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CATALUNYA

El caso del 3%, versión catalana

Después de casi 10 años, conocemos la sentencia del Caso Palau. Negro sobre blanco ha quedado claro el sistema de financiamiento de Convergència (¿cuál será el del PDeCAT?).

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 15 de enero | 20:34

FOTO: EFE/ Quique García

La sentencia deja en claro que la antigua Convergència se financiaba ilegalmente cobrando comisiones del 3% (igual que el PP, ¡qué casualidad!). A través de triángulo, cuyo vértice clave era el organizado por Millet-Montull a través del Palau de la Música, Convergència Democràtica de Catalunya se habría hecho con comisiones de algo más de 6,5 millones de euros. Estas comisiones solo afectan a pagos realizados por Ferrovial entre 1999-2009.

La sentencia “reparte” años de cárcel y millones en multas. El caso de Félix Millet, quien está a la cabeza del grupo, le han dado nueve años y ocho meses con una multa superior a los cuatro millones. Su exsocio Jordi Montull, siete años y seis meses con casi 3 millones. Y, su hija y administradora, Gemma Montull, solo cuatro años y seis meses con 2,6 millones. A Daniel Osácar, quien fuera tesorero de Convergència, le han caído cuatro años y cinco meses de prisión por el cobro de las comisiones.

Ahora que ya está la sentencia realizada, los perjudicados por la misma tendrán la posibilidad de recurrir al Tribunal Supremo. Cuestión que por declaraciones realizadas es muy probable que así suceda. Por otra parte, la Fiscalía Anticorrupción es posible que solicite medidas cautelares. No es descartable que solicite prisión preventiva para los culpables o algunos de ellos.

Esta sentencia deja de lado un período enorme de tiempo y sólo afecta a comisiones pagadas por Ferrovial. Es poco creíble que estas limitaciones sean reales. Da para imaginarse, ¡cuántas más empresas han pagado comisiones para obtener obras públicas! Y, ¿en los años anteriores no hubo comisiones? El “Caso Palau” alberga muchísimas incógnitas sin respuestas.

La auditoría de Hacienda hablaba de 23 millones de euros que desaparecieron de las cuentas del Palau. De la investigación, aún hay 10 millones que no se sabe en que se gastaron. Hay otra auditoría realizada por Deloitte que sube el desfalco hasta los 35 millones. Esto es tan solo la punta de un ice-berg que quien sabe si algún día podremos llegar a conocer.

Las lágrimas de cocodrilo de Artur Mas

Artur Mas, a poco de conocer la sentencia, se despachó indicando que la sentencia ha sido más “dura” de lo que esperaba. Y, que el partido, CDC ya había pagado suficiente. El delfín de Pujol se preguntaba “¿Qué responsabilidades políticas puede haber más, cuando el propio partido ha desaparecido?” No se puede llamar desaparecer a un cambio de nombre. Convergència continúa en el PDeCAT, prueba de ello es la continuidad que dio Artur Mas como Presidente de las formaciones.

El veterano líder catalán explicaba que la antigua Convergència estaba siendo atacada por participar del movimiento soberanista. Sin duda alguna hay algo de cierto en el comentario. Mientras Jordi Pujol se llevó bien con el Rey o Aznar hablaba en catalán en la intimidad, no salieron a la luz ninguno de estos casos. Incluso hubo en el caso de “Banca catalana” recibió alguna ayudita del Régimen de 78 y de los medios de Madrid.

Los casos comenzaron a salir, aunque en cuenta gotas, cuando Convergència y el clan de los Pujol no hicieron “lo suficiente” para parar el movimiento democrático catalán por la autodeterminación. Cuando Madrid se sintió traicionada comenzó lo de la fortuna de Pujol, el caso del 3%, el caso Palau, etc. Pero todo esto fue en cuentagotas, porque Pujol amenazó con hacer caer a unos cuantos más junto con su familia.

Seguramente, Jordi Pujol y Artur Mas están añorando aquellos viejos tiempos en que podían hacer negocios (léase cobrar comisiones) con el resto de las grandes empresas del estado español y Catalunya.

Aunque la mona se vista de seda…

La antigua Convergència tiene todas sus sedes embargadas a cuenta del dinero que se llevó por comisiones. También tiene sus mochilas cargadas de más casos de corrupción en progreso. Algunos “secretos” como el de Banca Catalana y las relaciones “carnales” entre Pujol y Juan Carlos. Además de la privatización de muchos servicios y décadas al servicio de los grandes empresarios. Todo esto no se puede borrar de un plumazo.

Hace tan solo un año y medio, el 8 de julio de 2016, la antigua Convergència acabó muriendo, pero no de “muerte natural”. Fue asesinada por ella misma. Y, decidió cambiarse de nombre. Desde esa época se le conoce como PDeCAT, Partit Demòcrata Europeu Català. Se puede reconocer, porque siguió siendo liderada por Artur Mas, quien otrora fuera el delfín político de Jordi Pujol (y muchos dirigentes pasaron de una a otra formación).

El PDeCAT es un partido que se ha construido de urgencia para tratar de poner una nueva fachada ante el palacio en ruinas de Convergència. La confesión de su exlíder Jordi Pujol, de tener una fortuna en el extranjero, los múltiples casos de corrupción y el ascenso de un amplio movimiento social por la autodeterminación, fueron las causas para que la antigua CDC decidiera cambiarse, pero solo pudo cambiarse la fachada.

Cabe recordar que Artur Mas renunció la semana a la presidencia del PDeCAT precisamente porque estaba por hacerse pública la sentencia del Caso Palau. La dirigente de la CUP, Eulàlia Reguant exigió que los “actuales responsables del PDeCAT deben dar una respuesta”. Aunque para la regidora de Barcelona ésta respuesta consiste en decidir si es con “la herencia del CDC con la quieren continuar. La herencia del 4%”. ¿Es que aún no queda claro que el PDeCAT es la continuidad de Convergència?

Convergència vive. Vive en un oscuro rincón de la nueva sede del PDeCAT. Vive en el día de la marmota permanente que Puigdemont-Junqueras nos quieren eternizar. Vive en los presupuestos de los recortes millonarios que CDC hizo con el PPC y que el PDeCAT hizo con Esquerra. Vive entre el gran empresariado catalán que a su vez vive de los presupuestos autonómicos.

Es necesario construir una nueva izquierda que se proponga acabar con la derecha de toda la vida. Ya sea versión catalana o española. Una izquierda obrera y anticapitalista, una izquierda que respete las libertades de los pueblos y su derecho a la autodeterminación. Una izquierda que apueste por la República catalana dentro de una federación igualitaria y libre de los trabajadores y los pueblos de la península.






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