Política Chile

TRIBUNA ABIERTA

El caso de Margarita Ancacoy: precarización laboral y xenofobia

El pasado día lunes 18 de junio el terrible asesinato de la trabajadora y madre de 41 años, Margarita Ancacoy, ocupaba la primera plana de todos los medios nacionales.

Lunes 25 de junio | 08:36

El hecho ocurrido en calle República con Domeyko, en la comuna de Santiago, dejo atónitos y sin explicación a la sociedad.

Fue asesinada luego de haber sido asaltada por cinco individuos, quienes le robaron un celular y $5 mil pesos, todo esto en la madrugada, cuando Margarita se dirigía a su trabajo.

Tras el hecho, cuatro ciudadanos ecuatorianos quedaron detenidos. Y entonces, las repercusiones racistas no se dejaron esperar: la migración y los “extranjeros delincuentes” una vez más en tela de juicio.

Los medios de comunicación se llenaron de noticias sobre el caso, pero menos hablaron sobre la precarizada situación y modalidad laboral que viven decenas de miles de trabajadoras en el país. Fueron sus propios compañeros de trabajo, quienes indicaron a los medios, que Margarita ya había mostrado preocupación por su horario de entrada, al punto de sentir que ponía en riesgo su vida, teniendo que trasladarse a las 5 de la mañana.

Tras la detención de dos ciudadanos ecuatorianos, quienes fueron trasladados a la cárcel Santiago 1, se filtró de un video, donde se veía como otros internos los torturaban, aplicando electricidad, golpes y cortando su pelo (algo muy importante en la cultura del pueblo al que pertenecen). Un “ajusticiamiento” aplaudido por varios personajes públicos del “jet set” criollo: como el arquero Claudio Bravo, las conductoras Tonka Tomicic y Macarena Tondreau, el tenista “Chino” Ríos, entre otros, quienes dieron su apoyo a la tortura al interior de la cárcel. El presidente Sebastián Piñera, haciendo uso de su cretinismo recurrente, indicó que “nadie podía tomar la justicia por sus manos”, luego de que hace no más de una semana, daba el apoyo al carabinero que disparó al conductor de Uber.

La barbarie capitalista

El hecho, bajo cualquier miramiento, violento y doloroso, no deja de traslucir otras situaciones que se ponen en escena.

Margarita Ancacoy Huircán, realizaba labores de aseo en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile. Era oriunda de un sector rural de la comuna de Freire, región de La Araucanía.

Hace 15 años había dejado su hogar para trabajar en la región metropolitana. Era una lamgen, que posiblemente como muchas mujeres del pueblo mapuche hizo el mismo viaje desde el Wallmapu a la gran ciudad, para mejorar su futuro de vida. Encontrándose con una realidad bastante recurrente en Santiago, donde las mujeres pobres, morenas, “étnicas”, alcanzan solo trabajos como empleadas domésticas o en labores del aseo. Así mismo, estas mujeres, de la cual es parte Margarita, se encuentran solo con trabajos precarios, bajo la modalidad del subcontrato, con sueldos miserables, y donde además deben exponer sus vidas en horarios de trabajo peligrosos. Y en este contexto, ni los empresarios, ni el empleador estatal se hacen cargo.

Estas son las condiciones generadas por la economía capitalista, pero ¿Qué lleva a que otros pobres, como los ciudadanos ecuatorianos, cometan un violento atraco, un asesinato contra una trabajadora? Claramente, estas son situaciones complejas, y quizás no haya una sola respuesta. Pero más que subirse al carro de la xenofobia y generalizar sobre las particularidades de la comunidad ecuatoriana, el hecho no deja más que traslucir la violencia que la barbarie capitalista provoca: una mujer a las 05:00 de la madrugada caminando para ir al trabajo, en la más cierta inseguridad; un grupo de jóvenes ecuatorianos violentando contra ella. En otras palabras, no es la sociedad a secas quien pone a la trabajadora en una hora y lugar, sino el propio sistema de trabajo quien obliga a que un/a trabajador/a se someta a la inestabilidad e inseguridad laboral y de vida, es el propio sistema que muestra a cada momento la inequidad social, la miseria, la marcada dirección de hacia donde llega la distribución de la riqueza (de la cultura, de la educación) y hacia dónde no.

En este sentido, hay otro elemento que se pone en escena. El hecho de la trabajadora de origen mapuche, visibiliza una realidad a cual ponerle atención, tanto a su situación de precarización como en su significado: hay una gran cantidad de población que se desempeña en diversos trabajos precarios, inestables, invisibilizados por la sociedad. En este caso además, una mujer trabajadora, madre, que se desempeña en labores "propias de su sexo": el aseo y servicio en una universidad.

Desde el caso de Margarita Ancacoy, podemos ver que claramente la precarización laboral tiene rostro de mujer, y un rostro indígena, que en la vorágine del sistema capitalista recibe golpes cada vez más dolorosos, y que cada vez son más necesarios de acabar; aquí la lucha por organizarse, también es una forma de secarse las lágrimas, y de dirigir la rabia contra los verdaderos enemigos.






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