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El caso Nóos y las corruptelas de la monarquía

El caso Nóos, o lo que es lo mismo, como la monarquía participa en tramas de corrupción para enriquecerse a costa de los fondos públicos que pagan millones de trabajadores. Las siguientes claves pueden ayudar a entender las corruptelas de la casa real.

Carlos Muro

Zaragoza | @muro_87

Martes 12 de enero de 2016 | Edición del día

Foto: EFE/Cati Cladera

Monarquía, administraciones y empresarios… todos “en el ajo”

La trama tiene como centro al marido de la Infanta Cristina de Borbón, Iñaki Urdangarin, quien utilizó su posición para obtener dinero del erario público en forma fraudulenta, aprovechando a su vez sus relaciones con las administraciones controladas por el Partido Popular.

El total de acusados son 18, de los cuales 11 pertenecían a administraciones autonómicas o municipales. Urdangarin y su socio en el desde el Instituto Nóos, Diego Torres, comenzaron haciendo negocios con autoridades de Baleares (Jaume Matas, Gonzalo Bernal, Juan Carlos Alías, Miguel Ángel Bonet), siguieron por Valencia (Alfonso Grau, Pepote Ballester, Luis Lobón, José Luis Aguilar, Jorge Vela y Elisa Maldonado) y alcanzaron Madrid y su frustrada candidatura olímpica (Mercedes Coghen).

Jaume Matas declaró a Jordi Evole en su programa “Salvados” que “a mí me interesó colaborar con el duque de Palma porque era el duque de Palma. No todos somos iguales". Este “sincero” comentario muestra –por si hacía falta- que en realidad “no todos somos iguales” ante la ley y hay quienes son más “ciudadanos” que otros, sobre todo si son miembros de la familia real.

La génesis de la trama

El caso Nóos es el “pan de cada día” de la democracia para ricos del Estado español. Las relaciones entre políticos y patronal son constantes, y en muchas ocasiones, no hay diferencias entre unos y otros.

En este caso la relación entre Iñaki Urdangarin y Diego Torres nació tras conocerse en la prestigiosa escuela de negocios ISADE de Barcelona. Una de tantas escuelas que solo los más ricos pueden pagar. En noviembre de 2005 organizaron el congreso de deporte y turismo en Palma por el que cobraron 1,2 millones de euros imposibles de justificar. Frente al “peligro” de que los sucios negocios de la monarquía fuesen demasiado evidentes, el asesor legal de Juan Carlos I, el conde de Fontao, sugirió a Urdangarin reorganizar sus negocios.

Más adelante, y sin hacer mucho caso a las sugerencias de los “expertos legales” de la casa real para cuestiones de corrupción de la “familia”, Urdangarín dejó Nóos y creó una Fundación para, básicamente, seguir recibiendo dinero público. En total, 6,2 millones de euros entre Valencia y Baleares. Una parte de ese dinero fue a parar a Aizoon, una sociedad que Urdangarin compartía al 50% con la Infanta.

En la punta de la pirámide están Torres y Urdangarin. Pero estos contaban con un entramado de empresas y sociedades pantalla que permitía esconder el dinero de la corrupción y hacer perder su rastro. Para tal diseño y mantenimiento de la trama fue clave la familia Tejeiro, comenzando por Ana María, la mujer de Diego Torres, quien ejercía como responsable del personal de empresas. Su hermano Miguel se sentará en el banquillo como secretario del grupo Nóos. Y hay un tercer Tejeiro, Marco Antonio, contable del Instituto Nóos, pero que merece estar en el siguiente apartado. Como suele ocurrir en estos casos, también está acusado un asesor fiscal, Salvador Trintxet.

La monarquía y el capitalismo fuente de corrupción

No puede decirse que este sea “un caso aislado” de la monarquía y del Régimen del ‘78. Una de las pruebas que posiblemente salgan en el juicio serán los correos aportados a la instrucción por Diego Torres. A través de ellos se supo que Urdangarin consultaba todos sus movimientos al secretario de las infantas, Carlos García Revenga. Quien comparecerá también será el conde de Fontao, quien participó en la creación de una fundación con la que Urdangarin dio continuidad a sus negocios.

Pero los mensajes mostraron que la trama alcanzaba a más miembros de la familia real. Dando a conocer que Corinna Sayn Wittgenstein –presuntamente antigua amante de Juan Carlos- y el propio antiguo monarca estarían enterados. “Su majestad me comenta”, “pongo en copia a tu suegro”… fueron algunas de las referencias de los mensajes que demostrarían que, a través de la princesa, el rey mediaba a favor de los intereses de Urdangarin.

En los últimos años la monarquía española atravesó una de las crisis más importantes desde la Transición, no sólo por el caso Noós y el resto de escándalos que salían a la luz, sino fundamentalmente por su creciente descrédito ante la opinión pública. Miles de jóvenes y trabajadores empezaron a cuestionarse, y lo siguen haciendo, que la monarquía no sólo no da soluciones a los principales problemas sociales y políticos, sino que es una institución absolutamente parasitaria y políticamente reaccionaria.

Aunque se haga lo imposible por tapar la implicación de la casa real en la trama de corrupción del caso Nóos, este caso ya anida en la conciencia colectiva de amplios sectores.







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