Política Estado Español

MEMORIA HISTÓRICA

El discurso navideño del rey causa quejas de asociaciones por la Memoria Histórica

“Una España donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas”. El nivel de franquismo entre líneas del discurso del rey de 2016 recibe una queja de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica.

Jorge Remacha

Sindicato de Estudiantes de Izquierdas, Zaragoza

Lunes 26 de diciembre de 2016 | 20:12

La Oficina del Defensor del Pueblo recibía este 26 de diciembre una queja emitida por la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) respecto a algunos de los contenidos del Mensaje de Navidad del rey de este año, al entender que "podrían atacar a los derechos de las familias de los 114.226 desaparecidos de la dictadura franquista".

Consideran que sus declaraciones contradicen la protección de los derechos humanos, ya que"es grave e inhumano negar a las familias de los desaparecidos de la dictadura franquista la posibilidad de dar sepultura digna a un ser querido"al hablar desde el posición de un Jefe de Estado de “tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas"

De ser así, todos los mensajes navideños de la Casa Real anteriores atacan la memoria de las víctimas del franquismo y sus familias y allegados, no sólo por correr a cargo de una monarquía restaurada y elegida como sucesores por Franco, sino porque también las alusiones a la desmemoria histórica en aras de la conciliación de clases son frecuentes en sus discursos.

Aunque los discursos navideños del rey ya no son alabanzas directas a Franco (como lo fue en el año 75), la monarquía sigue aludiendo en bucle cada 24 de diciembre a la unidad y estabilidad del Régimen resultante de la Transición, resultado de la connivencia con las viejas élites franquistas.

Tratando de presentarse como garante bonapartista de las “libertades y seguridad”, cada año se llena de orgullo y satisfacción para aparecer en la práctica totalidad de las cadenas televisivas, recordando las bonanzas del monopolio estatal de la fuerza y la negación de la autodeterminación nacional en el Estado Español, así como para manifestar su sensibilidad a uno u otro drama social con baja politización en la prensa desde un salón del Palacio de la Zarzuela y de forma que denota su desconocimiento acerca de dicho problema.

Este año no han faltado las alusiones contra el proceso soberanista catalán, (“ no es tiempo para fracturas, para divisiones internas, sino para poner el acento en aquello que nos une”) o las más habituales desde el inicio de la crisis, justificando los ataques a la clase trabajadora a la vez que animaba a “fortalecer nuestra cohesión social”, ya que “vivimos con la esperanza de la recuperación que ya hemos iniciado”. Por el momento, ningún miembro del PP ha acusado al rey de plagio por su discurso, pese a celebrar en éste la creación del actual gobierno.

Tras felicitar a las fuerzas armadas que “velan por seguridad dentro y fuera de España” o pedir “una educación que promueva el espíritu emprendedor” respecto a la reestructuración neoliberal de la misma, llegó el momento el discurso que suscita las críticas de las asociaciones por la Memoria Histórica: nadie debe agitar viejos rencores o abrir viejas heridas.

¿De qué viejos rencores habla? Los viejos rencores que aflorarían en la Revolución Española que se dio tras el 18 de julio de 1936, cuando los obreros y campesinos tomaron las armas para hacer frente al fascismo. Cuando tomaron las fábricas y las tierras y las pusieron bajo control obrero y campesino, para hacer así, de una vez los cambios que la II república, les había prometido falsamente en el 31. Los generados por la brutal opresión y explotación sobre las que se sigue sustentando este sistema capitalista frente a las palabras de una Casa Real que apoyó económicamente el golpe fascista y recibió la Jefatura de Estado del régimen de Franco.

¿Qué viejas heridas son? El asesinato de más de 110.000 desaparecidos aún sin localizar, la represión brutal a la que se sometió a los opositores políticos supervivientes o el exilio político y económico de centenares de miles durante la dictadura se cuenten entre ellas. Y sobre las mismas se edificó la Transición al actual régimen.

La Ley de Amnistía de 1977, apoyada por las principales organizaciones de izquierda (PSOE, PCE, UGT y CCOO), dejó sin castigo a los torturadores y asesinos franquistas, equiparó ambos bandos, igualando a víctimas y a verdugos, y no hizo nada para investigar los crímenes, desenterrar a los muertos y resolver las demandas de las víctimas. Así llegó la igualación de quienes ejercieron y quienes sufrieron cualquier tipo de represalia, esquema repetido hasta la saciedad en la educación obligatoria y la cultura de masas.

La fórmula de “las Dos Españas” enfrentadas y reconciliadas bajo la actualización democrática de los antiguos franquistas nunca había sido tan eficaz. Una forma velada de amenazar con el plan del núcleo menos aperturista del franquismo de retroceso de las libertades conquistadas.

Si la monarquía sigue hablando de no abrir viejas heridas es porque se mantiene sobre las mismas, al igual que este régimen heredero del franquismo, el cual es necesario derribar si se quiere asumir las demandas fundamentales que requiere una auténtica recuperación de la Memoria Histórica.




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