Mundo Obrero

FRENTE ÚNICO OBRERO

El PO rompiendo a martillazos todo lo escrito por Trotsky

Debate con el Partido Obrero sobre la actuación en los sindicatos a partir de las lecciones de Trotsky sobre el Frente único Obrero.

Federico Puy

Docente, Congresal UTE-CTERA

Viernes 8 de diciembre de 2017 | Edición del día

El Partido Obrero no tiene una línea, digamos coherente, sobre los sindicatos y sobre todo en relación a la política hacia los sectores de la burocracia que se ubican en la oposición y las organizaciones que dirigen. Hay veces que consideran que exigirles a estos sectores que se pongan a la cabeza y llamen a luchar a su base es un “encubrimiento” y se escandalizan, hay veces que les hacen llamados correctos que ellos mismos criticarían en una nota anterior o futura y hay veces que se alinean con sectores de la burocracia de forma acrítica al punto que cantan juntos "se va a acabar la burocracia sindical".

El menú como se ve es variado. Pero nunca se olvidan de ir contra las enseñanzas de Trotsky en relación a la política de Frente Único Obrero. Parece gente que agarró un martillo y empezó a darle de forma un poco exaltada a la teoría y la política histórica de la Tercera Internacional y los bolcheviques. Han logrado, hay que admitirlo, no dejar nada en pie.

Recordemos que esta era una táctica para las organizaciones que aún no habían conquistado la mayoría de la clase obrera (por ejemplo, “nosotros, la izquierda”), mediante un llamado a la acción común a las organizaciones de masas con direcciones reformistas (y ultra traidoras como la socialdemocracia que venía nada menos que de matar a Rosa Luxemburgo). Se buscaba que mediante la acción política, se pudiera acelerar la experiencia con esas dirección y que los revolucionarios ganaran cada vez más peso en desmedro de los reformistas. La táctica podía ser exitosa, en el sentido de lograr que se imponga realmente Frente Único, mejorar así las condiciones de lucha misma, subir la moral de los trabajadores al ver su propia fuerza y mostrar quien es quien en la lucha misma o bien podía fracasar por la negativa de los reformistas, aunque en ese caso quedaría demostrado que la falta de lucha común no era por responsabilidad de los revolucionarios, acelerando también la experiencia.

Esta táctica puede darse a la defensiva, llamados a la unidad para luchar frente a ataques del capital o a la ofensiva, donde el Frente Único incluso adquiere otras formas de organización como son los Soviets o la misma exigencia a las organizaciones reformistas para que rompan con la burguesía y tomen el poder. Esta política incluye la independencia total del partido e incluso la disciplina de la organización revolucionaria y su homogeneidad, el derecho a crítica y a romper toda Frente Único cuando los reformistas capitulan abiertamente. De ahí la síntesis genial de “golpear juntos, marchar separados”.

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Trotsky se basaba en que si se lograba que haya una lucha de clases más amplia, esa situación siempre iba a ir en beneficio de los revolucionarios, si actuaban bien.

Hasta acá cualquiera se pregunta ¿quién puede estar en contra de esto? Un compañero del PO, toma el martillo (perdón la palabra) para comenzar. Contesta una afirmación del PTS que escribió que “si logramos obligar a la burocracia a salir de sus cómodos sillones, ayudaremos también a fortalecer la moral de los trabajadores”. El compañero Juan Romero responde: “Si salen de sus “cómodos sillones” será para actuar como contención de la reacción de los trabajadores”.

¡Uf! Cómo el PO con esa lógica le está dando martillazos al pensamiento del pobre León Trotsky. Sobre el asunto, dejemos que se defienda solo:

"No sólo los comunistas no deben oponerse a estas acciones comunes sino que, por el contrario, deben tomar la iniciativa justamente porque cuanto más grandes son las masas atraídas al movimiento más alta deviene la conciencia de su potencia, más segura se vuelve de sí misma, y más se convierten las masas en capaces de marchar hacia delante, por muy modestas que hayan sido las consignas iniciales de la lucha".

Es obvio que si las masas salen a la lucha, la situación mejorará para los revolucionarios. Salvo para el PO que ve allí el peligro: “Peligro trabajadores luchando (con la dirección incorrecta)”.

Pero el compañero, que golpeó tanto lo escrito por la IC que no se percató que Trotsky hace casi una respuesta textual a su insólita acusación y el tema de los sillones: “Los reformistas temen al potencial impulso revolucionario del movimiento de las masas; la tribuna parlamentaria, las oficinas sindicales, los juzgados, las antecámaras de los ministerios son sus lugares favoritos. Nosotros, por el contrario, estamos interesados, por encima de cualquier otra consideración, en obligar a los reformistas a salir de sus escondites y en situarlos a nuestro lado en el frente de las masas en lucha. Con una buena táctica esto sólo puede suceder en nuestro beneficio.” Cambie “escondite” por “sillón”, lo mismo da.

Para finalizar Trotsky explicará lo que pasa con quienes no llevan adelante una táctica de este tipo:

"Si el Partido Comunista no buscase las formas de organización susceptibles de hacer posible en cada momento determinado las acciones comunes concertadas entre las masas obreras comunistas y no comunistas (socialdemócratas incluidas), daría prueba, por ello mismo, de su incapacidad para conquistar a la mayoría de la clase obrera mediante acciones de masas. Degeneraría en una sociedad de propaganda comunista y nunca se desarrollaría como partido para la conquista del poder"

Frente Único consigo mismo y numerosas organizaciones

Estas afirmaciones extravagantes no son aisladas y salen de una, digamos, “teoría” que hizo el PO sobre el Frente Único. Dice el compañero Bravetti en diciembre del 2016:

“Una idea opuesta del frente único. Para el PTS, el frente único no sería un llamado a la unidad de los sectores “combativos y clasistas” para luchar por un programa, un método y un agrupamiento opuestos a la burocracia que sostiene la tregua, sino que podría incluirla”

Es tedioso tener que repetirlo pero la política del Frente Único Obrero, no solo podría incluirla sino que si no la incluye, no hay política de Frente Único porque hacia ella está dirigida. Si en ese momento toda la burocracia, se encuentra encolumnada con el gobierno y es parte del ataque, entonces no se la llamará a nada pero si es así no habrá Frente Único, porque es una política dirigida a las direcciones y organizaciones de masas. Pero lo que no se podrá hacer jamás es lograr un Frente Único por la unidad de las organizaciones de izquierda y su influencia sindical, al menos hoy.

Responde Trotsky en defensa propia:

"Si hubiésemos podido unir a las masas obreras alrededor de nuestra bandera, o de nuestras consignas normales, empequeñeciendo a las organizaciones reformistas, partidos o sindicatos, sería, ciertamente, la mejor de las cosas. Pero en ese caso la cuestión del frente no se plantearía ni incluso bajo su forma actual. La cuestión del frente único se plantea porque fracciones muy importantes de la clase obrera pertenecen a las organizaciones reformistas o las apoyan. Su experiencia actual no es aún suficiente para hacerles abandonarlas y organizarse con nosotros".

Como acá el problema no es Miguel, otro militante del PO, Juan Romero, el que dijo que era un problema sacar a la burocracia de los sillones y que los trabajadores salgan a las calles, remata el “pensamiento”: "Al contrario del seguidismo a las direcciones sindicales peronistas y kirchneristas, Tribuna Docente y la CSC-PO pugnan por el desarrollo de agrupaciones clasistas, defendiendo la independencia política de los trabajadores, poniendo en práctica el método del frente único contra el gobierno, las patronales y… la burocracia".

Esto parece una respuesta a Trotsky, "sí, vamos a decirles que abandonen a las organizaciones actuales y se organicen con nosotros". Esto el PO lo llevó a la práctica.

“El 12 de octubre marchamos, junto a numerosas organizaciones de lucha, al Ministerio de Trabajo contra la reforma anti-laboral y el pacto Macri-CGT, que ahora se confirma a los ojos de todos los trabajadores. Con la misma perspectiva llamamos a impulsar asambleas, plenarios, paros y piquetes y a ganar masivamente las calles para derrotar la reforma del gobierno, los gobernadores, las patronales y la burocracia sindical”. (negritas nuestras).

No es una legítima movilización de denuncia, un acto político, sino que es una “acción” que muestra la forma con que se puede “derrotar la reforma del gobierno, los gobernadores, las patronales y la burocracia sindical”. Sólo, solito y solo, unas 3.000 personas muestran el camino a unos 12.000.000 de asalariados (perdón 11.997.000) a quienes se los convoca a seguir el camino.

Para que no queden ya dudas de que el razonamiento no es un mal rayo en cielo sereno otro compañero del PO, Mariano Hermida hizo otro ataque a las concepciones de Trotsky. En medio del debate se paró, martillo en mano y dijo: "Queda claro entonces, que la mera "exigencia a la burocracia" para que se "ponga la cabeza de la lucha", como se manifestaron algunas corrientes de izquierda (llegando a proponer enviarle una carta al burócrata de Baradel), es una trampa mortal para los trabajadores. No se le pueden pedir peras al olmo"

Parece que para Trotsky y la Tercera Internacional el problema de los olmos, las peras y las burocracias reformistas es un poco más complejo. Si fuese un árbol que siempre da el mismo fruto, la política será más sencilla o sencillamente no habría que pensar bastante a cada momento. Otra vez dejemos que Trotsky que responda:

Los reformistas no son traidores porque siempre, y con cada uno de sus actos, cumplan las órdenes de la burguesía. Si así fuera, no tendrían influencia en el movimiento obrero y, por consiguiente, la burguesía no los necesitaría.

Así es. Si la burocracia toda y en cada momento fuese como dice el PO, la clase obrera ya la habría superado. En el fondo, la subestimación a los trabajadores es brutal porque sería gente que simplemente deja sus organizaciones en manos de burócratas que nunca y en ningún lado buscan el engaño ni practican la demagogia. Por eso a quienes convocaron a la marcha el 29 de Noviembre, se les debería criticar y al mismo exigir un plan de lucha, porque se ubicaron en esa posición, mas allá de su pasado y de su futuro. A eso se negó no solo el PO sino también la CTA Perón que hizo la marcha el 6. Allí casi todos los oradores se negaron a plantear lo elemental: que entre la fuerza de todos los gremios que se oponen y fueron parte de ambas marchas hay una fuerza enorme, que si se pone en movimiento sería capaz de derrotar las contrarreformas. Pero de eso no se habló.

De la visión infantil de que la burocracia es siempre igual a sí misma surge la autoproclamación y de la frustración inevitable, como no podía ser de otra manera, se salta a la unidad diplomática con un sector de la propia burocracia. Ahí vuelven a desoír aunque en sentido contrario al consejo de Trostsky que supo impulsar el FUO y al mismo tiempo explicar como se podía hacer sin seguidismo y que había que participar en él como "una división independiente".

"Hemos roto con los reformistas y con los centristas para tener libertad para criticar las traiciones, la indecisión del oportunismo en el movimiento obrero. Todo lo que limitase nuestra libertad de crítica y de agitación sería, pues, inaceptable para nosotros. Participamos en el frente único pero no podemos disolvernos en él en ninguno de los casos. Intervenimos como una división independiente"

Fuerza

Para que todo esto no suceda lo que se necesita, además de una política adecuada, es fuerza. Sin fuerza propia ningún sector de la burocracia va a hacer lo que no quiere, nadie va a imponerle nada. Pero el PO no se plantea este problema que lo llevaría a pensar de qué manera por ejemplo el SUTNA podría movilizar, digamos un cuarto de sus afiliados, 1500 obreros.

En los casos concretos, sin fuerza, el llamado a los sindicatos no pasará de un pedido diplomático que muchas veces da lugar a no hacer ningún llamado. Hay que ver en cada lugar y a nivel general si los revolucionarios tenemos la fuerza como para que la base de las organizaciones dirigidas por direcciones burocráticas nos escuche y preste realmente atención a nuestras propuestas unitarias, que las propuestas lleguen a la base de verdad y que esta las consideren justas. Hay que lograr fuerza propia, militancia y pensar. No queda otra.

¿Nuevas direcciones?

Para finalizar el compañero que escribe, golpea con un título terrible “"Frente Único con la burocracia o nueva dirección?". Sería como decir por ejemplo ¿"Construir un partido o leer un libro"? El FUO es una táctica para ganar a la mayoría de la clase obrera cuando las organizaciones revolucionarias son minoritarias. La “nueva dirección” es una táctica para formar frentes con otras agrupaciones independientes de la burocracia, (aunque no revolucionarias) por ganar la dirección de tal o cual sindicato. Como tal no podría ser más que episódica ya que estratégicamente el partido debe luchar por una dirección revolucionaria para los sindicatos. El PO la convierte en estrategia, como hizo el odiado morenismo, nunca tan bien imitado. De allí su defensa de las multicolores como estrategia y su unidad en la Lista Negra del SUTNA con sectores peronistas, no en la dirección del sindicato sino en la única agrupación donde el PO participa. La confusión no puede ser mayor. El señor del martillo, agarró una tenaza.

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Las agrupaciones que impulsa en el movimiento obrero el PTS, desde el Movimiento de Agrupaciones Clasistas, tienen como objetivo echar a la burocracia de los sindicatos y ponerlos al servicio de la lucha y la organización de la clase trabajadora, en alianza con todos los sectores oprimidos, en la perspectiva de un gobierno de los trabajadores, en ruptura con el capitalismo (como plantea el programa del FIT). Y el FUO es una táctica que nos permite "golpear juntos y marchar separados" y que los trabajadores avancen en su experiencia con los direcciones conciliadoras de todo tipo.

Lo demás, son cosas de los que quieren ser “asociaciones de propaganda” y no se han dado cuenta.







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