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ELECCIONES EN BRASIL

El bonapartismo judicial mueve sus piezas para disciplinar a Bolsonaro

El bonapartismo está moviendo sus piezas para disciplinar a un "gobierno de Bolsonaro" aprovechando el fraude empresarial. Por otro lado, Bolsonaro quiere las manos libres para disciplinar a los trabajadores a aceptar su esclavista agenda de ajustes.

André Augusto

Natal | @AcierAndy

Martes 23 de octubre | Edición del día

Los últimos días estuvieron marcados por el escándalo del fraude de donaciones empresariales en favor de la campaña de Bolsonaro. Decenas de empresarios compraron millonarios paquetes de "fake news" por Whatsapp, contra Haddad, lo que se configura como una violación abierta de la legislación electoral burguesa, reconocida por el propio Bolsonaro.

La denuncia hecha por el diario Folha de S. Paulo, aunque mayoritariamente ignorada por medios como la Red Globo y Record, fue replicada ampliamente en una situación política polarizada en que encuestas dan a Bolsonaro como ganador con una ventaja que ronda en torno el 60% de los votos válidos en segunda vuelta.

La clave de este rompecabezas, sin embargo, una vez más reside en el que constituye, desde 2016, el pilar máximo del golpe institucional: el poder judicial.

La presidenta del Tribunal Superior Electoral, Rosa Weber, canceló una conferencia de prensa en la que trataría del tema, y la reprogramó para el domingo pasado. A pesar de la afirmación hecha en junio por el ministro de la Corte Suprema (STF), Luiz Fux, que la Justicia Electoral podría "anular eventualmente el resultado de una elección si su resultado es consecuencia de la difusión masiva de ’fake news’”, el poder judicial prefiere ocuparse de otros objetivos, un poco más inconfesables.

Antes de ir propiamente a los objetivos del poder judicial, hay que recordar que es difícil encontrar cualquier paralelo en la historia reciente de elecciones que hayan sido tan manipuladas como ésta.

Los comicios del 2018 es absolutamente digitado por el autoritarismo judicial, de principio a fin.

La prisión y el veto arbitrario a la candidatura de Lula fueron la continuidad del golpe institucional que derribó a Rousseff en 2016. El "secuestro" de Lula en la cárcel, aislándolo de la vida política y prohibiéndole siquiera enviar mensajes de voz en apoyo a Haddad; el robo de millones de votos (especialmente del PT, en el Nordeste) a través del registro biométrico; el impedimento ilegal de la transmisión de entrevista a Lula; la ruptura de secreto de la delación de Palocci en la semana previa a la primera vuelta, cortesía de Sérgio Moro, cuya esposa declaró que votaría por Bolsonaro; todas estas y otras medidas -con la tutela indiscutida dela cúpula de las Fuerzas Armadas- hicieron del poder judicial el principal agente del golpe dentro de una numerosa legión de instituciones golpistas.

En este sentido, el principal rasgo del régimen político brasileño hoy es el incremento exponencial del autoritarismo judicial, especialmente del Corte Suprema, pero que incluye la tropa de jueces, fiscales y magistrados de todos los niveles del espectro judicial, en mayor o menor medida vinculados a la Lava Jato de Moro y a la entrega de los recursos nacionales al capital extranjero.

Este "bonapartismo judicial" tiene relaciones privilegiadas con la cúpula de las Fuerzas Armadas. Basta ver que el asesor máximo de Dias Toffoli, presidente de la Corte Suprema, es el general de la reserva Fernando Azevedo e Silva, que tiene excelente relaciones con Bolsonaro y Augusto Heleno, jefe de su campaña. Según Toffoli, esta combinación de los dos "poderes moderadores" desde la desaparición del emperador (Ejército y Supremo) tendrían la función de "frenar eventuales radicalismos del Ejecutivo o del Congreso Nacional".

Que surjan denuncias sobre el fraude escandaloso de las elecciones por parte de empresarios multimillonarios a favor de Bolsonaro, no es algo que en sí mismo interfiera en los objetivos golpistas en general y en el poder judicial en particular. Es útil resaltar que el "plan A" del golpismo era que Geraldo Alckmin del PSDB venciera las elecciones para dar continuidad a las reformas de Temer; Alckmin, por su parte, está íntegramente enlodado en denuncias de corrupción, lo que dejaría un imaginario gobierno en "situación de alerta" todo el tiempo.

Como el tucanato (PSDB) se derritió y perdió la capacidad de canalizar el odio antipetista hacia Bolsonaro, el ex capitán -hijo indeseado de la operación judicial Lava Jato- se convirtió en el encargado favorito de los capitalistas para aplicar una salvaje agenda de ajustes esclavistas contra los trabajadores.

Esto nos lleva a los objetivos políticos del régimen, especialmente de la oligarquía judicial, ante el fraude electoral a favor de Bolsonaro: en primer lugar, el surgimiento de este hecho constituye un recurso que dispone el poder para condicionar y controlar a Bolsonaro que, por el tipo de movimiento que expresa, es más incontrolable que otros elementos del régimen; se trata de colocar la "espada de Damocles" de la Lava Jato sobre su cabeza, y limitar el alcance medidas no negociadas con el régimen, si es elegido presidente. Las instituciones golpistas, especialmente el poder judicial como su fiador máximo, no quieren a nadie "limpio" de posibles acusaciones.

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Por ahora, en el interior del "partido mediático", Folha de São Paulo es quien más mostró sus lazos con el poder judicial; es probable que la Globo, no menos golpista, aguarde el resultado electoral para alinearse a la propaganda de que "Bolsonaro no está por fuera de la arquitectura de corrupción del país".

En segundo lugar, y más importante desde el punto de vista de la "gran política" en los términos de Gramsci: reduciendo todo al debate de corrupción, el objetivo estratégico de los factores de poder real es apagar el debate sobre los enormes ataques sociales y económicos que recaen sobre la clase trabajadora y el pueblo pobre, especialmente en la agenda esclavista de Bolsonaro. Que las amenazas de Bolsonaro al salario, al aguinaldo (13º salario), a la reducción de los costos laborales, a las empresas estatales, salgan del radar electoral: trata de ocultar el contenido absolutamente proimperialista, pronorteamericano del programa ultra neoliberal del excapitán.

La Corte Suprema va ganando una ventaja adicional a su autoritarismo: con Bolsonaro en el Planalto, el discurso de un "poder judicial para frenar excesos del Ejecutivo" da legitimidad al bonapartismo, que va a intentar canalizar el apoyo de todos los que se oponen a Bolsonaro por dentro de la institucionalidad golpista, en la figura de la Corte Suprema. Conteniendo y disciplinando a Bolsonaro en temas secundarios, la Corte se queda con las manos libres para disciplinar a la población y los trabajadores a aceptar los ajustes.

Este nuevo hecho ¿hará caer a Bolsonaro, o la radicalización a la derecha del sentimiento antipetista permitirá que gane con holgura y burle esta situación?

Por ahora, no parece afectar la candidatura bolsonarista. El movimiento táctico de "contención" acaba de comenzar. Lo que es cierto es que no existe un solo plan para mantener el "centro de gravedad" del golpismo.

Por eso, y ante elecciones brutalmente manipuladas -que quieren imponer un cambio reaccionario en el régimen político del país- compartiendo el odio y la voluntad de lucha de todos los trabajadores y jóvenes que quieren derrotar a Bolsonaro, acompañamos su voto en las urnas y votamos críticamente Haddad.

Sin embargo, damos ese voto crítico en Haddad sin dar ningún apoyo político al PT, ya que no compartimos su estrategia de conciliación de clases meramente electoral y de su programa -que significó en tiempos de crisis ajustes contra los trabajadores- completamente impotente para frenar la crisis extrema derecha.

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La estrategia de conciliación de clases del PT ya mostró su solemne impotencia frente a Bolsonaro. Más que eso, busca en acuerdos con partidos de la derecha golpista, con las iglesias y con los capitalistas.

La contracción de la misma estrategia es la utilización de las centrales sindicales que controla -la CUT, y también la CTB dirigida por el PCdoB- para paralizar el movimiento de masas, como hizo en 2017 durante las huelgas generales, lo que posibilitó la aprobación de la reforma laboral y la tercerización irrestricta del trabajo.

El PT de Fernando Haddad y de Lula dirige la mayor central sindical del país, con millones de afiliados. En esta situación urgente ¿qué están esperando la CUT y la CTB para organizar miles de comités de base en todo el país para derrotar a Bolsonaro, los golpistas y las reformas en las calles y lugares de trabajo?

Hay fuerzas para luchar. Un gran sector de trabajadores odia a Bolsonaro, porque sabe que esa figura -autoritaria y proimperialista- viene para poner fin a todos nuestros derechos. Esta fuerza de combate necesita ser organizada, y no impedida por las burocracias sindicales.

Exigimos a las centrales sindicales y organizaciones estudiantiles, asambleas y la construcción y masificación de comités de base para preparar un plan de lucha que culmine en una fuerte paralización nacional que nos prepare para los ataques que están por venir después de las elecciones, pero también todo el plan del gobierno y el golpe institucional.

Esto significa revocar la reforma laboral, la enmienda constitucional que pone techo a los gastos sociales, la ley de la tercerización irrestricta e impedir que se apruebe la reforma previsional y las privatizaciones. Además del no pago de la deuda pública fraudulenta. Este frente único en la acción permitirá que sea la clase trabajadora que articule una salida a la izquierda para la crisis, contra el programa ultra neoliberal de Bolsonaro y Paulo Guedes.

Ponemos todas nuestras energías para desarrollar corrientes militantes en cada lugar de trabajo y estudio, que sean anticapitalistas y socialistas, con el objetivo de recuperar las organizaciones sindicales y estudiantiles de las manos de las burocracias (incluidas las del PT) y unificar los movimientos de lucha contra la extrema derecha, el golpismo y las reformas bajo la hegemonía de los trabajadores: una organización revolucionaria, anticapitalista y socialista para hacer que los capitalistas paguen por la crisis.

En la lucha contra Bolsonaro, los golpistas y las reformas, al servicio de construir una izquierda con independencia de clase, que supere por la izquierda la tragedia de conciliación de clases del PT, colocamos las fuerzas de Esquerda Diário, que alcanzó 4 millones de entradas en 30 días en la lucha contra Bolsonaro, los golpistas y las reformas, al servicio de construir una izquierda con independencia de clase.







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