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El book de los impresentables: Alberto y sus imágenes que valen más que mil palabras

La campaña del candidato de Frente de Todos a través de sus encuentros con gobernadores derechistas dadores de gobernabilidad, dirigentes sindicales que “bancan” a Macri y hasta funcionarios del FMI. Ahí lo tenés al candidato.

Lunes 5 de agosto | 23:22

El sábado 18 de mayo Cristina Fernández anunció por redes sociales que Alberto Fernández, uno de los “traidores” del kirchnerismo durante años, sería su candidato a presidente. Inmediatamente los diversos actores políticos comenzaron a especular qué tipo de campaña encabezaría el exjefe de Gabinete.

Tras el anuncio de la fórmula (que sorprendió más que a nadie a la propia militancia kirchnerista), Alberto pasó varias semanas dando entrevistas y declaraciones sobre la necesidad de ampliar y ampliar y ampliar el Frente de Todos (sello heredero de Unidad Ciudadana y el Frente para la Victoria). Luego, ya con Sergio Massa dentro de la coalición peronista, Fernández comenzó la campaña. Y ahí arrancaron los encuentros y las fotos.

Entre las primeras visitadas en sus provincias por el candidato se encontraron Alicia Kirchner y Rosana Bertone, las gobernadoras de Santa Cruz y Tierra del Fuego, especialistas en ajuste al pueblo trabajador.

Días después vendría una de las fotos más emblemáticas: con el derechista, antiderechos y torturador de niñas Juan Manzur. Primero Alberto recibió a su amigo en el sanatorio Otamendi, cuando fue internado un par de días. Luego, el 26 de junio, el candidato devolvería la gentileza viajando a Tucumán en medio de la campaña. Esa noche ambos amigos organizaron una cena en el hotel Sheraton para cientos de empresarios y políticos derechistas.

El 20 de junio Alberto se reunió con los amigos y defensores del “modelo Barrick Gold” en San Juan, José Luis Gioja y el actual gobernador Sergio Uñac. Allí dijo que si gana las elecciones “va a desarrollar la minería como en San Juan”. Es decir, que piensa fomentar la actividad extractiva que causó el mayor desastre minero del país. Un copado.

El jueves 27 de junio, después de haber reiterado en diversas entrevistas que su objetivo es “pagarle al FMI y a los acreedores” (es decir, garantizar el ajuste a costa del giro de fortunas a los buitres internacionales), Fernández se reunió con Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo y con Trevor Alleyne, representante residente del FMI en Argentina.

A la salida del encuentro, los representantes de la usura internacional dijeron que la reunión con el candidato kirchnerista fue “muy productiva”.

El 28 de junio fue a Misiones, donde volvió a abrazarse y fotografiarse con un gobernador que está convencido de que está bien que miles de mujeres se mueran por practicarse abortos de forma ilegal. Allí se los vio sonrientes a Fernández y su aliado Oscar Herrera Ahuad.

El 10 de julio Fernández viajó a Córdoba, donde esperaba encontrarse, hablar y negocias con su “querido” Juan Schiaretti. Vale recordar que un día después de ser ungido candidato por CFK, había dicho “quién no quisiera que el Gringo y su gente formara parte de este proyecto, representando lo que representa”. Lo loco es que “el Gringo” es un histórico aliado de Mauricio Macri.

En tierras mediterráneas Alberto volvió a la carga (oportunista, claro). Tras reunirse con el gobernador dijo a periodistas que ambos tienen “una visión bastante parecida sobre lo que nos está pasando y sobre lo que tenemos que hacer” y pidió que “los que lo eligieron al ‘Gringo’ me elijan a mí”. El Gringo, por las dudas, mandó a su equipo de prensa a decir por todos los medios que el encuentro con Alberto fue en el marco de encuentros con “todos los candidatos”.

Ya entrado en el último mes de campaña, a Alberto no le podía faltar la foto con la plana mayor de lo más granado de la burocracia sindical de la CGT, esos hombres especializados en pisar la cabeza de la clase trabajadora, pactar con el empresariado a cambio de beneficios para los dirigentes y garantizar que el ajuste se aplique con la menor movilización popular posible.

El 16 de julio Fernández posó sonriente con personajes tan nefastos para las bases obreras como Andrés Rodríguez de UPCN, Gerardo “Batallón 601” Martínez de Uocra (exespía de la dictadura), Héctor Daer de Sanidad, su primo Rodolfo Daer de Alimentación, Amadeo Genta de los municipales porteños, Roberto Fernández de la UTA, Omar Viviani de los taxistas y varios millonarios más. Con ellos, el candidato también dijo tener “una percepción similar de lo que está pasando” y afirmó que esos burócratas creen que él puede “ser la opción”.

Por si hacía falta un condimento más rancio, al encuentro entre Alberto y la CGT se sumó el amigo Juan Manzur. La familia unida.

Como para no dejar a nadie afuera, Fernández se mandó el jueves 25 de julio a Santa Fe, donde visitó al gobernador electo Omar Perotti y dijo públicamente que con él tienen “miradas muy parecidas sobre el presente y el futuro”.

Podría haber completado la frase diciendo que también tienen miradas muy parecidas sobre el pasado. En ese sentido, vale recordar que Perotti es un destacado sojero, ferviente menemista, amante de las privatizaciones y negador del derecho al aborto.

El 30, entrando en la recta final de la campaña, fue a Entre Ríos. Allí se fotografió con el gobernador Gustavo Bordet, uno de los que selló el Pacto Fiscal con Macri (antesala del último presupuesto de ajuste) y cuyos diputados y senadores apoyaron la “reforma previsional” contra los jubilados. “Los argentinos no soportan más presión, hay que ayudar a que el campo produzca, venda y exporte para que ingresen dólares para pagar” la deuda, sintetizó Fernández tras el encuentro.

Tres días después, el viernes 2, el candidato kirchnerista volvió a Córdoba, pero no a reunirse con el Gringo Schiaretti, sino con la mismísima Sociedad Rural de la provincia. Intentando ganar el voto del agropower, anduvo por General Deheza, Bell Ville, Marcos Juárez, Villa María, Leones y Río Cuarto. Entre sus partenaires se encontraba uno de los hombres más ricos del país, beneficiario directo del modelo sojero desarrollado en las últimas décadas.

Se trata de Roberto Urquía, el dueño de Aceitera General Deheza, uno de los formadores de precios que llenan sus bolsillos a costa de los altos costos de los aceites y demás productos agrícolas que se compran en los supermercados. Y exsenador del Frente para la Victoria, dicho sea de paso.

Viendo esas fotos y esas sonrisas, que Alberto Fernández se haya tenido que sacar las obligadas fotos de campaña con sus socios del Frente de Todos Sergio Massa, Felipe Solá y demás peronistas proajuste, prosoja, proFMI, promanodura y demás pro, a esta altura es un dato casi secundario.

Y si bien aún no se fotografió con sus referentes, hay que agregar el entusiasta apoyo del Frente Justicialista Cristiano a la fórmula Fernández-Fernández, quienes confían plenamente en que con Alberto y Cristina el aborto puede seguir siendo clandestino durante mucho tiempo más.

Como pregona el dicho popular, una imagen vale más que mil palabras. En este caso, encima, son varias imágenes.







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