DEBATES EN EL FIT

El Partido Obrero en el Luna Park y el discurso de Jorge Altamira

El artículo analiza el significado político del acto del Partido Obrero y polemiza con alguna de las afirmaciones de Jorge Altamira en el discurso de cierre.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 9 de noviembre de 2014 | 22:54

Imagen: Facebook PO

El Congreso del Movimiento Obrero y la Izquierda convocado por el Partido Obrero tuvo como cierre un extenso discurso de Jorge Altamira.

Antes de analizar algunos de los conceptos vertidos por el referente del PO hay que remarcar dos cuestiones.

Primero, que la principal resolución del evento fue el lanzamiento de la candidatura presidencial de Altamira para las elecciones del 2015. Esto se confirma en el reflejo que hicieron los medios al día siguiente e incluso en el propio portal del Partido Obrero (www.po.org.ar), donde lo más destacado que se publicó a horas del Congreso es la resolución de la comisión política, luego ratificada en el pleno general (junto a la crónica del evento, y dos cortas entrevistas en video a Pitrola y Altamira), cuyo punto central es la propuesta de candidatura presidencial. Por lo tanto, en la forma y el contenido, el Congreso tuvo esencialmente un carácter de un acto político-electoral del Partido Obrero donde la propuesta de la candidatura ocupó el centro del evento y de sus repercusiones.

Y esto no podía ser de otra manera en el marco de una campaña electoral adelantada impuesta por la burguesía, camino hacia las PASO y en el marco del fin de ciclo político del kirchnerismo.

Esto significó un mentís autoimpuesto a las acusaciones que hizo el PO al PTS, cuando propuso como pre-candidato a la presidencia a Nicolás del Caño (junto a Christian Castillo, Myriam Bregman y decenas de pre-candidatos en todo el país).

Es una “usurpación” y es “prematuro”, habían afirmado los referentes del PO (entre otros calificativos de su siempre encendida verba), ante una propuesta de pre-candidatura presidencial de Del Caño, que era puesta a consideración de los partidos del Frente, así como de la vanguardia obrera y juvenil.

Como parte de uno de los partidos del Frente (junto al PO el más importante en fuerza militante y peso político), el PTS tiene el derecho de presentar ante los integrantes del FIT y públicamente a los simpatizantes del mismo, los candidatos que considera que aportan al fortalecimiento del Frente; así como los otros partidos tienen el derecho a considerar que otros son los mejores o más representativos en general y en el momento presente, para determinados puestos. Esto lo entiende cualquier persona con solo un poco de sentido común y que no esté ofuscada con los cambios que existen en la realidad, incluyendo las relaciones de fuerza en la izquierda y en el FIT. Todo el mundo conoce que el FIT está integrado por tres partidos con métodos, programa, tradiciones y sobre todo estrategias diferentes, y esto se expresa permanentemente en las polémicas públicas en las prensas partidarias y, con mayor claridad, en la práctica de lucha de clases (donde debe estar el centro de gravedad de cualquier organización revolucionaria). Aquí hay un compilado de artículos que sintetizan varias de esas polémicas durante este año.

Así como acordamos un programa y pusimos en pie un bloque político para el combate contra los partidos de la burguesía, polemizamos legítimamente dentro del Frente para influir con nuestros programas e ideas, y en última instancia la ubicación de las candidaturas en los principales lugares de referencia es una de las formas de expresar los cambios, avances y retrocesos de esa legítima búsqueda de influencia política.

En este punto, Izquierda Socialista merece una mención particular. En el comunicado que emitieron hacia el Congreso del PO y en el saludo al mismo, propuso “una lista única del FIT para derrotar el intento proscriptivo de las PASO, encabezada por la candidatura de Jorge Altamira a presidente, respetando el equilibrio ya alcanzado entre las fuerzas del FIT”. Parece que para IS no pasa el tiempo, el “equilibrio alcanzado” es eterno e inmutable y desde los acuerdos de hace cuatro años (reconstituidos con cambios en el 2013) no hubo modificación alguna (incluso que pueda mejorar su propio posicionamiento dentro del FIT). Expresa un conservadurismo sorprendente (amén de una falta de ambición política).

En segundo lugar, la necesidad de la convocatoria a un nuevo congreso del movimiento obrero y la izquierda (que incluya al resto de la izquierda) fue un reconocimiento de que este no era “el” congreso del movimiento obrero y la izquierda, sino uno del Partido Obrero y lo sectores que influencia, con la participación parcial de otras organizaciones. Por ejemplo, Izquierda Socialista, donde milita el “Pollo” Sobrero que está impulsando una corriente común con el “Perro” Santillán, participó solo para dar un saludo en el acto, además de proponer alinear al Frente detrás de la candidatura de Altamira.

Como afirmamos en la crónica para La Izquierda Diario, basada en el informe que nuestros corresponsales en el Luna y en el seguimiento que hicimos por la transmisión vía internet, con este llamado “el Congreso del PO” (como lo llamó correctamente Giordano de IS) confirma que “Queda pendiente el necesario reagrupamiento del conjunto del movimiento obrero combativo y clasista, independiente de las direcciones de las centrales sindicales, tanto oficialistas como “opositoras”, al servicio del triunfo de todas las luchas, de impulsar la pelea por recuperar los sindicatos echando a los burócratas y de levantar un programa para que la crisis la paguen los capitalistas”.

En este marco, hacemos algunas consideraciones sobre ciertos aspectos del discurso de Altamira.

Frente Único, bloque político y Frente de Izquierda

Entre las cuestiones que planteó Altamira en su discurso, con el objetivo de debatir con el PTS (sin nombrarlo abiertamente como es costumbre en el PO), estuvo la equiparación del Frente de Izquierda como un “Frente Único” (esto se retoma textual en la resolución política). Y utilizó una metáfora cuasi militar afirmando que (citamos de memoria porque no disponemos del video o audio): "Discutamos todo lo necesario si hay que ocupar el puente o no. Pero después dejamos de discutir y lo vamos a ocupar”. Es decir, primero equiparó al FIT al “Frente Único” y después a la campaña político-electoral con una acción cuasi militar específica, que por su propia naturaleza, lógicamente, niega toda posibilidad de debate.

En todo esto hay una gran confusión, donde la más general y gruesa es la igualación de la lucha política a la lucha física o de posible enfrentamiento callejero casi militar.

El equiparamiento con el “Frente Único" es el primer error. En este artículo se polemiza con esta concepción del FU del PO, planteada para negarse a los reagrupamientos de la vanguardia combativa.

El Frente Único Obrero es una política de masas lanzada por la Internacional Comunista a las direcciones políticas y sindicales del movimiento obrero cuyo lema era "golpear juntos" (en huelgas, movilizaciones y acciones en general) y “marchar separados”, es decir, no mezclar banderas, no hacer programas de agitación común, ni participar en un frente electoral bajo la misma bandera. El Frente Único es en un sentido más y a la vez menos que el Frente de Izquierda. Es más, porque debe implicar necesariamente a organizaciones de masas del movimiento obrero (o en otros niveles, aunque no sea el FU tradicional, a organizaciones de vanguardia amplia), y es menos, porque programáticamente pre-supone acuerdos mucho más elementales que el programa acordado por el FIT y que tienen el objetivo de acciones específicas (defensivas u ofensivas).

Cuando en 1919 comenzó la reacción contra la onda expansiva de la Revolución Rusa, los marxistas le plantearon a las direcciones socialdemócratas (que en esa época estaban conformadas por cientos de miles de obreros), a los anarquistas, a los sindicalistas sin partido; que los comunistas (bolcheviques) estaban de acuerdo en marchar con ellos en todos los países para resistir los ataques burgueses, pero "marchar separados" es decir, no confundir la bandera de los comunistas con otras corrientes.

El FIT es un polo o bloque de agitación de tres partidos que se reivindican trotskistas que defienden un programa de reivindicaciones transitorias, la independencia de clase y plantean un gobierno de los trabajadores. Eso no es un "Frente Único" sino un reagrupamiento de formaciones de izquierda que se reclaman revolucionarias que aún no son grandes partidos y su objetivo es para agitar en común un programa revolucionario en los procesos electorales. El programa del FIT, más que al “Frente Único” abre el camino al debate de la necesidad de un partido revolucionario, propuesta que hemos hecho en varias oportunidades y a la que nuestros aliados lamentablemente se han negado sistemáticamente.

Las PASO para le PTS son una posibilidad, y de última instancia, para evitar que se rompa ese acuerdo progresivo si no hubiere acuerdo en las candidaturas que reflejan dinámicamente el peso de las distintos partidos que lo integran. El escudarse en que eso rompe el Frente Único no tiene el menor sentido. Darle un carácter dramático a la posibilidad de la propuesta (cuando incluso todas las formaciones políticas del país lo discuten), en nombre de un presunto principio de “monolitismo” político ajeno a la tradición del marxismo en general y del trotskismo en particular (y con mayor razón en el marco de un frente), es un poco infantil.

Ahora, si tomamos por un momento la metáfora de Altamira, a siete meses de las elecciones (como se encargaron de remarcar los mismos compañeros del PO cuando afirmaron que era “prematura” la pre-candidatura de Del Caño, para que una semana después no sea “prematura” la de Altamira, al que parece que lo asiste un “iusnaturalismo” más allá del tiempo y del espacio); no estamos en el momento de la “toma del puente”, sino en los preparativos para la acción. Por lo tanto, es el momento de debatir con qué herramientas, con que disposición de fuerzas, con qué estrategia y con qué programa (que debe ser reactualizado) nos disponemos a “tomar el puente”.

Escudarse en la necesidad de un presunto “monolitismo” que es necesario para la acción, es una forma un poco ofuscada de “militarizar” una discusión que es de carácter político y que requiere de la diversidad de propuestas que enriquecen al FIT de cara a la responsabilidad que tiene por delante. Si eso pone en cuestión un “status quo” o en términos de Izquierda Socialista un “equilibrio” que se presume eterno e inamovible, debe debatirse y comprobarse políticamente con el objetivo de alcanzar un acuerdo que exprese el equilibrio entre el pasado, el presente e incluya los desafíos hacia el futuro.

El partido, la clase y la izquierda

En otro tramo de su discurso, Altamira destacó otros factores importantes: la reivindicación de los “constructores” de partido, la necesidad de un anclaje de clase de la izquierda revolucionaria (en este sentido criticó a la formación PODEMOS del Estado Español, como un fenómeno efímero del momento y que no se apoya en la clase obrera) y una reivindicación de la tradición.

Curiosamente la juventud no tuvo tanto peso relativo en su discurso, siendo que es una de las bases más importantes de apoyo que tiene el FIT, y la juventud trabajadora en particular que es la que peores condiciones mantuvo en la “década ganada”.

Sobre la construcción, el “anclaje de clase” y el necesario combate con “las izquierdas” que no buscan construirse en el movimiento obrero (como Syriza o PODEMOS) es una discusión que siempre ha desarrollado el PTS, en primer lugar, con la práctica del mismo Partido Obrero. Justamente, ha insistido en su discurso y en los hechos en que la “fusión de la izquierda con el movimiento obrero” debe ser orgánica y en primer lugar en la arena de la lucha de clases, para desde allí elevarlo al terreno político. Los resultados de los combates emblemáticos del movimiento obrero (como el de Lear en curso), y sobre todo la magnitud de las batallas no son “neutrales” a la hora de intentar elevar a la vanguardia obrera fogueada en esas luchas, al terreno político. De ahí el evidente compromiso del PTS cualitativamente mayor que el del conjunto de la izquierda con el desarrollo de estas luchas.

Esas mismas convicciones son las que llevaron a conquistar posiciones estratégicas en el movimiento obrero, incluido el industrial donde es más difícil el trabajo político revolucionario, por el carácter más totalitario de sus sindicatos. En muchas oportunidades, el PTS le ha recordado al PO el consejo de Trotsky a los militantes alemanes: “Dada la debilidad del Partido Comunista en las empresas y los sindicatos, su crecimiento numérico no resuelve nada. En una nación conmovida por la crisis, minada por sus contradicciones, un partido de extrema izquierda puede encontrar decenas de millares de nuevos partidarios, especialmente si todo el aparato del partido, metido en una carrera competitiva está exclusivamente vuelto hacia el reclutamiento individual. Lo decisivo son las relaciones entre el partido y la clase. Un obrero comunista elegido para un comité de fábrica, o la dirección de su sindicato, tiene más importancia que millares de nuevos miembros, reclutados aquí y allá, que entran hoy en el partido para dejarlo mañana.” Este es el método que llevó al PTS a ubicarse muy por delante de la izquierda en el trabajo político en el movimiento obrero en general y en el industrial, en particular.

Pero además, fue el Partido Obrero quien en su momento calificó de “ascenso de la izquierda” la emergencia de Syriza en Grecia y PODEMOS en el Estado Español (destacado como similar por el PO), lo que implicaba como conclusión que había que darle apoyo político y electoral al primero (la posición del PO puede leerse acá y la crítica acá).

Tradición y juventud

Con respecto a la cuestión de la tradición y los constructores, en la presentación de su pre-candidatura, Del Caño empezó su discurso reivindicando la tradición encarnada en varios referentes del PTS (Raúl Godoy, José Montes, Emilio Albamonte), que conforman, junto a las figuras públicas electorales, los intelectuales, los organizadores, el colectivo del PTS. El desafío que asume Del Caño es representar como “portavoz” a esa tradición, a ese programa y esa práctica política revolucionaria, en el marco del FIT.

Pero además, tanto Del Caño como Castillo (así como todos los precandidatos presentados), son constructores de partido. Nicolás, pese a su corta edad (34 años) tiene casi 20 años de una militancia que comenzó cuando tenía 15. Fue dirigente estudiantil en su Córdoba natal (donde formó parte de la conducción del Centro de Estudiantes de Filosofía) y hasta su partida a Mendoza, con la tarea de construir el partido en esa provincia, fue parte del comité provincial. En Mendoza, además de su militancia universitaria y juvenil, tuvo el mérito de convertirse en la figura que hoy es.

El caso de Christian Castillo es más conocido, como referente indiscutible de la universidad, como fundador del PTS, intelectual y dirigente nacional, que en su trayectoria ha tomado tareas de construcción tanto nacionales como internacionales.
Pero, en el caso de Del Caño, propuesto para la precandidatura presidencial, hay una responsabilidad de llevar esa tradición (propia y de su partido) hacia las nuevas generaciones que de manera masiva (15% de los votos) depositaron la confianza política su figura en Mendoza (como sucede en Salta con los referentes del Partido Obrero). Porque aunque son importantes, un partido no se reduce a las figuras electorales, que son el elemento más conocido y público de un colectivo revolucionario; y que deben ser elegidas también teniendo en cuenta la situación y las tendencias del presente.

En este sentido, es necesario asumir el desafío de conquistar y ampliar la base de apoyo en la juventud, tanto estudiantil como trabajadora y precarizada, un componente sustancial del voto al Frente de Izquierda. Del Caño logró un apoyo en franjas de masas de esa juventud en Mendoza (un encuestador mendocino calcula que su voto está integrado casi por un 50% de jóvenes). Es tan necio plantear la cuestión en términos de “lucha de generaciones” (ajeno a la tradición de la izquierda), como negar la necesidad de conquistar a las nuevas generaciones de la juventud trabajadora postulando los candidatos que la identifican, además tomarla como un dato político objetivo.

Esa es la base de la propuesta de la precandidatura presidencial de Nicolás del Caño, puesta a debate (sin ultimatismo) hacia el FIT y hacia todos aquellos que buscan que se fortalezca.

Como escribimos en un reciente artículo para la publicación “El Estadista”: “Uno de los desafíos de la izquierda es apostar a nacionalizar las experiencias de Salta y Mendoza. Lograr empalmar con franjas de los trabajadores y sobre todo de la juventud que se distancian del Gobierno y de los partidos tradicionales, sintiéndose identificados con los jóvenes candidatos de la izquierda que levantan sus banderas, junto a los tradicionales candidatos del FIT”.

Una vez reconocida y “legalizada” públicamente la pre-candidatura de Jorge Altamira por parte del PO, que se desarrolle el debate con el espíritu de fortalecer y defender el Frente de Izquierda.







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