APOSTILLAS DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945

El discurso del 10 de octubre de 1945 y el Decreto 33.302*

Se han realizaron investigaciones, películas, ensayos, libros sobre ese acontecimiento clave en la historia de los trabajadores y del país. Pero algunos hechos y temas de esa jornada, de los días anteriores y de los meses posteriores, no son muy conocidos, difundidos o valorados por la importancia que tuvieron en el devenir de la historia de los trabajadores. Por ello, vayan estas líneas.

Viernes 17 de octubre de 2014 | Edición del día

Fotografía : Juventud Guevarista de Rosario

Los antecedentes de aquella jornada

Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, desarrolló una intensa actividad con los gremios. Pero, a fines de Septiembre de 1945, una crisis dentro del gobierno nacional, hizo que aumentaran los cuestionamientos a la labor que llevaba adelante.
El 10 de octubre, los intentos por solucionar la crisis se diluían. Un grupo de sindicalistas, se entrevistó con Perón y se decidió la realización de una concentración, para que se dirigiera a los trabajadores, anunciando su renuncia.

La calle Perú entre Victoria y Julio A. Roca, fue el lugar desde donde Perón pronunció su discurso de despedida. Fue en condiciones especiales: se convocaba para el mismo día, no dando tiempo a los opositores para organizar una respuesta; y se logró la transmisión por la red oficial de radios.

Se reunieron 70.000 trabajadores. Perón pronunció un discurso que no ha sido valorado históricamente. Resaltó las tareas desarrolladas desde hacía un año y medio por la Secretaría de Trabajo y Previsión. Pero, lo más importante y lo menos recordado fue cuando expresó: “También dejo firmado un decreto de una importancia extraordinaria para los trabajadores. Es el que se refiere al aumento de sueldos y salarios, implantación del salario móvil, vital y básico y la participación en las ganancias. Dicho decreto, que he suscripto en mi carácter de Secretario de Estado tiene las firmas de los ministros de Obras Públicas y de Marina, y beneficia no solamente a los gestores de la iniciativa –la Confederación de Empleados de Comercio–, sino a todos los trabajadores argentinos”.

El discurso entusiasmó a los dirigentes sindicales como a los trabajadores, y por supuesto, produjo la reacción en contrario de los sectores que se lo impugnaban. En la oposición se juzgaba “que ha sido un gravísimo error haber facilitado el micrófono, la tribuna y las radios, y que recién ahora puede evaluarse la peligrosidad de semejante agitador de masas”.

Lo que preocupaba a los empresarios, era la frase en que anunciaba que dejaba firmado un Decreto, con su contenido.

Los trabajadores ganaron las calles

Los acontecimientos después de la renuncia de Perón son conocidos, pero vale la pena recordarlos: entre el 10 y el 12, estuvo clandestino, el 13 fue detenido y llevado a Martín García, el 15 el presidente Farrell ordenó que sea trasladado a Buenos Aires por enfermedad.

El 16 de octubre, se reunió la CGT, luego de un debate de varias horas, se votaron dos mociones, y el resultado fue de 16 votos contra 11, a favor de la postura de declarar la huelga general el 18. A la vez, se aprobó por unanimidad un comunicado: "El Comité Central de la CGT declara la huelga general (…) para expresar el pensamiento de la clase obrera en este momento excepcional que vive el país y por las siguientes razones:

1) Contra la entrega del gobierno a la Corte Suprema; 2) Formación de un gobierno que sea una garantía de democracia y libertad para el país y que consulte la opinión de las organizaciones sindicales de trabajadores; 3) Realización de elecciones libres; 4) Levantamiento del estado de sitio. Por la libertad de todos los presos civiles y militares que se hayan distinguido por sus claras y firmes convicciones democráticas y por su identificación con la causa obrera, 5) Mantenimiento de las conquistas sociales y ampliación de las mismas. Aplicación de la Reglamentación de las Asociaciones Profesionales; 6) Que se termine de firmar de inmediato el decreto-ley sobre aumentos de sueldos y jornales, salario mínimo básico y móvil, y participación en las ganancias y que se resuelva el problema agrario mediante el reparto de la tierra al que la trabaja y el cumplimiento integral del Estatuto del Peón”.

Acontecería, luego la jornada histórica del 17 de octubre, con la gran movilización obrera y popular, marchando desde los barrios obreros, desde las fábricas, hacia la Plaza de Mayo. En Rosario, La Plata, Ensenada, Berisso, y en otros lugares, se dieron importantes movilizaciones populares.

Son muchas las interpretaciones del significado de esa jornada. Por nuestra parte, pensamos que esa movilización demostró la capacidad de los trabajadores para actuar en defensa de lo consideraban sus intereses, fue un rechazo a las formas aceptadas de jerarquía social y símbolos de autoridad, se dio en un tono dominante de irreverencia e irónico, con un sentido de alegría que caracterizó a los manifestantes, hubo un clima de “fiesta grande”, de murga, de candombe. Se partió desde los barrios obreros pasando por los barrios de la burguesía, con canciones y consignas insultantes para los ricos, se dio una recuperación del orgullo y la autoestima de la clase obrera.

Lo que vino después: La pelea por el decreto continuó

Los gremios siguieron movilizados. La lucha para que se hiciera efectivo el Decreto continuó por varios meses. El 11 de diciembre, se realizó un acto en Plaza de Mayo, convocado por la CGT, el sindicato de Empleados de Comercio y la Federación de Empleados Telefónico. El reclamo central era por la sanción del decreto.

Las movilizaciones y reclamos, dieron sus frutos cuando se dio a conocer el 20 de diciembre de 1945 el Decreto 33.302, por el cual se aumentan los salarios, se creaba el Instituto Nacional de Remuneraciones, cuya función era entre otras fijar el salario mínimo y se instituyó el sueldo anual complementario o aguinaldo. La medida provocó gran júbilo en las masas populares, indignó a los sectores patronales e incluso también a quienes ironizaban acerca del absurdo que significaba suponer que el año tenía trece meses, como expresaba Jorge Luis Borges. Se dejó en suspenso la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas.

La Asamblea permanente de la producción, la industria y el comercio. Lock out de tres días

La Unión Industrial y la Bolsa de Comercio coincidieron en sostener la ilegalidad de la medida y que era imposible aplicarla. Unos días después, más de dos mil delegados del Comercio, la Industria y la Producción se reunieron en la Bolsa de Comercio.
Allí se resolvió desconocer la medida e impulsar un lock out de tres días en todo el país del 14 al 16 de enero de 1946.

Los empresarios paralizaron el país durante tres días, mientras los trabajadores se movilizaban y realizaron varios paros reclamando que se respetara lo establecido en el Decreto 33.302 y se hiciera efectivo el pago del aguinaldo.

Con el correr de los días ante la firme respuesta de los asalariados, los patrones fueron aceptando lo establecido en el Decreto.

Una vez más habían chocado los intereses de empresarios y trabajadores.

*Estas ideas fuerza me fueron acercadas por el Dr. Horacio Zamboni, en los últimos meses de su vida. De sus estudios e investigaciones en torno al salario mínimo, vital y móvil, me comentó de la importancia para la clase obrera del discurso del 10 de octubre de 1945, y del Decreto 33.302. Aplicó esos conceptos en las paritarias con los aceiteros de Rosario (SOEAR) y luego en la Federación de Aceiteros.







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