Economía

EMISIÓN SIN FRENO

El aumento de la deuda pública externa, la otra cara del ajuste que viene

En lo que va de 2017 el tesoro nacional emitió deuda en dólares por 44 mil millones de dólares. El peso de la deuda promete ser un argumento para profundizar el ajuste en los años por venir.

Esteban Mercatante

@estebanm1870

Sábado 16 de septiembre | Edición del día

En el mes de agosto el gobierno nacional sumó nuevas emisiones de deuda en moneda extranjera por 5.502 millones de dólares, según registra el Observatorio de la deuda del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala. En lo que va de 2017 la deuda pública emitida en moneda extranjera llega a los 44.155 millones de dólares. Las emisiones totales de deuda de Nación, sumando las colocaciones en pesos, acumulan en lo que va del año 62.756 millones de dólares.

El stock de deuda total, descontando los vencimientos del año, aumentó en lo que va del año de 266.978 millones de dólares a 286.563 millones de dólares. Un aumento de 19.585 millones de dólares (7,3 %).

Deuda externa pública

Un dato que destaca es que el 70 % de la deuda emitida en el año es en moneda extranjera —y está en manos de residentes extranjeros. De esta forma, la deuda en moneda “fuerte”, que para ser afrontada requiere que el tesoro obtenga dólares mediante un superávit del comercio exterior (que hoy es deficitario) y si no los consigue por esta vía tome más deuda en dólares para saldarla, ingresando en una espiral explosiva (que muchas veces en la historia argentina terminó de forma caótica).

No sorprende que con un crecimiento tan explosivo, el Indec encabezado por Jorge Todesca haya echado mano de una creatividad estadística que tiene poco que envidiarle a los tiempos de Guillermo Moreno como director en las sombras del organismo de estadísticas oficial.

En marzo de este año el Indec dio a conocer, en el informe del Balance de Pagos para el cuarto trimestre de 2016, que la deuda pública externa había aumentado durante 2016 en 25,8 mil millones de dólares. Asimismo, como durante el mismo período el organismo registraba un decrecimiento de la deuda privada externa de 3,7 mil millones de dólares, la deuda externa total registraba un incremento de 22 mil millones de dólares.

Pero este incremento tiene como base la modificación metodológica informada en el informe para el tercer trimestre de 2016 (de diciembre de dicho año), en el cual el organismo informa que una parte considerable de las emisiones del año, las que involucraron el acuerdo con los acreedores holdout para “volver al mundo”, no son contabilizadas como parte del incremento de deuda del año. Si observamos el informe de marzo de 2016, el Indec de Todesca computaba entonces que la deuda externa del sector público llegaba a 83.844 millones de dólares. Pero en diciembre, como resultado de la “revisión”, el stock de deuda al cuarto trimestre de 2015 se eleva a 101.870. Es decir, se incrementa en 17.994 millones de dólares. De esta forma, la decisión del Indec elevó retrospectivamente el stock de deuda externa a diciembre de 2015, cargando en la cuenta de dicho año la emisión de bonos para pagarle a Singer et. al. Aquí no ha pasado nada, todo es parte de la “herencia recibida”, que como por arte de magia se acrecienta sumándole los costos que tuvo la generosa negociación de Luis Caputo para cerrar el litigio con los buitres.

Si se computara, como efectivamente fue, como una emisión del año 2016, el incremento de la deuda externa pública durante el primer año de gobierno de Cambiemos habría oficializado un aumento de 43,8 millones de dólares, que es el que realmente tuvo.

Deuda hoy, más ajuste mañana

La deuda es presentada por el gobierno como una vía para aplicar lo que buscan definir como un gradualismo en términos de recorte del gasto público. Como tal es también criticada por los partidarios de una reducción más acelerada del déficit fiscal, que según el proyecto de presupuesto 2018 alcanzará un 3,2 % del PBI el año próximo y seguirá siendo superior a 1 % del PBI en 2020.

Pero este planteo es engañoso. La deuda puede ser la vía para graduar algunos recortes de gasto hoy, pero se transforma en la base para argumentar sobre la necesidad “inexorable” de bajar el gasto el día de mañana. Baste recordar el recorte abrupto a los salarios de empleados estatales y las jubilaciones de 13 % aplicado en 2001 como parte de las medidas para capear el rojo de las cuentas públicas jaqueadas por el peso de los pagos de capital e intereses.

En un año y 10 meses de gobierno de Cambiemos, ya se puede sentir el fuerte peso que adquirió la deuda: en lo que va de 2017 4 de cada 10 pesos del déficit del sector público correspondieron a los intereses de deuda, el doble que en 2015.

Se trata de una cuestión que no hará más que agravarse. De acuerdo al proyecto de presupuesto presentado ayer por el Ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, en 2018 el pago de interes crecerá 28,2 %, el doble del aumento porcentual que tendrán casi todas las demás partidas presupuestaris. Los intereses de la deuda pública crecerán de representar el 1,76 % del PBI que alcanzan hoy, a 1,97 % del mismo en 2018, y 2,15 % en 2019. Seguirán en niveles similares durante el siguiente lustro. Contando capital e intereses y sin considerar las emisiones con vencimiento de hasta un año que puedan ocurrir desde acá hasta diciembre, en 2018 se acumulan vencimientos de deuda pública nacional que ya suman 39 mil millones de dólares, es decir un nivel muy cercano a las emisiones de todo este año.

Los recursos para afrontar los vencimientos venideros, si no se cubren con más deuda (que significaría que el peso del capital e intereses aumentará todavía más), saldrán de mayores recortes del gasto en el futuro. Considerando que al mismo tiempo el gobierno planea reducir impuestos (ya comprometió otra disminución de 5 puntos porcentuales para las retenciones que pagan las exportaciones de soja), el peso del recorte será todavía más pronunciado.

De esta forma, la deuda, además de un excelente negocio para los acreedores y grandes bancos sobrerrepresentados en el gabinete de Cambiemos, es una vía para imponer la reducción del peso del Estado que tanto reclaman los empresarios para bajar el “costo argentino”.






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