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DEBATE

El desafío es generar electricidad sin gases de efecto invernadero

El capitalismo se desarrolló por más de 200 años quemando combustibles fósiles. El desafío para los trabajadores en el siglo XXI es reemplazar lo antes y lo máximo posible toda fuente de emisión de CO2.

Mariano Saleh

@duroms

Miércoles 28 de septiembre de 2016 | Edición del día

La generación eléctrica es sin dudas uno de los problemas más grandes de la sociedad capitalista y lo seguirá siendo, ya que se transformó en el estándar para el desarrollo de la vida. El capitalismo se desarrolló por más de 200 años quemando combustibles fósiles como carbón, gas y todos los derivados del petróleo, que le permitieron no depender de factores ambientales para el desarrollo de la vida cotidiana. Lo hizo y hace de manera indiscriminada, esparciendo masivamente los productos de la combustión (Dióxido de carbono -CO2- principalmente), que consecuentemente perturba la concentración de gases del planeta y cuyas consecuencias comienzan a verse.

Aunque parezca la central nuclear del Señor Burns no lo es. Es la central termoeléctrica de Candiota en Brasil y usa la misma torre de refrigeración

Esta nota pretende ser la primera de la serie para polemizar con el artículo anteriormente publicado en LID Energía nuclear y eólica: "herencia recibida" y deudas pendientes, de Andrés Arnone, y a su vez contra todas las corrientes ecologistas como Greenpeace que plantean una falsa disputa entre la energía nuclear y las energías renovables. Falsa dicotomía porque desvía el eje de discusión del cambio de la matriz energética: terminar con la quema de combustibles fósiles como fuente de energía hegemónica. Los accidentes nucleares – Chernobyl, Three Mile island y Fukushima – y sus graves consecuencias fueron usadas para atacar la técnica y no a los responsables de los desastres (las gestiones capitalistas y la burocracia de la URSS estalinista) y ocultando los resultados de los accidentes en centrales térmicas tradicionales.

Los miles de trabajadores de la electricidad y las ciencias atómicas organizados democráticamente, tomando el control de la industria y las investigaciones somos los únicos capaces de no repetir los errores de las gestiones capitalistas de los servicios públicos y avanzar en un manejo racional, eficiente, planificado y democrático de los recursos*.

Romper los prejuicios de la energía nuclear

En la Argentina semi colonial con una industria primarizada y sub desarrollada, hay una capacidad instalada de generación eléctrica de 17.000 MW de origen térmico. Como no se puede almacenar eficientemente, hay que consumirla al mismo momento que se genera. Esto hace que sea necesario contar con generación “de base”, o sea, usinas que puedan operar sin depender de condiciones externas, lo que solo se logra actualmente quemando algún tipo de combustible. Hoy por hoy solo los combustibles fósiles y los nucleares son tecnológicamente viables. La prioridad y el desafío es reemplazar los combustibles fósiles con otra forma de generación que permita reducir a la mínima expresión el volumen de emisiones de gases de efecto invernadero. El siguiente gráfico es muestra la tendencia creciente a las emisiones de CO2 solamente para energía.**

Aún la ciencia y la tecnología no han logrado eliminar la extracción de recursos minerales para transformarla en la energía que necesitamos para mantener la vida. Por el momento, sólo las usinas nucleares permiten llevarlo a la mínima expresión. Sólo 5 gramos de Uranio produce la misma electricidad*** que 810kg de carbón, 565 litros de petróleo y 480 m3 de gas natural, con el daño ambiental que produce actualmente extraerlos, transportarlos y refinarlos, sin contar con el impacto ambiental del fracking.

Aunque las centrales nucleares están lejos de ser la forma ideal de generación eléctrica, es preciso contemplarla como la principal alternativa a la hora de hacer planes para reemplazar las centrales térmicas. Las campañas anti-nucleares enfocan el problema de los residuos radiactivos, pero los residuos son el problema de cualquier actividad humana y a diferencia de cualquier otro tipo de generación eléctrica, los residuos nucleares tienen la ventaja de poder ser confinados en recintos controlados enterrados y cementados que ocupan poco espacio y el impacto ambiental es mínimo. Esta forma de disposición debe ser combinada con un control ejercido por organizaciones ambientalistas y de vecinos de la zona.

Hacia una matriz diversificada sin emisiones

Es necesario romper con esa pelea inventada entre la energía nuclear y las “energías limpias” ya que es funcional a la política de instalación de centrales térmicas que queman combustible fósil. Dos ejemplos bastan para graficar esta situación, la licitación para la instalación de 4.000 MW de origen térmico por parte del CEO-ministro Aranguren y el hecho de que Alemania, uno de los países líderes mundiales en desarrollo tecnológico, esté reemplazando centrales nucleares por térmicas como explicamos en Energiewende: ambicioso plan de reconversión energética en Alemania.

De lo que se trata, entonces, es de empezar a delinear un plan que permita reemplazar lo antes y lo máximo posible toda fuente de emisión de CO2 mediante una matriz que aproveche al máximo las posibilidades de cada región para la generación energética mediante diversas tecnologías, un sistema eléctrico que priorice un servicio de calidad y que tenga en cuenta los costos ambientales. Mientras nos organizamos para luchar por tirar abajo este sistema de explotación, nos permitimos soñar con que tecnología reemplazaríamos las que actualmente priorizan las ganancias empresariales y destruyen el medio ambiente, partiendo de lo más avanzado de la ciencia y la técnica del sistema capitalista.

*Los pueblos originarios suelen ser y siempre fueron desalojados e inundados para instalar represas, granjas eólicas y solares, minas, pozos petroleros, etc como sucedió en Belo Monte o Itaipú

**Los datos y las infografías se pueden ver acá http://www.cnea.gov.ar/Sintesis-Mercado-detalle

***Sin contemplar la recuperación de combustible nuclear gastado, que sólo las principales potencias como Francia y Japón realizan.







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