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El Salvador: la violaron, sufrió un aborto espontáneo y le dieron 30 años de cárcel

Evelyn, de 19 años, fue condenada por “homicidio agravado”. El país mantiene una prohibición total del aborto y la legislación más regresiva para las mujeres de todo el continente.

Viernes 7 de julio | Edición del día

Evelyn Beatriz Hernández Cruz tiene 19 años. El 6 de abril de 2016 ingresó a un hospital salvadoreño de la localidad de Cojutepeque debido a un fuerte sangrado, acompañada por su madre. La joven había tenido un aborto espontáneo en el baño de su casa. Una violación producida seis meses antes la había dejado embarazada aunque ni ella ni su familia lo sabían.

Pese a su frágil condición, lejos de asistirla, Evelyn fue detenida y denunciada en el mismo centro de salud. Recientemente fue sentenciada por un tribunal a treinta años de prisión bajo la carátula de “homicidio agravado en perjuicio de su hijo recién nacido”. El caso ya recibió el repudio de distintas organizaciones feministas y de derechos humanos así como de Amnistía Internacional.

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Lejos de ser una excepción, este atropello sobre la vida de las mujeres es moneda corriente en El Salvador. Ya son treinta las condenadas a penas entre doce y treinta años por este motivo. Junto a Chile, Honduras, Nicaragua, Haití, Surinam, Malta y Andorra, el país mantiene una prohibición total sobre el aborto.

Poco más de veinte años atrás, en El Salvador era legal la interrupción legal del embarazo en casos de violación, si la salud de la mujer corría peligro o el feto presentaba malformaciones graves. Sin embargo, una modificación en el Código Penal producida en 1998 lo ilegalizó en todos los casos, a la par que establecía las condenas más altas del mundo para las afectadas.

Las penas por aborto oscilan entre dos y ocho años para las personas que abortan; y de doce años para los médicos que intervengan. En muchos casos, como el de Evelyn, las jóvenes son acusadas directamente por “homicidio” u “homicidio agravado” lo cual conlleva hasta 50 años de cárcel.

El propio Ministerio de Salud aceptó que entre 2005 y 2008 se produjeron por lo menos 19.290 abortos aunque las activistas hablan de cifras mucho más elevadas. Como siempre, las mujeres pobres con las más afectadas. Cientos de ellas ingresan cotidianamente a los sanatorios por utilización de agujas de tejer, pesticidas y trozos de madera, como indican distintos especialistas.

En 2011, la Organización Mundial de la Salud estipuló que el 11% de las mujeres y niñas que se sometieron a un aborto ilegal en El Salvador murieron como consecuencia de ello. Se debe, en gran parte, a que no pueden buscar asistencia médica frente a infecciones y complicaciones porque corren riesgo de ser detenidas y procesadas.

De acuerdo con Amnistía Internacional, una encuesta del 2013 reveló que el 74% de los salvadoreños están a favor del aborto cuando peligra la vida de la mujer. Sin embargo, la influente Iglesia Católica y los partidos derechistas –que recientemente presionaron para incrementar las penas- hacen lobby para que la situación no se modifique.

El obispo auxiliar de la capital, Gregorio Rosa Chávez, ha declarado a la BBC: “Toda vida humana es sagrada. Eliminarla es un asesinato. Y si hay dos vidas en peligro, madre e hijo, hay que salvar la vida del más débil, del hijo”. Una muestra clara del cinismo de la jerarquía eclesiástica, opositora declarada de las mujeres y los sectores oprimidos.

¡Libertad para Evelyn y anulación de la condena!

En 2011 el caso de de María Teresa Rivera, también salvadoreña, tomó relevancia internacional. Ella había tenido un aborto espontáneo en su casa con sólo 21 semanas de embarazo y se dirigió hacia el hospital. Casi inconsciente, el personal de establecimiento la denunció -sin pruebas- de haberse inducido un aborto y la policía la esposó a la camilla. Le otorgaron cuarenta años de pena. El pasado año, el repudio extendido y las protestas lograron que María Teresa fuera liberada.

Se hace evidente que la lucha por este derecho democrático elemental se conseguirá con la movilización de miles y miles de mujeres en las calles. Además, debe ir de la mano con la exigencia de separación de la Iglesia y el Estado, una alianza enemiga de nuestros derechos.

Ésta es la pelea que históricamente levantó el movimiento de mujeres y se reactualiza con cada terrible caso que sale a la luz.

¡Vivas nos queremos!






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