Cultura

ENTREVISTA EXCLUSIVA

“El Resentimiento de los Gauchos”: el nuevo disco de Sergio Massarotto

El artista cañuelense cuenta sobre su segundo disco. Habla desde la excentricidad de sus canciones, sus influencias, hasta características del actual gobierno. Un adelanto sobre la presentación de su obra este 18 de Marzo en Cañuelas, y el 31 de Marzo en la Ciudad de Buenos Aires.

Miércoles 15 de marzo de 2017 | Edición del día

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Fotografía: Lu Velázquez y Roma Corrales

Sergio Massarotto es una artista de la localidad de Cañuelas que lleva varios años ya haciendo y dando clases de música. Comenzó tocando en la mítica banda cañuelense El Eternauta, es actual integrante de la banda de rock Científico Loco, y un prominente solista. Este año acaba de sacar su segundo material solista: El resentimiento de los gauchos, un disco que transita entre el folk rock, free folk y blues al cual podemos escuchar, al menos por ahora, en distintas plataformas de streaming como Spotify, Google Play o Band Camp. El 18 de Marzo presentará en vivo el disco en su ciudad y el 31 del mismo mes estará actuando en el centro Batacazo Cultural de la ciudad de Buenos Aires.

Desde La Izquierda Diario, acercamos a nuestros lectores una entrevista exclusiva con un artista que de solo escuchar sus discos, se ve un futuro que promete.

El disco completo para que escuchés a lo largo de la entrevista...

LID: Nos llamó la atención el título del disco, si bien hay un sentido sugerido, ¿hay alguna referencia más intencional?

S.M: Le puse ese título al disco por varias razones, las cuales creo que encajan todas en un mismo concepto amplio y viscoso. El título podría haber sido otro. "Vannity book" me gustaba también ya que refiere a esos libros que el mismo autor se financia, libros que no están socializados en el momento de su producción.

Básicamente con este disco pasa eso, me encerré en mi casa a componerlo, grabarlo, mezclarlo, masterizarlo un poco, pulirlo… Está eso de la autoproducción al nivel de la estructura que tiene que ver con dos cosas, claro: la vanidad pero también otra cuestión más interesante como el resentimiento. ¿Por qué? Porque básicamente, como dice un amigo que se arregla sólo el auto, recurrimos a esta manualidad apoyados en que no tenemos los medios para pagar un estudio grande de grabación. O sí está eso, pero no para el proceso de la mezcla o el master. Y eso es una situación que genera resentimiento, mirás a otros que sacan discos y vos estás ahí apoyado en la inacción. Pero claro, con ese sentimiento uno puede hacer varias cosas: o bien se deja comer por él y se apoya en posiciones lastimosas, lloronas que no hacen otra cosa que hacer crecer más y más esa impotencia-¡nadie me viene a ver, la gente es una mierda no escuchan bandas nuevas!- , o bien lo usamos como una oportunidad, lo convertimos en algo positivo. Esto último es lo que hice, más o menos; aprendí un nuevo oficio y me grabé a mi mismo con los recursos que tengo, y el resultado me gusta.

Aprendí un nuevo oficio y me grabé a mi mismo con los recursos que tengo, y el resultado me gusta...

Por otro lado, el concepto se completa con la figura histórica del gaucho como un habitante de la Provincia donde vivo, al que lo fueron acostumbrando a un dilema que tiene la forma de una pinza: que pensemos que es indispensable estar atado a los designios de la ciudad de Buenos Aires y, como objetivamente no podemos responder o llegar a esos designios, esa exigencia sedimenta un antiguo resentimiento.

Desde ese lugar del desierto y el pantano provincial quise hablar ya desde el mismo título, haciéndome cargo del suelo que piso, la geografía, las relaciones entre las personas y la fenomenología de los que habitamos esta zona, que no son las mismas que la de otras partes del país.

LID: Algo de eso que decís está en las letras, es evidente en Gengis Kan –“en el campo de atrás de casa vive Gengis Kan…/mentira sólo hay tiempo/pero el porteño nos teme igual”– pero en otros lugares como el tema que lleva el título del disco aparece más solapado, salvo en la frase en la que se escucha el odio “vámonos afuera que los débiles están/ preparando una cena/con su propia mierda”. Sin embargo, hay más... ¿De qué otras cosas hablas en las canciones?

SM: Antes que nada una aclaración: que cada uno escuche lo que quiera en mis canciones. Hecho eso, ahora sí, aparece el autor. Creo que el disco se anuda, como te dije, en varias aristas estéticas que considero son parte de la fenomenología de la zona, o sea, como percibimos el mundo los provincianos, los redneck, pero desde nosotros mismos. Y ahí corren un montón de temas, aparece una riqueza enorme que hay que aprovechar. Entonces hablo de cosas básicas: del amor, del odio, del miedo, el peligro, el deseo y la fantasía de escapar, la fragilidad, las relaciones amorosas, la amistad y Dios. Los temas eternos.

LID: Musicalmente los temas están claramente en lo que se puede llamar free folk o también el clásico folk rock. ¿Cuáles fueron tus influencias para hacer este trabajo?

Hay un escrito de Borges muy conocido que se llama Kafka y sus precursores. Dice algo así como que es uno el que va armando sus influencias y no al revés. Con eso, yo escucho el disco y la hago fácil: huelo algo desde Jack White hasta cosas del Indio Solari y Charly García. Pero no sé. A mí me voló la cabeza mal el film “Historias extraordinarias”, me parece que es lo máximo que se ha dicho sobre la provincia de Buenos Aires, y bebí mucho de ahí. También Radiografía de la pampa de Martínez Estrada, los discos de La Patrulla Espacial y Las Armas, y gente del folklore sureño como Alberto Merlo o Larralde.

Hice una lectura de años de todo ese material para madurar un punto de inspiración que conecté con la influencia de lo extranjero: Jack White, el culto del Mississippi, True Detective y hasta Hegel. No es que un día me puse a leer, ver y escuchar todo eso para poder escribir algo. Fueron años de ir por ahí, buscando, relacionando y fantaseando bastante, sobre todo, para poder inventar o encontrar el concepto: lo sureño como algo local y transcultural al mismo tiempo, el blues del Delta del Mississippi. ¿Por qué no pensar en un Delta de la Provincia de Buenos Aires más sureño, en la zona de las lagunas encadenadas y la cuenca del Salado donde se abreva la milonga, ese otro blues nuestro: Cañuelas, Belgrano, Monte, Pila, Lezama, Monasterio, Castelli, etc?.

Y por último, la modernidad. O sea, quebrar lo telúrico con la tecnología, con los sintetizadores y la marca del synth pop que me gusta tanto, algo que Carlos Solari hace muy bien, claro, y el cual es un concepto que le debo a lectura del crítico Simon Reynolds y también al musicólogo Carlos Vega, que aunque parezca extraño vaticinaba que géneros como la milonga no hacen otra cosa que prolongar su agonía en manos de los tradicionalistas.

LID: De tu primer disco solista El extraño camino al propio norte, a este segundo disco hay una evolución musical. De una música más arpegiada y acústica, a una abundancia de sonidos electrónicos. ¿Cómo fue esta transición?

S.M: El primer disco fue un compendio de canciones que recolecté a través de varios años que podemos titular -a riesgo de ser tremendamente pedante- como de “búsqueda”. Por eso el título. Es un disco que me dio mis alegrías y al cual defiendo. Pero considero que el actual es el rumbo que siempre quise hacer. Paré la pelota y profundicé en algunas cosas, afiancé algunos gustos como el folk gótico, el blues del delta al tiempo que me enamoré de los sintetizadores. Me parece que “El resentimiento de los gauchos” es más sincero con lo que soy, aunque en algunas canciones del anterior disco como "Acantilado", el cover "Aint no Sunshine" o "Corvina" podés anticipar esto que estoy haciendo ahora que no es otra cosa que la música que me gusta: canciones con alguna pretensión de fuerza, distorsiones, oscuridad, capas sonoras de distintos matices y letras a las que se les dedica un momento, una vuelta de tuerca. Ojo, capaz que el que escucha el disco dice "este es todo sanata, acá no hay nada" y hay que saber bancar esa, la verdad ácida del que escucha.

Compartimos "El Extraño Camino al Propio Norte"...

LID: En todo el país y con epicentro en la provincia de Buenos Aires se puede ver en estos días el desarrollo del conflicto docente. También lo podemos ver como un levantarse, el "resentimiento de los gauchos" con guardapolvo que salen a las calles y pelean por sus demandas. ¿Vinculás en algunas canciones de tus discos la pelea diaria de los trabajadores?

S.M: La segunda canción del disco se llama "La cultura del trabajo" y la escribí pensando en lo que significa ese concepto para los míos. Y tiene que ver con las luchas diarias, más que las grandes, las pequeñas, la de forjar un propio destino, un futuro pese a todo. Ahí intento hablar, insisto, acerca de que es ser un trabajador, cuales son los códigos que yo veo manejamos en esa esfera. Y para mi el concepto se abre en la imagen del padre mirando al hijo cómo se va al galpón de pollos, a la fábrica o al horno de ladrillo, ese cuidado y esa preocupación es propia de aquellos que están o estamos o estuvimos apoyados en la nada y que sin embargo soñamos, nos enamoramos y damos pelea a nuestro modo.

Hay, arriba, un gobierno de gente que nunca sintió el peso brusco, la atracción abismal y terrorífica de la nada...

Digo lo de la nada a propósito de lo que me decís de la actualidad: hay, arriba, un gobierno de gente que nunca sintió el peso brusco, la atracción abismal y terrorífica de la nada. Gente que nació con un puesto heredado, con familias amigas llenas de empresas, gente que se da el gusto de elegir empezar a trabajar en Marzo…Todo eso es lo que no es ser trabajador, que al contrario, es el que tiene todo el tiempo el peligro real de supervivencia insertado en la piel, en el inconsciente, en el cuerpo. Por eso busco entender, no estigmatizar, a través de la canción cuales son los miedos, los límites, de alguna familia cualquiera en, ponele, mi barrio Primero de Mayo. Me gusta esa letra. Pero te podrás dar cuenta que nunca hablo de una manera panfletaria, no me parece que sea nuestra misión como músicos eso, el miserabilismo que lo único que hace –y no sólo para mí- es fortificar el lugar de la injusticia, decirnos algo que ya sabemos todos, volver a leernos el diario y potenciar la debilidad, la entrega. Vuelvo al mismo lugar: me parece que es más importante en todos los planos entender, atravesar esa cosa que está ahí, ese monstruo que no sabemos bien qué es. Charly García, Spinetta, Prodan, Solari… Todos ellos lo lograron de distintas formas.

LID: Para ir cerrando Sergio, estás a punto de tocar el disco en vivo ¿en qué formatos lo vas a interpretar?

SM: Para el 18 de Marzo en Juana de Arco, acá en Cañuelas, estamos ensayando con Los Trabajadores, que es la banda que armé para defender “El resentimiento de los gauchos” y que son Roma Corrales en bajo y coros, Julián Farías en guitarra y Walter Rotundo en batería. Con esa formación vamos a reinterpretar los temas del disco. Digo así porque van a sonar a otra cosa de lo que se puede escuchar en el álbum; no muy alejado pero sí distinto. Y el 31 de Marzo en Batacazo Cultural me presento con la guitarra acústica y quizás algún sintetizador. La idea es ir adaptando las presentaciones a lo que pueda el lugar.







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