Géneros y Sexualidades

OPINIÓN

El escándalo de Daniel Scioli y el derecho al aborto

El ex gobernador volvió a ser noticia al anunciar que sería padre. Su ex pareja lo acusó de presionarla para que se realice un aborto. Doble moral, y un debate urgente que no admite dilaciones.

Sol Bajar

Editora de Géneros y sexualidades | @Sol_Bajar

Viernes 12 de mayo de 2017 | Edición del día

El ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, volvió a sorprender este miércoles en una entrevista realizada por la señal de A24, donde anunció que espera un hijo junto a su ex pareja, la modelo Gisela Berger. "Voy a ser padre a los 60 años y ojalá Dios me ilumine para ser un buen padre”, afirmó en el programa que conduce Jorge Rial. La semana, repleta de los escándalos difundidos por las secciones de chimentos de los más diversos medios, había incluido también la difusión de chats privados que el referente en campaña del PJ habría mantenido con la modelo Sofía Clerici. Sin embargo, la respuesta de Gisela Berger ante el anuncio realizado por Scioli en la TV, sorprendió más aún. "El quería que me haga un aborto", dijo, y desató un nuevo escándalo.

La foto y la realidad

La doble moral de Daniel Scioli no es sorpresa. Ya durante la campaña presidencial de 2015, mientras se sacaba la foto con el cartel de “#NiUnaMenos”, el referente del PJ-FPV afirmaba, con la frivolidad que lo caracteriza, que los casos de violencia contra las mujeres son una “cuestión familiar”. Así respondía por ejemplo ante la pregunta de la periodista Mercedes Ninci por las denuncias al entonces candidato e integrante de su lista, José Ottavis. Como si fuera poco, Scioli tampoco se sonrojaba al pronunciarse, por esa misma época, en su calidad de candidato a presidente de la Nación por el Frente Para la Victoria, “en contra de la legalización de la marihuana y en contra de la legalización del aborto", un derecho elemental que sigue siendo negado y que se cobra la vida de cientos de mujeres trabajadoras, jóvenes y pobres que no cuentan con los recursos suficientes para acceder a esta práctica, aún clandestina, en condiciones de salubridad.

La postura, sin embargo, no es privativa del ex menemista afín a los mandatos de Bergoglio y de la Iglesia. También la sostuvo por la misma época la entonces candidata de Cambiemos María Eugenia Vidal, quien más tarde, ya como gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, se negó a aplicar siquiera el Protocolo de Atención de los abortos no punibles. El presidente Mauricio Macri no se quedó atrás, y en una entrevista en la que fue consultado por la situación de la joven tucumana apodada “Belén”, afirmó que “ni pensaba” en despenalizar esta práctica.

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La enorme presión ejercida por la jerarquía de Iglesia Católica fue un factor determinante para que en todos estos años el parlamento se niegue a debatir, despenalizar y legalizar el derecho al aborto. El rumbo del actual partido gobernante no difiere en este punto del que mantuvo por doce años la gestión anterior: bajo su gobierno, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner se negó también a conceder este derecho e impuso sobre su bloque la “disciplina partidaria”. Tanto es así que, aún contando con mayoría en el Congreso, el Frente Para la Victoria evitó llevar al recinto el proyecto de ley presentado seis veces consecutivas por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto.

Para impedir este avance, del que depende la vida o la muerte de miles de mujeres, fueron en su apoyo la amplia mayoría de los partidos que entonces integraban la llamada “oposición”. Sin ir más lejos, como presidenta de la Comisión de Legislación Penal del Congreso de la Nación, la actual Ministra de Seguridad Patricia Bullrich (UCR-PRO), fue una de las figuras que encabezó esa alianza reaccionaria sobre la vida de las mujeres. Sólo el Frente de Izquierda mantuvo sin fisuras su apoyo a la iniciativa, y la defendió en el recinto y en las calles, participando de cada movilización.

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Esos mismos partidos, como denunció el entonces diputado Nicolás del Caño (PTS/Frente de Izquierda), actual precandidato a legislador nacional por la provincia de Buenos Aires, no dudaron ni un segundo en votar, con la bendición de la jerarquía de Iglesia, leyes tan reaccionarias como la del nuevo Código Civil, que aceptó sin vacilaciones la intromisión del Vaticano para limitar entre otras cosas el derecho al aborto. Como denunció en el Congreso el referente del FIT, “plantear el derecho al aborto y al mismo tiempo aprobar el artículo 19 que impuso el Vaticano”, es una verdadera hipocresía.

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Poco después, en ocasión de la última presentación de aquél proyecto, del que también es firmante, la entonces diputada Myriam Bregman (PTS/Frente de Izquierda) sostuvo desde su banca que “es inadmisible que las razones ‘personales’ y ‘religiosas’ de los gobiernos y funcionarios de turno se sigan imponiendo sobre la vida de las mujeres”. La actual precandidata a diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires agregó también que “trágicamente estamos presentando este proyecto con más de tres mil mujeres que murieron en la última década por una razón evitable”.

La vida de las mujeres vale mucho más que su doble moral y sus ganancias

Hoy, pese a que el proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto cuenta con decenas de firmas de diputados y diputadas de los diversos bloques, incluidos los diputados y diputadas de la izquierda, el debate sigue estando vedado en el Congreso, igual que hace doce años. Mientras tanto, la muerte de mujeres por abortos clandestinos, así como las terribles consecuencias que impone su criminalización, se han convertido en un alarmante problema de salud pública que urge resolver con su inmediata legalización. El grito de miles de mujeres que han salido a las calles a decir “Ni Una Menos” no puede ser desoído: sus vidas valen mucho más que las ganancias de los laboratorios farmacéuticos y clínicas privadas, que lucran con la clandestinidad, y muchísimo más todavía que los mandatos y la doble moral de la cúpula de Iglesia, los funcionarios políticos y judiciales, los gobiernos de turno y los partidos mayoritarios del oficialismo y la oposición.

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Como señaló Myriam Bregman este jueves desde su cuenta de Twitter, es necesario que este debate se dé públicamente, porque son miles las que siguen viviendo bajo la amenaza de morir por abortos mal hechos y porque la penalización de esta práctica solo empuja a las mujeres a sufrir las peores consecuencias de una interrupción realizada en circunstancias de ilegaliad: unas 60 mil mujeres llegan cada año a los hospitales públicos por abortos mal practicados, y la mayoría de ellas son mujeres jóvenes y pobres. Lo mismo sucede con las más de 300 mujeres muertas cada año por esta misma causa, que ya se ha convertido en el primer motivo de muerte de mujeres gestantes, según datos oficiales. Un femicidio cotidiano por parte del Estado.

Las marchas en apoyo a la joven Belén, que arrancaron su libertad y su absolución definitiva, así como la multitudinaria manifestación del pasado 8 de marzo, en el marco de un #ParoInternacionalDeMujeres, son un gran punto de apoyo para impulsar la más amplia movilización de cara al próximo 3 de junio, cuando se cumplirán tres años de aquel multitudinario pronunciamiento nacional que impuso en Argentina y en el mundo el grito de #NiUnaMenos, #VivasNosQueremos. La lucha por este y otros tantos derechos, que las instituciones del Estado, los gobiernos de turno, los partidos patronales y la jerarquía de la Iglesia siguen negando a las mujeres, tiene el enorme desafío de volver a ganar las calles con una gran movilización independiente de todos estos sectores, que se proponga arrancar también la inmediata separación de la Iglesia y el Estado y el postergado derecho a decidir y a no morir por la clandestinidad del aborto.







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