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El costo humano de los agrotóxicos

Pablo Piovano recorrió Entre Ríos, Chaco y Misiones fotografiando el drama de los agrotóxicos. Su ensayo fotoperiodístico se expone en el Palais de Glace hasta el 10 de abril.

Miércoles 23 de marzo de 2016 | Edición del día

El pasado 10 de marzo se estrenó en el Palais de Glace el sorprendente ensayo del fotógrafo Pablo Piovano El costo humano de los agrotóxicos. Piovano recorrió 6.000 kilómetros de diferentes ciudades, pueblos y zonas rurales de Entre Ríos, Chaco y Misiones, durante dos meses, con el objetivo de retratar el impacto que los agrotóxicos, pesticidas, anti malezas generan en los seres humanos. Quiso ser testigo de las consecuencias del uso excesivo de estos químicos, y para ello viajó a cada provincia, entrando en el hogar de cada una de esas familias afectadas.

Las personas afectadas habitan en zonas rurales, o pueblos, que están ubicados muy cerca de las zonas de fumigación. Muchas de ellas han trabajado en esas empresas, y otras son contaminadas a través del agua que beben, o el aire que respiran, como el caso de las escuelas rurales, las cuales han denunciado incansablemente que dejen de fumigar, ya que el viento transporta los químicos tóxicos.

Pueblos enteros son fumigados con los aviones aplicadores de agroquímicos, los cuales sobrevuelan los sembradíos, o por aplicadores terrestres conocidos como “mosquitos”, que transitan por zonas prohibidas como rutas o calles vecinales.
En 2012 se utilizaron 370 millones de litros de agroquímicos sobre 21 millones de hectáreas, el 60% de la superficie cultivada del país. Esto significó que, en una década, los casos de cáncer en niños y las malformaciones en recién nacidos aumentarán un 400 %, denunció Piovano en sus muestras fotográficas.

En Argentina se fumiga con glifosato, endosulfan, azatrina, cipermetrina, clorpirifos, y 2,4 D entre otros. El 2,4 D es un exfoliante y componente del agente naranja utilizado en la guerra de Vietnam. La mayoría están prohibidos en muchos países del mundo por su alto grado de toxicidad.

“Esta a la vista que a lo largo del tiempo y con el avance de la tecnología y la “civilización” hemos ido perdiendo la memoria de nuestra milenaria relación con la Naturaleza. Cuesta creer que buena parte de los alimentos de nuestra mesa cotidiana sean creados en un laboratorio y fumigados con químicos altamente tóxicos. Cuando supe de las cifras estremecedoras del costo humano decidí de manera independiente salir a documentar el impacto que los agrotóxicos están causando en la salud de los trabajadores rurales. En el viaje recorrí 6.000 km en dos oportunidades por el Litoral y el Norte de la Argentina. Según la Red de Médicos de Pueblos Fumigados con glifosato, el primer relevamiento dice que son 13, 4 millones las personas afectadas. Casi la tercera parte de la población total.

En algunas poblaciones y en menos de una década los casos de cáncer en niños se triplicaron, crecieron un 400 % los abortos espontáneos y las malformaciones en recién nacidos.

Pese a la contundencia de esa realidad, no hay información sistematizada a nivel oficial”, cuenta Piovano.

Fabián Tomasi trabajó durante años en tareas de carga y bombeo en una empresa de aplicación aérea.

Sufre polineuropatía tóxica severa y actualmente es tratado por atrofia muscular generalizada que lo obliga a estar postrado.

Estuvo en contacto con glifosato, Tordon, propanil, endosulfán, cipermetrina, 2,-4D, metamidosfos cloripirfos, coadyuvantes, fungicidas, gramozone, etc.


Jorge Salvador Guillaume fue banderillero, asistente de aplicación aérea de agrotóxicos. En el año 2007 contrajo carcinoma labial inferior. Fallecido

Oscar Smoje, director del Palacio Nacional de las Artes – Palais de Glace señaló:
“Pablo Piovano hizo un imponderable trabajo fotoperiodístico. El costo humano de la acción depredadora de la naturaleza llevada a cabo por la industria en la Argentina es doloroso; y no es novedoso. Así, la región nordeste hoy retratada por Piovano ya había sido depredada, tanto a nivel humano como medioambiental. En efecto, en las primeras décadas del siglo XX, el Gran Chaco ( Formosa, Chaco, Norte de Santa Fe, Santiago del Estero, y zonas de Salta y Tucumán) fue destrozado por la práctica de la explotación forestal llevada a cabo por las empresas de capital extranjero The Forestal Land, Timber and Railways Co y Las palmas del Chaco Austral S. A. Un film argentino y varios libros que racontan la historia de la clase obrera dan cuenta de la desertificación por un lado, y de la procreación de generaciones congénitamente malformadas producto de la subalimentación de esos obreros explotados por La Forestal, por el otro. Contemporáneo al costo humano del uso del glifosato en el nordeste argentino, las poblaciones cordilleranas del oeste argentino sufren por el derrame de cianuro de empresas mineras extranjeras como Barrick Gold”.

En Argentina no hay ninguna ley nacional que regule el uso de herbicidas a pesar de que el glifosato está prohibido en 74 países.

Es obligatoria la visita de esta impresionante obra. Se encuentra en exposición hasta el 10 de abril en el Palacio Nacional de las Artes- Palais de Glace, martes a viernes de 12 a 20 horas y sábados, domingos y feriados de 10 a 20 horas, con entrada libre y gratuita.






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