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OPINIÓN

El cuestionamiento a la monarquía hace temblar las estructuras del Régimen del 78

En las últimas semanas la Corona ha estado en el centro debate político. El debate adquiere un componente generacional clave. Los que sostienen a la corona y la necesidad de luchar por la apertura de procesos constituyentes.

Miércoles 31 de octubre | 08:19

Una encuesta interna realizada por Podemos publicada recientemente demuestra un claro rechazo mayoritario de la población hacia la monarquía. A la vez estudiantes de la UAM han anunciado la convocatoria de un referéndum en dicha Universidad, a la que comienzan a sumarse otras en Catalunya y Aragón, que tuvo una amplia repercusión en los medios de comunicación.

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No es casualidad la trascendencia de esta iniciativa, ya que pone en evidencia el claro componente generacional que tiene la desafección hacia esta institución. Por eso, aunque en general la popularidad de la familia real está tocada, entre la juventud existe un sentimiento de rechazo frontal aun más potente. Según la encuesta de Podemos, 6 de cada diez jóvenes tiene una visión negativa de la monarquía.

Pero si en estos momentos la Corona está profundamente cuestionada, ¿en qué o quienes se sirve esta para poder sobrevivir? La verdad es que apoyos no le falta. Uno de los más evidentes es el núcleo duro del capitalismo español, entre los que destacan los gigantes de la construcción. Estos hicieron grandes negocios en el extranjero a través de la mediación del rey, sobre todo de Juan Carlos I. Esta ligazón entre las grandes empresas y la familia real fue un negocio rentable para las dos partes. Ya es de conocimiento público que Juan Carlos I pasó de llegar sin apenas recursos al país a ser uno de los hombres más ricos de Europa.

Mención especial habría que hacer de la histórica relación de los Borbones españoles con la familia real de Arabia Saudí. Esta amistad entre las dos casas reales fue lubricada con petrodólares saudíes, de los que el rey emérito lleva décadas beneficiándose. Por tanto, la tan repetida formula de que el rey es “el mejor embajador de España en el extranjero”, lo que significa en realidad es que este es el garante de los intereses de las grandes multinacionales en varios países del mundo, incluidos en lo que existen regímenes brutalmente opresivos.

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Por otro lado, los principales partidos, que responden también a los intereses de las grandes empresas, siempre han mantenido una actitud ridículamente lacaya frente a la Corona, negándose a abrir cualquier mínima discusión sobre la monarquía. Esta lealtad es absolutamente transversal al conjunto de partidos integrados al Régimen. Va desde la exaltación exagerada de Pablo Casado, hasta la negativa del PSOE de abrir el debate llevando la iniciativa del Parlament catalán de abolir la monarquía al Tribunal Constitucional. Pero incluso desde la pata izquierda del Régimen, representada en estos momentos por Unidos Podemos, esta fue una cuestión de la que hasta ahora habían rehuido, llegando Pablo Iglesias a regalarle una colección de una conocida serie de tv al rey Felipe VI. En estos momentos parecen resituarse tímidamente al calor las evidencias de falta de apoyo popular de la monarquía.

Pero la monarquía también ha contado (y cuenta) con apoyos más o menos explícitos por parte de históricos burócratas sindicales. El caso más evidente es el del ex secretario general de CCOO José María Fidalgo que no oculta sus buenas relaciones con la familia real.

Esta defensa irrestricta de la Corona por parte del conjunto de los actores del Régimen también se ha podido ver en los principales medios de comunicación, con diversos editoriales posicionándose en contra de abrir el debate sobre la monarquía. Este nerviosismo generalizado se debe fundamentalmente a que la Corona como institución, no es una más. Tienen razón estos medios de comunicación cuando dicen que poner en cuestión la monarquía es algo que hace temblar las estructuras del propio Régimen del 78.

En primer lugar, pone en cuestión el relato oficial edulcorado de la Transición, según el cual el paso del franquismo a la Monarquía Constitucional fue un proceso excepcionalmente democrático y el Referéndum del 6 de diciembre de 1978 fue su consumación. La realidad, ocultada por los voceros del Régimen, es que el clima político que se vivió en esos años fue el de un constante ruido de sables por parte de las fuerzas armadas para que no se les escapara de las manos el control de la situación, a lo que se sumaba la acción desbocada de las bandas fascistas. Este chantaje al que los herederos de Franco sometieron a todo un país tenía varias líneas rojas sobre las que no estaban dispuestos a cruzar. Una era una antidemocrática Ley Electoral con un claro contenido de clase que daba mucho peso a las zonas rurales más fáciles de controlar en detrimento de las grandes ciudades en donde había un potente movimiento obrero. Otra de las líneas rojas era la cuestión de la propia monarquía, el legado de Franco que los dueños del país no iban a permitir que fuera sometido a ningún tipo de consulta popular. El ex presidente Adolfo Suarez se lo confesaba a Victoria Prego a micrófono cerrado, pues desde su gobierno eran conscientes que la mayoría popular prefería una Republica a la monarquía.

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El contubernio del 78 pone en cuestión la propia legitimidad del Régimen, que desde su nacimiento fue un engendro antidemocrático, aceptado por el PSOE y, lo más trágico, por el propio PCE, que abrazó el retorno de la monarquía y pacificó la calle a cambio de su legalización.

La propia Corona como institución está puesta al servicio de sostener y apoyar los negocios de los grandes capitalistas del Estado español. Muchos de los cuales han conseguido beneficios y privilegios millonarios gracias a la acción directa de la familia real.

La otra razón por la que la cuestión de la Corona es absolutamente estructural al sistema de dominación del capitalismo español es por su papel de árbitro dentro de las propias elites del país. De esta manera la monarquía siempre ha sido un elemento de autoridad para dar salida a las distintas crisis y choques dentro del mismo Régimen a favor de los intereses del capital imperialista español. Esto se vio claramente en por lo menos dos ocasiones: primero, durante la intentona del golpe de Estado del 23 F, primero promovida por la casa real y luego controlada para imponer una consolidación reaccionaria del nuevo Régimen; segundo, durante el otoño catalán de 2017, cuando la intervención de Felipe VI dio cobertura a la brutal represión contra el pueblo catalán que hizo su referéndum de independencia el 1-O, como a la posterior aplicación del 155.

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Por último, el cuestionamiento de la monarquía abre también la posibilidad de discutir sobre el conjunto de cuestiones que afectan a la mayoría de la población. Precisamente porque en las actuales circunstancias luchar contra la Corona es luchar contra quienes sostienen a esta institución. Por eso la lucha por una República solo puede darse en función de la movilización de amplios sectores de masas que rompan la resistencia del Régimen del 78 y los capitalistas. Una movilización que tiene que organizarse asumiendo que pelea por decidirlo todo, abriendo el camino al desarrollo de procesos constituyentes libres y soberanos en todo el Estado.

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