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OPINIÓN

El básquet en Boca: la pasión no se negocia

Los negocios y el manejo del club como una empresa son el legado que Macri instaló en Boca y que hoy continúa Angelici. Periodistas e hinchas defienden al club de sus amores y enfrentan agresiones.

Domingo 9 de octubre de 2016 | 00:05

Hace pocas semanas comenzó a disputarse la Liga Nacional de Básquet, máximo torneo local y cuna formativa de la inolvidable Generación Dorada. El Club Atlético Boca Juniors, histórico participante de la competencia, debutó como local ante Obras Sanitarias. Como ya es costumbre desde hace cinco temporadas, el programa radial partidario Triple Xeneize realizó la transmisión de un encuentro vibrante en el que el equipo de la Ribera remontó un resultado adverso y venció al Tachero por 82 a 80. Pero para los periodistas que integraron la transmisión, la noche no iba a permitir alegrías.

“Ni bien cerramos el micrófono, se acercó uno de los empleados del área de prensa, el Sr. Ángel Nuñez, a patotearnos y acusarnos de no contar con acreditación para estar en ese lugar exclusivo para periodistas” explicó el relator Martín Casabé. Por supuesto, la acusación era infundada, dado que contaban con acreditación otorgada días antes por el club.

Si bien no hubo agresiones físicas, la discusión fue subiendo de tono, y algunos hinchas presentes tomaron partido e intercambiaron insultos con otro empleado de prensa. En ese momento, se hizo presente el máximo responsable del área de básquet en Boca, Edgardo Alifraco. “Siempre critican todo y son problemáticos, tienen un nivel de confrontación muy alto, no puede ser que se lleven mal con todos los dirigentes”, les increpó, para dejar en claro cuál era el verdadero origen del problema.

El incidente, que sucedió el viernes 23 de septiembre en el sector destinado a la prensa del Estadio Luis Conde. Lejos de tratarse de un simple “error administrativo”, se inscribe en otro episodio contra un grupo de periodistas críticos de la actual gestión del básquet y del club en general. En otra ocasión, durante un partido de Playoffs, los periodistas llegaron a su espacio habitual de transmisión y se encontraron con que ya no estaban los asientos asignados. Habían desaparecido. “La nota que escribimos luego no cayó bien en la dirigencia, al partido siguiente, Nuñez ya estaba esperándonos para discutir. A cada nota que sacamos, Alifraco nos llama para quejarse. Si criticás un poco ya no sos su amigo, así se manejaron siempre los dirigentes del básquet xeneize” amplió Casabé.

Triple Xeneize es el primer y único programa de radio íntegramente consagrado a la actualidad del básquet de Boca. El proyecto surgió del entusiasmo de un grupo de hinchas que, con conocimientos de periodismo y ganas de ayudar a la difusión del deporte y el equipo que aman, asumió desde sus inicios un tono crítico que rápidamente hizo eco en los oídos de la dirigencia. “La relación nunca fue buena, con ningún dirigente. Les decimos las cosas que nadie les dice y les preguntamos lo que nadie quiere preguntarle”, asumió el periodista. “Nosotros somos socios e hinchas, y si no nos quieren acreditar, vamos a transmitir desde la tribuna, no nos importa”, sentenció. Días después, hubo un pedido de disculpas vía mail de parte del Gerente de Prensa, Pablo Vicente, quien explicó que todo se trató de un “malentendido”.

Para comprender mejor cuáles son las críticas que tanto molestan a los dirigentes, lo mejor es remontarse a la historia reciente del básquet azul y oro.

“En Boca, deporte profesional que no se autofinancia deja de competir”

Esta frase es una de las grandes máximas que Mauricio Macri instaló tras su extenso paso como presidente de Boca Juniors. Al comienzo de la temporada 2009/2010, un rumor comenzó a circular fuerte en las tribunas de La Bombonerita. Si el Departamento de Básquet Profesional no lograba autofinanciarse, el equipo abandonaría la categoría para competir en forma amateur, dejaría de tener un plantel con jugadores que cobran un salario. Lo controvertido era que el desfinanciamiento del deporte no se debía a otra cosa más que al magro presupuesto asignado por la Comisión Directiva, y al estado de inacción y perfecto abandono en el que se encontraba el Departamento.

La ecuación siempre fue sencilla para los dirigentes: desinvertir en deportes considerados “secundarios” para el club conduce a tener más excusas para, en un futuro, cerrar toda actividad por “generar enormes pérdidas”. Los hinchas autoorganizados lanzaron una fuerte campaña con banderas en contra de la dirigencia, reparto de volantes en los partidos, recolección de firmas de socios, y una sistemática denuncia a través de blogs, foros y redes sociales.

La incipiente cobertura mediática jugó a favor de la dirigencia, que transmitía información a los hinchas a cuentagotas. Las promesas de un día se deshacían al siguiente. Pero las protestas no caían bien en la conducción del club, que veía con mucho disgusto las banderas que colgaban en el estadio exigiendo “No maten nuestro básquet”. En febrero del 2010, durante un partido contra Regatas de Corrientes, el entonces presidente del Departamento, Alejandro Vaccaro, le pidió a los efectivos de la Policía Federal que saquen las banderas, acusando a sus dueños de “generar violencia”. El incidente no se detuvo ahí, porque además de la resistencia al retiro de las banderas, durante el entretiempo un grupo de socios irrumpió en las oficinas administrativas e increpó a Vaccaro, exigiéndole respuestas a un hombre que tendrá mayor reconocimiento como biógrafo de Borges que como dirigente deportivo.

El presidente de Boca en ese entonces, Jorge Amor Ameal, tomó cartas en el asunto: ratificó el puesto de Vaccaro y declaró que “el básquet profesional provoca un déficit muy importante en el club. Todos queremos que el básquet siga, pero debemos encontrarle una salida, tenemos que dialogar entre todos los factores para buscar sponsors”.

Pero la exigencia de los hinchas tenía una lógica muy alejada del sentido comercial con la que los dirigentes deportivos suelen ver a las disciplinas. Siendo Boca una de las instituciones deportivas más importantes y reconocidas a nivel mundial, la desaparición del segundo deporte profesional del club significaba un agujero negro para esa imagen de “club modelo” que el marketing macrista construyó durante años exitosos en lo deportivo. Todo “club modelo” debe necesariamente ser “social” y estar pensado para todos sus socios que, además de ser dueños de los clubes, practican o apoyan a distintas disciplinas más allá del fútbol que nunca podrían igualar sus cuantiosos ingresos. Un club social no puede medir sus cuentas con la misma vara que una empresa.

La solución planteada por Ameal no apagó la mecha. Aprovechando sus conocidos vínculos con el Frente para la Victoria, se reunió con el Gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, y amboscharlaron la posibilidad de trasladar la localía a Resistencia. Tras nuevas protestas por la posible mudanza, finalmente el presidente acordó que Boca jugara en la siguiente temporada ocho encuentros como local en Chaco, con un sponsor en su nombre: “Aerochaco Boca Juniors”. La vergonzosa venta del nombre del equipo tuvo como módico precio el aporte de 500.000 dólares de parte de Capitanich, y que la empresa aérea se encargue de los traslados del plantel de fútbol profesional.

La compañía Aerochaco había sido relanzada por Jorge Capitanich en 2008, y puesta a operar por la empresa Macair Jet, propiedad de Mauricio Macri. Con el acuerdo de sponsoreo y movilidad entre Boca y Aerochaco, bajo la tutela de Ameal, quedó claro que para macristas y kirchneristas el club no representa más que una enorme caja de negocios donde las diferencias políticas son dejadas de lado.

La victoria de Daniel Angelici frente a Ameal en las elecciones de diciembre de 2011 dividió aguas en los hinchas, a pesar de las muy relativas diferencias que existían entre ambos candidatos. Durante la campaña, Ameal se paseó por los medios de comunicación pavoneando un flamante superávit de 50 mil millones de pesos, sin explicar el fuerte recorte realizado en otros deportes. La misma actitud tomó Angelici en los años siguientes, afirmando en varias oportunidades lo “bien” que cierran las cuentas con el fútbol y el marketing llenando las arcas, pero ocultando el desfinanciamiento a las disciplinas menos populares y a las áreas sociales que son parte de la vida del club y del barrio.

Nueva gestión, mismos problemas

Con muchas promesas de inversión y sponsoreo bajo el brazo, Jorge Paredi fue designado presidente del Departamento de Básquet. Durante años, Paredi combinó la actividad política en el club, al tiempo que manejaba la Municipalidad de Mar Chiquita en la Provincia de Buenos Aires. Su afiliación al PJ-FPV no fue ningún impedimento para que integre como vocal titular la lista encabezada por Angelici, junto a otros funcionarios PRO como Oscar Ríos (ex jefe de Inspectores Municipales de la Ciudad de Buenos Aires, uno de los responsables políticos del trágico derrumbe en Villa Urquiza de agosto de 2010, y señalado por la ONG La Alameda como uno de los garantes del negocio del proxeneta Raúl Martins, acusado de financiar la campaña presidencial de Macri), o como el fiscal Carlos Stornelli (con un extenso currículum de nexos con el barrabrava Rafael Di Zeo). El confeso sueño de Paredi era llegar a ser presidente de Boca Juniors, y creyó que con una buena gestión al frente del básquet lograría mejor imagen para meterse de lleno en la política interna.

“Pitingo” Paredi tenía dinero propio y una cartera de contactos para atraer sponsors al equipo. Sin embargo, al igual que su antecesor Vaccaro, no contaba con ningún tipo de experiencia ni conocimientos sobre básquet, e irrumpió en un microambiente deportivo con reglas de juego definidas y tiempos muy distintos a los del fútbol. Con bombos y platillos, anunció nuevas estrategias de marketing para atraer hinchas y socios al estadio, y conformó un plantel competitivo. En una entrevista telefónica con Triple Xeneize, explicó que el dinero con el que Boca contrató al pivote Lamont Barnes y a otros extranjeros, había sido aportado por un sponsor que prefería “mantenerse en el anonimato”. Curioso sponsor el que elige ocultarse antes que mostrarse. Al día de hoy, se desconoce el origen de esos fondos, aunque el motivo de su ocultamiento despierta la sospecha de que, o bien se trata de dinero personal de Paredi, o bien utilizó fondos públicos de la Municipalidad para tal fin.

Desde entonces, su relación con los hinchas y con los medios críticos como Triple Xeneize fue tensa. En palabras de “Pitingo”, su plan consistía en “ofrecer un show que atraiga a la familia”, lo cual se tradujo en contratar porristas y realizar sorteos de camisetas durante los partidos. Fiel a la agrupación política que lo ubicó en el cargo, su estrategia consistió en vender al básquet de Boca como una marca consolidada, aparentemente capaz de atraer multitudes en cualquier punto del país por obra de magia. En varios partidos, el equipo jugó como local en el Polideportivo “Presidente Perón” de Coronel Vidal, en el partido de Mar Chiquita, decisión siempre criticada por la mayoría de los socios e hinchas.

Los resultados deportivos no acompañaron la gestión de Jorge Paredi, lo cual supuso un duro revés para alguien que nunca comprendió que los planteles campeones en básquet requieren trabajo consolidado y una dirigencia ordenada. De poco sirvieron las sucesivas notas en medios especializados, en las cuales se mostró como un conductor capaz, comprometido, y con talento para meter la cabeza en un deporte para él desconocido. Su gestión al frente del básquet profesional de Boca dejó numerosos escándalos: agresiones a periodistas, desmanejos en el área de Prensa, descalificaciones a los jugadores del plantel y al cuerpo técnico, a ex jugadores del club, patoteadas a árbitros, y violentas peleas a las trompadas con dirigentes de otros equipos.

De este período, sólo puede rescatarse como “positivo” el hecho de que los máximos dirigentes de Boca quedaron imposibilitados de avanzar con sus planes de cerrar el Departamento de Básquet. Por un lado, la intención de Paredi de utilizar el básquet como plataforma de lanzamiento de su imagen chocaba en este punto con las ideas vaciadoras de la Comisión Directiva. Por el otro, los hinchas y socios que siguen el básquet azul y oro ya habían dejado en claro que tendrían que pasar por encima de ellos para darle de baja al deporte en la institución.

Los últimos dos años de “Pitingo” se caracterizaron por un completo abandono del Departamento y del equipo profesional. Cada vez apareció menos su figura en el estadio durante los partidos, dando a entender que esa área ya no tenía interés para él. Seguramente, creyó que iba a encontrar un terreno fácil de sembrar, pero chocó con la dura realidad de hinchas, socios y medios críticos que nunca dejaron de exigirle lo que creían correcto: más dinero para el básquet, difundir para atraer público al estadio, por supuesto, manteniendo la localía en La Boca.

Hasta que dejó la política xeneize en diciembre del 2015, el equipo tambaleó en lo deportivo y nunca se borró el rumor de la posible venta de la plaza que ocupa en la Liga Nacional. Nuevamente, la ecuación cerraba fácil para los proyectos dirigenciales: menos presupuesto significa planteles menos competitivos, y un eventual descenso, la oportunidad para retirar definitivamente al equipo del profesionalismo. Afortunadamente, en esa oportunidad los jugadores lograron los triunfos necesarios para evitar la pérdida de la categoría, dejando sin argumentos a los dirigentes.

La ratificación de Daniel Angelici como presidente de Boca para un segundo mandato trajo cambios en la pirámide jerárquica. En enero del 2016 se formó el Consejo de Básquet, Fútbol Juvenil y Otros Deportes, encabezado por Orlando Salvestrini y el Departamento de Básquet se integró a esta área, teniendo actualmente como principal responsable a Edgardo Alifraco. Este último, llegó a estar procesado como integrante de una “asociación ilícita” junto a Di Zeo, algo ya más que habitual entre los dirigentes del club y la barra.

Ayer por la noche, el equipo Xeneize fue aplastado como local por 73 a 85, frente a Peñarol de Mar del Plata. Boca acumula cuatro derrotas en cinco partidos jugados. Al final del partido, en el estacionamiento de La Bombonerita, la sensación agridulce de los hinchas se sentía en el aire: otra vez, la temporada sería larga, difícil, y con probabilidades de jugar un eventual Playoff para evitar el descenso.

El Presupuesto Económico y Financiero aprobado por la Comisión Directiva para la temporada 2016/2017 estipula gastos por cerca de 15 millones de pesos para el básquet azul y oro, lo que representa tan sólo el 1,32% de los ingresos totales presupuestados para el club. Un número muy similar al que, por ejemplo, se presupuestó para la Gerencia de Marketing y Gestión Comercial, lo que deja en claro cuáles son las prioridades para la gestión Angelici. El número se encuentra muy lejos de los 543 millones destinados al Fútbol Profesional. Por su parte, deportes como el Voley masculino y femenino, el Fútsal y el Fútbol femenino, se reparten la escasa suma de 22 millones de pesos. Otros deportes ni siquiera aparecen mencionados en el Presupuesto.

Cabe destacar que, en agosto del año pasado, el Voley masculino sufrió un desenlace que, por ahora, el básquet esquiva: de ser el tercer deporte profesional del club y animador de la Liga local desde 1996, desapareció por no lograr el autofinanciamiento, a pesar de que representaba menos del 1% del presupuesto total del club. “El voley no desaparece, sino que seguirá jugando en la Liga Metropolitana”, pretendió excusarse Angelici. Como explicó un periodista partidario, “para captar la dimensión del grado de insensatez en esta decisión, trazando un paralelismo, imagínese que el conjunto de fútbol profesional deje su afiliación a la AFA y comience a participar en ligas amateurs”.

Una historia que se repite en otros clubes

El caso del básquet de Boca es un claro ejemplo sobre cómo opera el discurso capitalista de la eficiencia económica en instituciones que históricamente han sido consagradas con fines sociales y deportivos. Sus dirigentes, devenidos en empresarios que combinan sus negocios personales con la política, defienden a capa y espada la premisa del auto financiamiento para todas las disciplinas del club. El reciente avance en la AFA para conformar una “Superliga” es, como se ha denunciado, el primer eslabón de una cadena que terminará por convertir a los clubes definitivamente en Sociedades Anónimas privadas.

“El club vuelve a ser de los socios”, mentía un slogan de la campaña de Angelici. Pero lo cierto es que la mentalidad empresarial ha hecho mucho daño a los socios que, particularmente en Boca, lejos de ser los verdaderos dueños de la institución, sufren la desaparición de actividades sociales, constantes aumentos de la cuota, e incluso la falta total de libertades para movilizarse dentro del predio. Como es habitual, las decisiones financieras son tomadas a puerta cerrada. Pero también los hinchas y socios que siguen al básquet azul y oro demostraron, a lo largo de estos últimos años, que sólo con la autoorganización por fuera de las habituales agrupaciones políticas que forman parte del negocio, se puede sostener al resto de las disciplinas ante el avance de las concepciones empresariales.

Está a la vista que Boca Juniors no es el único club que sufre a estos dirigentes-empresarios. El Club Atlético Lanús, hasta hace no mucho tiempo calificado como “modelo”, vendió recientemente su plaza en la Liga Nacional por poner otro ejemplo. Es por eso que sólo la organización de los socios e hinchas, más allá de las diferencias de colores, puede ponerle punto final a esta estructura de negocios que genera que el club de sus amores se vaya desgajando como una empresa que cotiza en bolsa frente a sus ojos.






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