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El derrumbe del transporte en la CDMX, una pesadilla para los usuarios

El caos de transporte en la ciudad es una de las mayores adversidades para los residentes del Área Metropolitana. La corrupción y el deterioro son de las principales causas del colapso.

Viernes 4 de agosto | 12:19

Es común para los millones de usuarios del transporte público enfrentarse a las dificultades que representan su deterioro. En las recientes semanas, el metro fue noticia gracias a las múltiples fallas ocasionadas por el abandono de las unidades, mientras el metrobus se convirtió en el colmo de una crisis que afecta al 90% de la población de la ciudad que usa el transporte público.

El metro, en crisis

Desde hace años los trabajadores del metro denunciaron el estado de los trenes que diariamente transportan 5.5 millones de personas. Incluso alertaron sobre la necesidad de rehabilitar en su totalidad la línea 1, la cual colapsó la semana pasada ante las lluvias, cuando un cortocircuito impidió la marcha. El incidente reporto 35 intoxicados y obligó a los usuarios a abandonar el tren y caminar por los túneles.

Ante este incidente la respuesta del director del metro fue culpar a los usuarios por entrar en pánico y defendió el actuar ante la crisis respaldándose en el protocolo que dejo a los usuarios a su suerte ante la emergencia.
Como “respuesta” al problema afirmó que se repararan los sistemas de bocinas, que en el 80% de los trenes no funciona, y la repartición de altavoces para los jefes de estación.
Anunció además la adquisición de 10 trenes que empezarán a arribar el mes de agosto del próximo año, a razón de una formación por mes. Mientras tanto, los usuarios deberemos conformarnos con los convoyes en mal estado.

Mientras la línea 12 en su conjunto ha sido valorada como un desastre que sólo despilfarró recursos (mil 278 millones por su construcción y 623 millones por su reparación, un total de 1,901 millones de pesos) y creó una bomba de tiempo, el plan de desarrollo de la red está atrasado por más de 20 años, y sucumbe ante el sobrepaso de su capacidad y el abandono.

La línea 7, en la cual un vagón se incendió el 2 de agosto producto de un fallo en el sistema de frenado, fue parada en mayo pasado por sus trabajadores, por demandas salariales. Son continuos los reclamos obreros por la distribución de material, como uniformes necesarios para realizar las operaciones de mantenimiento, refacciones para los componentes del transporte o materiales para el aseo. Y aunque hace 2 días se anunciaron la creación de 700 plazas, las empresas de outsorcing siguen conquistando espacios para la operación del metro, pagando salarios irrisorios y contratando a sectores vulnerables como personas de la tercera edad.

Se alega que las concesiones para los espacios de venta y publicidad, así como los convenios con empresas como Mastercard para su operación no satisfacen la necesidad de recursos. Aunque Jorge Gaviño Ortiz (Director General) o Fernando Espino (Secretario General del Sindicato y acompañante en la campaña de Delfina Gómez en el Estado de México) fueron acusados múltiples veces de desvío de recursos.

El alza del pasaje a 5 pesos no representó ninguna mejora en el funcionamiento del metro. De hecho sirvió para la creación de un fideicomiso (que actualmente es de 2 mil 700 millones de pesos anuales) que dificulta la transparencia de su uso y aleja a trabajadores y usuarios respecto a cómo distribuir los recursos.

Muy lejos de ser el segundo metro más barato a nivel mundial, como se dijo ante el último aumento, es el más caro en relación al salario mínimo vigente de sus usuarios, el 4to con mayor número de usuarios y el noveno en extensión.

La falta de recursos es el chantaje con que se justifica la situación del metro: instalaciones con goteras e inundaciones, trenes que se incendian o tramos de vía que no son aptos para su operación, que ponen en riesgo a los usuarios que lo utilizan para ir al trabajo o la escuela.

El ´chiste´ del metrobus

Una respuesta a esta situación fue la creación del metrobus, otro de los transportes desbordados en capacidad. El metrobus puede fácilmente cobijar todos los demás medios de transporte de la ciudad, que ahora cuenta con 7 líneas. Algunas de ellas son sustituciones de obras no realizadas para la ampliación del metro como el caso de la línea 6 que corre desde Aragón hasta el Rosario.

La aún no estrenada línea 7 ya ocasiono dos fuertes dolores de cabeza a Mancera en sus aspiraciones presidenciales. Se volvió el colmo al no poder ser utilizada por personas que midan más de 1.70 metros, y ya sufrió su primer choque. Esto se atribuyó a un error del conductor por usar una ruta no planificada en su recorrido de prueba. ¿Es acaso también culpa del conductor la adquisición de autobuses que no son compatibles con la red conjunta? Autobuses que no cumplen con las normas ecológicas y que son vehículos rechazados por Inglaterra
Nuevamente se compró chatarra para transportar a los trabajadores.

Las rutas, colapsadas

Aun así, el 60% de los viajes en la ciudad lo realizan camiones, camionetas y autobuses que no cubren las necesidades de sus usuarios. El incremento en su costo producto del alza en los combustibles disgusta aún más a quienes los utilizamos, ya que el servicio no satisface, no es seguro y se encarece día con día.

Aunque se atribuyan a los operadores las condiciones del transporte, los patrones son los responsables. Ellos no se transportan en metro o en camión y no les importa si las unidades son seguras o apropiadas.

Son los múltiples desvíos de las arcas del metro lo que lo hunden en su desgaste. La proclama de la participación de la industria privada para rescatar los transportes mantiene colectivos cuyos conductores deben pagar cantidades exorbitantes por su alquiler, pagar los incrementos en los combustibles y enfrentar las consecuencias de los asaltos. Esto los obliga a competir con sus compañeros por “cargar pasaje”, su fuente de ingresos.

A eso sumemos las fuertes lluvias que también colapsan las vías de circulación, producto del mismo abandono de las calles y drenajes, con obras de pésima calidad y poco funcionales a las necesidades de transporte.

Por otra parte las condiciones de precarización crean fenómenos como el desplazamiento de las personas con menos recursos de los centros urbanos, haciendo que los trabajadores debamos recorrer mayores distancias hacia nuestros centros laborales. La mayoría de los usuarios del transporte público ocupan 2 o más medios de transporte para dirigirse a su empleo y ocupan más de una hora de traslado.






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