Política

POLÍTICA NACIONAL

El escenario después del discurso de Cristina Kirchner el #1M

La inauguración de las sesiones ordinarias y el discurso de la Presidenta. Las promesas, como la economía, están en recesión. Un nuevo giro pragmático en política internacional impulsado por los éxitos tácticos de la disputa interna. Una polarización a medida en un escenario electoral todavía abierto.

Fernando Rosso

@RossoFer

Martes 3 de marzo de 2015 | Edición del día

“El objetivo estará puesto en recuperar terreno en el año electoral” decíamos en la edición del sábado de La Izquierda Diario. Las casi cuatro horas de discurso que la Presidenta ofreció frente al pleno de la Asamblea Legislativa, el 1° de marzo confirmaron el pronóstico.

El primer dato que surge de la concentración es que, pese a contar con todo el aparato del Estado, en la calle el kirchnerismo apenas empató al 18F. Un hecho que confirma que el Gobierno no logra un re-encantamiento, más allá de su propia base y que los peligros de “autogolpe” (Carrió) o “golpe blando” (Carta Abierta) eran pura falacia de politiquería. La decadencia de la política burguesa lleva a que, como tuiteó el periodista Martin Rodríguez, “el siglo 21 se está tomando las palabras del siglo 20 para la joda”.

El Gobierno tomó nota del espaldarazo que significó la resolución del juez Daniel Rafecas rechazando de plano el pedido de imputación hacia la Presidenta, el Canciller Héctor Timerman y otros referentes próximos al kirchnerismo. Imputación que fue solicitada por Gerardo Pollicita, el fiscal reemplazante de Nisman en la causa por presunto encubrimiento.

La endeble denuncia de Nisman en la que se había montado una parte de la casta judicial, la oposición tradicional y las corporaciones mediáticas enfrentadas al Gobierno, sufrió un revés judicial de alto contenido político.

El eje fuerte del largo discurso presidencial estuvo en la contraofensiva política a partir del fallo Rafecas, mucho más que en los anuncios de medidas económicas (incluido el de reestatización de los ferrocarriles), en el marco de una economía con tendencias recesivas.

Apoyada en el fallo Rafecas, Cristina buscó cerrar la crisis gubernamental y estatal abierta por la muerte dudosa del fiscal Nisman, que igualmente está dejando secuelas, tanto en el régimen político como en el mismo Gobierno.

La economía y las cifras ausentes

En un primer artículo de análisis de Esteban Mercatante, que fue parte de la cobertura especial que hizo La Izquierda Diario el mismo día del acto, se rebaten gran parte de los "logros" y anuncios realizados por la Presidenta en materia económica.

Se desenmascara la parcialidad de un “desendeudamiento” donde el eje estuvo puesto en la caída de la relación deuda/PBI, obviando el aumento de los montos de deuda en términos absolutos y la enorme deuda interna del Estado nacional con el Banco Central y otros organismos.

Se demostró la otra cara de la reivindicación de “la jubilación mínima más alta de América Latina”, cuando la realidad es que el monto del haber mínimo desde marzo será de $3821, remuneración que percibe más de la mitad de los jubilados. Mientras la gran mayoría está muy lejos del 82% móvil que reclaman históricamente.

La Presidenta destacó también las reformas laborales y habló de 48 leyes que modificaron parcialmente algunas condiciones de trabajo, pero que sostuvieron lo esencial de las contrarreformas flexibilizadoras que se impusieron en los años ’90. y planteó el insólito “éxito” de que luego de casi 12 años de gobiernos kirchneristas, todavía existan 34% de trabajadores “en negro” y otro tanto en condiciones de precariedad laboral.

También hizo una enfática celebración de los acuerdos con China y una reivindicación del rol de ese país en la economía y la geopolítica mundial que no se animan a hacer ni siquiera los mismos líderes del gigante asiático. Estos acuerdos le permiten al Gobierno conseguir dólares en lo inmediato, pero prefiguran un mayor grado de dependencia y primarización de la estructura económica argentina.

La propuesta de reestatizar los ferrocarriles y la recisión de contratos a varias administradoras, tuvo un claro objetivo electoral (apuntalar la campaña de Florencio Randazzo), ya que por los subsidios o por la administración directa en el caso del Sarmiento, hoy los ferrocarriles están “semiestatizados”.

Sin embargo, hubo un índice que estuvo ausente entre la larga enumeración del discurso presidencial: el PBI en general y el industrial en particular.

Cristina subrayó que la inflación estaba contenida porque habían funcionado varios de los programas de control (como “precios cuidados”), pero la ausencia de una referencia a los números macro de la economía se debe a que el principal “programa exitoso” para contener la inflación fue la recesión.

De manera completamente desvergonzada negó los despidos en la industria automotriz, cuando todo el país siguió durante el 2014 la lucha de los trabajadores de Lear por su reincorporación y hubo despidos en otras plantas (Gestamp, Valeo de Córdoba). La cifra de los despidos es materia de discusión, no así su existencia efectiva (se manejan cifras de diferentes estudios que van desde los 200 a los 400 mil puestos de trabajo perdidos).

El objetivo de máxima del Gobierno es sostener los indicadores básicos de una economía en recesión y está imposibilitado de apuntar a una expansión (con excepción de cierto aliento al consumo) en el marco de un “modelo” en agotamiento, con la restricción externa y su manifestación inmediata: la escasez de dólares siempre latente.

La causa AMIA, Nisman y el “partido judicial”

El tramo dedicado a la muerte de Nisman y la causa AMIA fue uno de los más destacados de la intervención.

La Presidenta volvió a dar un giro pragmático, apoyada en la resolución de Rafecas y en la aparición de documentos que Nisman tenía guardados en la caja fuerte de su fiscalía, y que demostraban que en realidad “jugaba a dos puntas” viendo la posibilidad de negociar con el Gobierno. Según relató Cristina, en el documento salido a la luz -opuesto al que terminó presentando con la acusación de encubrimiento-, Nisman “reconoce textualmente que, si bien el memorándum no es lo mejor, persiguió el objetivo siempre de lograr que los acusados se sienten frente al juez de la causa en Teherán”.

Sobre la base de ese posible doble juego del fiscal que debilitaba aún más su acusación, y del fallo de Rafecas; la Presidenta cuestionó duramente tanto al Estado de Israel como a la Corte Suprema de Justicia.

“Siempre me ha llamado poderosamente la atención, todavía no puedo entender por qué el Estado de Israel reclama por la AMIA y no reclama por la voladura de su propia embajada”, afirmó en referencia a las autoridades israelíes.

Y aclaró que la investigación de ese atentado “es materia específica, excluyente y exclusiva de la Corte Suprema de Justicia de la Nación”. Un expediente que efectivamente duerme el sueño de justos desde hace muchos años en manos de los supremos.

En una extensa exposición sobre los intereses geopolíticos que cruzaron los atentados y la investigación, abrió nuevamente un abanico de hipótesis sobre los posibles autores y la historia de encubrimiento; pero con un duro cuestionamiento al Estado israelí en momentos en que hay un fuerte cruce entre las autoridades de ese país, los halcones republicanos y el Gobierno de los Estados Unidos, por el acercamiento de Obama a la República de Irán.

Así como la firma del “Memorándum de entendimiento” con Irán significó una aventura pragmática que cambiaba drásticamente toda su orientación anterior, no es descartable que este nuevo giro apoyado en “éxitos” tácticos internos, contenga también rasgos de aventura. Una de las características del ADN kirchnerista es la facilidad para “subirse al caballo” sobre la base de presuntos triunfos tácticos de cabotaje.

Metiendo el dedo en la llaga de las contradicciones del fiscal, Cristina afirmó que la zaga podría titularse “Nisman versus Nisman”.

Sin embargo, no recabó, en medio del entusiasmo de su exposición, que estaba dejando al desnudo sus propias contradicciones insalvables.

En la cadena nacional del 26/01, a una semana de la muerte del fiscal y cuando el Gobierno estaba absorto por la conmoción nacional y la crisis política, Cristina había asegurado: “digo esto para aclarar definitivamente que la designación de Nisman de ninguna manera y en ningún momento dependió del Poder Ejecutivo, simplemente porque constitucional y legalmente no lo podía hacer”.

Pero en el discurso de este 1º de marzo en el Congreso aseveró “a nosotros, que fuimos los que dotamos de recursos humanos, económicos, que venimos bregando desde el año 1996 por esta causa. A nosotros, que lo pusimos al propio fiscal Nisman al frente de todas las investigaciones, diciéndole todo lo que…, dándole todo lo que él pedía”.

La segunda parte de la zaga podría llamarse “Cristina versus Cristina” y en el desarrollo de los capítulos quedaría demostrado que el Gobierno fue el que “puso” a Nisman y entre los “recursos humanos” que le cedió estaba el mismo “Jaime” Stiuso. Dos hombres que a la vez operaban junto a agentes de la CIA y el Mossad.

La Corte y Malvinas

Pero además, la Corte cobró por partida doble. Cristina también sacó a relucir el fallo por el cual la Corte Suprema rechazó la posibilidad de investigar las denuncias por torturas y vejámenes sufridas por soldados a manos de sus superiores en las islas durante la guerra. El pedido había sido presentado por una asociación de excombatientes en 2007 y llegó hasta el máximo tribunal. La Corte desestimó el pedido en una resolución de tres párrafos, fechada el pasado 19 de febrero, y firmada por su titular, Ricardo Lorenzetti, y los integrantes del cuerpo, Elena Highton de Nolasco, Carlos Fayt y Juan Carlos Maqueda. Cristina exhortó a los excombatientes a ir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en un claro desafío al Tribunal Supremo.

Paradójico, el kirchnerismo no se cansó de reivindicar que uno de los grandes logros históricos fue el cambio de la Corte Suprema impulsada por Néstor Kirchner, una de las más destacadas obras de su ciclo político. Ahora, se retira acusando a la misma Corte por su pasividad (¿complicidad?) en la causa del atentado a la Embajada y de la AMIA y por desechar un reclamo de los excombatientes contra las cobardes cúpulas militares que intervinieron en Malvinas.

“Cristina versus Néstor” podría completar la trilogía de la serie kirchnerista.

Polarizar con las elecciones en la mira

Tomado de conjunto, el discurso tuvo el objetivo de polarizar “contra la derecha”, combinado con una especie de reedición nac&pop de la sentencia menemista del “nosotros o el caos”.

En este mismo sentido, el gesto jocoso hacia el diputado del PRO, Federico Pinedo, tuvo el objetivo de fortalecer la construcción del adversario a medida.

Hay una división de tareas de hecho o de derecho en la coalición kirchnerista, entre el ala “moderada” que representa Scioli y el ala cristinista que tiene varios precandidatos, entre los que sacó cierta ventaja, Florencio Randazzo. Cristina parece dispuesta a sostener su juego “bonapartista” y no rifar su capital político. Ya sea apoyando a uno que represente su “identidad”, pero que le asegura la derrota o a otro con quien podría aspirar a la victoria, perdiendo su ya difusa “identidad”.

A ambas fracciones les interesa levantar a Macri. Sin embargo, pese a quienes indican el ya seguro encumbramiento del Jefe de Gobierno porteño, basados en sus triunfos tácticos, la realidad es que el escenario sigue abierto.

El Gobierno sufrió el desgaste de la crisis (y del fin de ciclo en general), el macrismo viene logrando acuerdos en el interior, pero tiene un agujero negro en el distrito electoral más importante del país: la provincia de Buenos Aires. María Eugenia Vidal, no parece tener el peso, ni la altura para disputar en ese territorio. Massa, el más golpeado en los últimos tiempos, tiene su bastión en la provincia, pero prácticamente no existe en el resto de los distritos importantes.

Frente a este escenario abierto, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores ha logrado instalarse y consolidarse como un actor nacional y con mucho peso en varios distritos. Un peso que no es sólo electoral, sino que también representó una voz independiente en la crisis política. El desafío está puesto desarrollar su perspectiva, con las banderas desplegadas y la identidad política que le da su programa de estricta independencia de clase.







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