, supuestamente, se habla de igualdad de derechos entre hombres y mujeres. La escritora utiliza cinco ejemplos de mujeres para demostrar que es una farsa la igualdad que tanto se alega, argumenta que las que no siguieron el prototipo de esposa abnegada, de madre amorosa, tienen otro destino: ser amantes o prostitutas, pero si existen mujeres que aún se resisten a los dos primeros prototipos, se encuentra un tercero: el de las profesionistas frustradas. Todas ellas en la penumbra de algún hombre.

Lupita, en quien vemos cambios graduales de su pensamiento entre actos, termina con la expresión “es que yo me iba a casar”, aludiendo que ya no está tan segura de hacerlo.

La ironía en un elemento transversal en esta obra, en cada línea se expresa el humor con el que la escritora se burla del machismo y la opresión que sufren miles de mujeres, evidencia que en el siglo en que ella vivió las condiciones sociales, laborales y económicas no eran las mismas entre hombres y mujeres, también, de manera sutil, subraya que tampoco entre las mujeres existían [ni existen] la misma igualdad de condiciones.

Argumenta que la opresión se ha expresado en todos los siglos, exhibe que las mujeres están hartas del concepto del “Eterno femenino” cuyo origen filosófico se remonta a siglos anteriores mas continúa su vigencia al considerar al género femenino como débil, pasivo, sin convicción, mero objeto de contemplación, sólo refuerza la llamada feminidad, misma que el movimiento de mujeres ha nombrado como un mito patriarcal más.

Utiliza la ironía como arma literaria ante la opresión del sexo femenino. Emplea este recurso para demostrar cuán inverosímil puede ser que en el siglo XX aún se dudara de las capacidades de las mujeres para desarrollar actividades fuera del prototipo de ama de casa ideal. En El eterno femenino encontramos a una Castellanos en plena madurez de su obra literaria. Sin embargo, en Tel Aviv, meses después de escribir su primera obra teatral, fallece en 1974 en un terrible accidente al intentar conectar una lámpara.

Aquí un ejemplo de la importancia de la risa, de la ironía, del humor que siempre empleaba Rosario ante la adversidad que por su condición de género llegó a padecer en un ámbito tan androcéntrico como lo es el literario:

No arremeter contra las costumbres con la espada flamígera de la indignación ni con el trémolo lamentable del llanto sino poner en evidencia lo que tienen de ridículas, de obsoletas, de cursis y de imbéciles. Les aseguro que tenemos un material inagotable para la risa. ¡Y necesitamos tanto reír porque la risa es la forma más inmediata de la liberación de lo que nos oprime, del distanciamiento de lo que nos aprisiona!
Rosario Castellanos, Mujer que sabe latín.

Imagen principal: revista Qualia, escena de El eterno femenino, montada por la compañía Expresión es Teatro, en noviembre de 2015.






Temas relacionados

Rosario Castellanos   /   Teatro   /   Cultura   /   Géneros y Sexualidades

Comentarios

DEJAR COMENTARIO