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El desastre de Boeing o la crisis hegemónica en el corazón fabril de EE. UU.

Los dos accidentes del modelo B737 MAX el año pasado sumieron al fabricante de aviones en una crisis sin precedentes

Sábado 9 de noviembre | 00:57

Los dos accidentes del avión de media distancia 737 MAX, que mataron a 346 pasajeros y tripulantes, se convirtieron en un desastre industrial. Desde marzo, el 737 MAX se ha ido acumulando en los parkings de Boeing, lo que supone una pérdida financiera para la empresa. Es solo en el momento de la entrega cuando sus clientes pagan al fabricante de la aeronave y al fabricante del motor. A medida que crece el tiempo de inactividad del MAX, la factura se vuelve más pesada. Según algunos analistas, la suma podría alcanzar casi 18 mil millones de dólares, si se suman los montos pagados a los familiares de las víctimas de ambos accidentes, la compensación y las sanciones que el fabricante de la aeronave tendrá que pagar a las aerolíneas privadas por sus aviones. Estas aerolíneas ya han cancelado decenas de miles de vuelos y cierran algunos destinos por falta de aviones.

Peor aún, a pesar de las declaraciones optimistas del constructor sobre su nueva puesta en servicio, Boeing y su 737 MAX están inmersos en una crisis que parece prolongarse y empeorar semana a semana: enfrentamiento con la FAA, fecha de regreso al servicio que no se cesa de postergarse desde marzo, aumento de las investigaciones de las autoridades estadounidenses, disminución de su cotización en bolsa (que se había mantenido hasta hace poco), remoción de su CEO de su cargo como presidente, quejas presentadas por algunos pilotos de Southwest, etc. A lo que se agrega, en el último trimestre una caída significativa en las entregas. Mientras que Boeing entregó 190 aviones en el tercer trimestre de 2018, solo 63 fueron entregados a empresas clientes un año después.

Una crisis sin precedentes que muestra el nivel de descomposición capitalista

La catástrofe de Boeing es una crisis sin precedentes en la historia de este legendario gigante de la aviación, y tal vez incluso, en la historia de la aviación comercial y la tecnología aeroespacial (incluyendo sus aplicaciones militares). Su caso es ejemplar porque los accidentes de 2018-2019 así como la puesta en duda y luego la prohibición de vuelo del 737 Max, pusieron en evidencia innumerables faltas, irregularidades de producción, etc., Las mismas eran conocidas por los dirigentes de la empresa y dejados de lado por imperativos de rentabilidad, acentuando de forma infernal la actitud de arrogancia, la marcha hacia adelante en el error, la indiferencia por las víctimas, expresión viva del nivel de podredumbre que existe en el corazón del sistema capitalista , del cual Boeing es un representante perfecto. El analista económico de Le Monde sintetiza bien las tres “faltas” del gran constructor aeronáutico:

1) « Confianza en la máquina, primero. A la hora en que se afirma que la computadora es el único verdadero piloto de un avión, éste caso recuerda que los hombres se esconden detrás de los robots y que la negligencia de un programador puede provocar cientos de muertes. En este caso, el programa de mantenimiento automático de estabilidad de la aeronave se basó solo en datos de un solo sensor, mientras que la aeronave tenía dos y no daban los mismos datos de inclinación del aparato. Si bien Boeing ha estado fabricando aviones desde 1916, la compañía aún tiene mucho que aprender de la ergonomía de la cabina y la psicología de los pilotos. ¿Cómo reaccionar instantáneamente en caso de falla de la máquina y en pleno pánico? Teniendo en cuenta que el avión era solo una nueva versión del antiguo 737, se descuidó la capacitación en simulador porque se consideraba demasiado costoso”.

2) “Excesiva confianza en el sistema, a continuación. La Agencia Federal de Aviación de EEUU, la FAA, tampoco ha realizado su trabajo de certificación correctamente. Debido a la falta de recursos, delegó los controles a los ingenieros de Boeing, reduciendo el problema al nivel de la empresa, mientras ella está allí para garantizar la objetividad del examen. Como en todos los dominios económicos regulados (farmacia, nuclear, telecomunicaciones, banca, transporte...), el organismo de control está poblado por expertos necesariamente cercanos a los industriales”.

3) « Demasiada confianza de la empresa en ella misma, finalmente. Con su rivalidad con Airbus y su deseo de satisfacer a sus accionistas con tremendos resultados, Boeing no ha cesado de privilegiar la pista de las economías, segura de ser el campeón mundial de su sector. La arrogancia del primero de la clase y su obsesión con la velocidad y el rendimiento lo llevaron a descuidar todas las mejoras, consideradas demasiado caras, y las señales enviadas por los pilotos que probaron el avión. Rechazando la culpa del primer accidente a la competencia de los pilotos”.

“La hegemonía nace en la fábrica” y su declinación también

En el periodo ascendente del imperialismo norteamericano, el marxista italiano Antonio Gramsci tratando de comprender las razones de su superioridad, afirmaba: “El americanismo y el fordismo derivan de la necesidad inmanente de llegar a la organización de una economía planificada (...) el paso del viejo individualismo económico a la economía planificada”. Y plantea que EE.UU “para racionalizar la producción y el trabajo, combinó hábilmente la fuerza (destrucción del sindicalismo obrero de base territorial) - sindicatos de oficio, N de la R- con la persuasión (altos salarios, diversos beneficios sociales, propaganda ideológica y política muy hábil); se logró así hacer girar toda la vida del país alrededor de la producción. La hegemonía nace en la fábrica y para ejercerse sólo tiene necesidad de una mínima cantidad de intermediarios profesionales de la política y la ideología”.

Hoy, en día en el periodo de su declinación histórica es también en este terreno donde debemos indagar. Tiene razón Samsul Komar, el padre de una de las víctimas del accidente del Boeing 737 MAX de la aerolínea indonesia Lion Air, cuando afirma: "Somos personas comunes y corrientes, no entendemos los términos técnicos que usan, pero si me preguntas, yo diré que el error está en la planta de producción. ".

Efectivamente es en la fábrica y los enormes cambios generados en la misma para responder a las vicisitudes de la financiarización de la economía, así como de la agudizada competencia donde se puede apreciar la terrible caída de Boeing en dominios donde antes descollaba. Su experiencia en la producción industrial y su poder tecnológico para garantizar la calidad y la seguridad de sus productos, así como su estrategia en sus elecciones industriales a la vez que en su gestión; todo esto, que en este monstruo de la aeronáutica revelaba de un certitud casi metafísica se ha ido al bombo de forma catastrófica.

La reputación de este gigante aeronáutico se está disolviendo a una velocidad acelerada en una imagen dramáticamente dañada, arrastrando la decadencia de una confianza vieja de más de tres cuartos de siglo, tanto en los productos militares como en los productos civiles. Ya las agencias de notación están cuantificando (como si fuera posible) el alcance de la catástrofe que está ocurriendo ante nuestros ojos: para Standard & Poor’s, la crisis tendrá un “impacto duradero” en la reputación y rentabilidad de la firma. También mermará su posición competitiva y le dificultará mantener los fondos que destina de sus operaciones a reducir la deuda. UBS estima que puede perder hasta 8.500 millones en flujo de caja durante los próximos cinco años.

Un espejo de la crisis de hegemonía norteamericana

La enorme herida que el Modelo 737 Max-8 abrió en el flanco de lo que todo el mundo civilizado veía como un gigante invencible e intocable tanto del mundo aeroespacial como de la tecnología avanzada y de la seguridad de su empleo, a la vez como un baluarte de la seguridad nacional del imperialismo norteamericano y de su "ideal de potencia" y un emblema del gran capitalismo financiero e internacional.

De esta manera, Boeing y su caída en desgracia, se emparenta de forma incrementada a otros dominios de la crisis de la hegemonía norteamericana: un presidente “lumpencapitalista” (según la perspicaz definición de Samuel Farber), la violencia de la coalición mediática de los principales medios que se desata contra él después de su elección y su instalación en la Casa Blanca, la existencia de una fuerte polarización y división política y social por abajo, así como una inédita y ácida división en la cumbre del poder. Últimamente ha avanzado a desordenes considerables a nivel institucional y la posibilidad creciente de violencias públicas y de todo lo que este conjunto de elementos significan para el rol mundial de los Estados Unidos, como garante del sistema capitalista mundial.







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