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El Vaticano vuelve a jugar la carta homofóbica

En consonancia con las declaraciones homofóbicas del Papa Francisco en Francia, el Vaticano demora el nombramiento del embajador de ese país. Varias organizaciones aseguran que la negativa se debe a la homosexualidad del diplomático.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Sábado 11 de abril de 2015 | Edición del día

Imagen: EFE.

El gobierno francés de François Hollande había nominado a Laurent Stefanini como titular para su embajada en el Estado Vaticano. Pasados tres meses de la nominación, la Santa Sede todavía no ha aprobado su cargo.

Recientemente se conocieron las declaraciones del Papa a un grupo de diputados franceses, relacionadas con la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo.

El mensaje a los legisladores fue categórico: “Vuestra obligación es proponer leyes, enmendarlas, pero también abolirlas. Por ello es necesario infundir en ellas un espíritu, un alma, que no refleje solamente los modos y las ideas del momento, sino que confieran una calidad vital que eleve y ennoblezca al ser humano”.

A contramano de una de las demandas básicas de organizaciones de mujeres, feministas y de la comunidad LGTBI alrededor del mundo, de separación de la Iglesia del Estado, el Papa aspira a consolidar y aumentar la injerencia de la Iglesia en la vida pública.

La demora en aceptar al diplomático francés y la negativa a hacer declaraciones no hacen más que confirmar que la doctrina del Vaticano sigue intacta, muy lejos de la supuesta nueva imagen que quiso mostrar Bergoglio con el Sínodo de la Familia.

La federación LGTBI italiana denunció la negativa del Vaticano a nombrar a Stefanini. Según la agencia de noticias EFE, el dirigente de la organización, Flavio Romani, comparó la situación con la persecución que sufren gays y lesbianas en Uganda, donde “son perseguidos ‘en nombre de Dios’”, y dijo claramente que “en el Vaticano las personas homosexuales se ven rechazadas, a pesar de las palabras que predican la acogida”.

Fuentes diplomáticas francesas aseguraron que todavía esperan recibir el visto bueno vaticano: “Esperamos la respuesta a nuestra petición de consentimiento”. Según el diario Le Monde, el cargo está vacante desde principios de marzo, dado que el anterior representante de Francia ante el Estado pontificio, Bruno Joubert, ya ha regresado al país.

“Si alguien es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”, había dicho el Papa en 2013. Lejos quedaron esas declaraciones, que papistas y allegados habían hecho dar vuelta al mundo, para mostrar el cambio que llevaba Bergoglio al Vaticano. Hoy, dos años más tarde, el Papa Francisco ya tiene en su haber una colección de declaraciones que confirman que la Iglesia católica sigue en la senda inquisitorial que ha recorrido su historia.

Hasta el viernes 10, el Vaticano se había negado a hacer declaraciones. El diplomático Laurent Stefanini ya había ocupado un puesto en la embajada francesa en el Vaticano entre 2001 y 2005. El diplomático no sería el primer embajador homosexual postulado para el cargo, pero sí sería el primero en asumirlo abiertamente. Evidentemente, aceptarlo es un precedente que el Vaticano no quiere sentar.

El matrimonio entre personas del mismo sexo fue aprobado en 2013 en Francia, luego de una intensa discusión en la Asamblea Nacional. Durante el debate, se realizaron movilizaciones a favor y en contra, mostrando una sociedad polarizada, con una mayoría del 65 % a favor de este derecho civil y un 37 % en contra. La aprobación generó indignación entre la derecha conservadora y los sectores religiosos.

Esta no es la primera vez que el Papa Francisco busca influir en la vida política. En Argentina, cuando era cardenal, Jorge Bergoglio encabezó en 2010 la oposición al derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo, al que denominó una “movida del Diablo”, hoy olvidado por los renovados lazos entre el oficialismo y el Papa. Y hasta hoy, el gobierno de Cristina Fernández ha cumplido religiosamente su pacto con el Vaticano, y ha bloqueado todo debate para aprobar el derecho al aborto legal, y terminar con las 300 muertes por año por abortos clandestinos. La presidenta espera recibir en junio un nuevo respaldo del Papa para su gestión, cuando visite el Vaticano, en pleno año electoral.







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